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Me parece el igual de un dios, el hombre

que frente a ti se sienta, y tan de cerca

te escucha absorto hablarle con dulzura

y reirte con amor.

Eso, no miento, no, me sobresalta

dentro del pecho el corazón; pues cuando

te miro un solo instante, ya no puedo

decir ni una sola palabra,

la lengua se me hiela, y un sutil

fuego no tarda en recorrer mi piel,

mis ojos no ven nada, y el oído

me zumba, y un sudor

frío me cubre, y un temblor me agita

todo el cuerpo, y estoy, más que la hierba,

pálida, y siento que me falta poco

para quedarme muerta.

Mayo 28th, 2008 at 18:02