Lo recuerdo perfectamente. El viento movía mi cabello y la luna jugaba al escondite conmigo. Escuché un lejano ruido, al que no dí casi ninguna importancia. Nada me podría prevenir de lo que en esos momentos ocurría a tan sólo unos metros de donde me hallaba.
Se que resulta raro creer lo que me dispongo a contar, pero al fin y al cabo os aseguro que pasó, podéis fiaros de mi palabra, ahora sagrada por supuesto.
Sigamos con el meoyo de todo esto.
Andaba desprotegida, con el alma desgarrada, lo que me había pasado jamás lo podré superar, lloraba por dentro, quería en el fondo escapar de allí. Una sombra lejana se acercaba muy lentamente y yo algo asustada me hice a un lado del camino. Según se acercó a mi pude comprobar que era un perro, gigante a decir verdad. Nunca había visto nada igual y sin quererlo mi cuerpo tembló. El perro se acercó a olerme, yo lo intenté evitar pero fue demasiado tarde y un aullido dejó escapar haciendo ver por primera vez en la noche, una oculta luna.
Se acercó a un más a mí, ahora gruñía y si apenas darme cuenta, de un salto me tiró al suelo.
Dios sabe las veces que maldije mientras me reventaba la cabeza de dolor. Pero ahí no acabó todo, mordiéndome la pierna, hasta llegar al hueso el perro tiró de mí hasta el oscuro bosque que se cernía sobre el camino. El bosque al que todos temíamos, al que los valientes se adentraban en busca de ganar una apuesta… Jamás lo había pisado.
Intenté engancharme en la firme tierra con mis uñas de porcelana, lo único que logré fue arrancarme las cuatro de la mano izquierda. Ahora lloraba de dolor. El perro gigante me estampó contra un árbol, por fin me había soltado la pierna, y con los ojos envueltos en lágrimas me dispuse a huir.
No me dió tiempo ya que, una trampilla se abrió a mis pies, haciéndome caer por un largo y escurridizo tobogán. Me desplomé en el suelo, donde mi cadera se hizo polvo. Oí algo que no pude ver por la falta de luz de aquella sala, unos cuchicheos agudos, y al parecer felices con mi situación, algo me rozó la ensangrentada mano, me hacía cosquillar hasta que empezó a absorverme los dedos.
Una luz se encendió y pude ver que eran animalillos pequeños y peludos, parecidos a osos hormigueros, cuatro exactamente, cuatro trompas que absorvían mi sangre al igual que sanguijuelas.
Una voz infantil masculina dijo algo que no pude entender pero en el momento aquellos seres me soltaron, y por la esquina contraria donde me hallaba un enano cruzó la pared, seguido de algo parecido a un enjambre de hadas.
-Los Knox ya se han divertido bastante contigo, ahora nos toca a nosotros.- Dijo con ese tono infantilón que emanaba de sus cuerdas vocales.
Se acercaron primero las hadas, con unas diminutas lanzas que clavaron por todo mi dolorido cuerpo, disfrutando de mi sufrimiento.
-¡Basta!- Intenté decir, pero lo único que articulé fue un gruñido reseco.
Me iba a desmayar de un momento a otro y de repente las hadas pararon, dando lugar a que el enano se me acercara. Sacó de la nada un cuchillo rudimentario, seguramente fabricado por ellos y sin darme tiempo a decir nada me lo clavó en cinco partes de mi cuerpo: La garganta, los dos lados de las costillas y en ambos riñones, produciendo como más tarde sabría un pentáculo.
Creo que en ese mismo instante morí. Sé que estuve bastante tiempo dormida, y también sé que al despertar ví lo más hermoso que había visto en mi vida, un mundo de cristal, bañado por una intensa luz plateada, donde todo parecía que estaba en su perfecta medida y donde yo supe al instante que sería feliz, aunque el pentáculo, ya bien definido puesto que el enano lo había trazado en mi torso, me acompañara el resto de mi no vida.
Shadow_Of_Reality