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12 Junio 2008

CAPÍTULO UNO (II)

-¡Zorra! ¡Me has traicionado! ¡Con todo lo que yo he hecho por tí!- gritó Lázaro quien, poseído por el deespecho, se fue llorando y, al salir del portal se chocó de bruces con una señora que entraba.

¡BANG! ¡FLECHAZO! La señora resultó ser Doña Basil, la madre de Basil. Garban y el señor del maletín , que en realidad era el representante de la editorial McMillán de la Cogolla en España, se marcharon descaradamente.

Doña Basil subió al piso de su hijo, Basil, con su nueva adquisición, Lázaro de Suances. Doña Basil llamó a la puerta.

-¿Quién es?- preguntó Basil asustado.

-¡TU MADRE!- respondió sarcásticamente Doña Basil.

-Mamá, ya voy- contestó Basil abriendo la puerta e instándola a pasar al loft.

-Hijo, te veo cansado. ¿Te pasa algo?

-Es que ha venido la policía porque han robado todas las muestras de pintalabios menos una aquí abajo, en el Champion.

-Ya lo oí en el transistor esta mañana…- estaba diciendo doña Basil cuando, de repente, oyeron un estrepitoso grito en la calle.

¿Qué pasa? ¿Qué pasa?- dijo Doña Basil toda asustada.

-Se ha muerto, se ha muerto- oían decir a los transeúintes que en ese momento circulaban por la calle.

Doña Basil y su hijo bajaron asustados a la calle y, en ésta, se encontraron a Garbang y a Wattemberg que acababan de salir del portal, y a una chica incosciente tendida en el suelo.

-¡Rápido, hay que llevarla al hospital!- dijo Wattemberg cogiendo a la chica que se había desmayado en sus brazos, con sus manos en las prominentes posaderas de la muchacha sin que Garbang se percatara.

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Al llegar al hospital, Urgencias, para variar, estaba colapsado, pero Wattemberg era muy amigo doctor que trabajaba en ese hospital, el docotr Gerard, alias Gerardinho. Al verle, Watemberg le llamó con apremio:

-¡gerard, amigo, atiende a esta muchahca que está muy grave, creo que le ha dado un infarto al corazón, pero no estoy seguro!

Tras ser chequeada por el doctor Gerard, subieron a la chica, que se llamaba Maringa según los datos facilitados por el Registro Civil, a planta. Wattemberg y Garbang se quedaron para cudar de Maringa.

-Dadla una pastilla de estas cada ocho horas y veréis como en dos días se recupera- dijo el doctor Gerard- de todos modos, se lo diré a la enfermera encargada del cuidado de Maringa.

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A los dos días, Wattemberg y Garbang vieron que Maringa no mejoraba y se empezaba a poner morada y a hincharse. A la periódica visita del doctor Gerard, éste se extrañó de ver a la chica así y, al mirar el nombre de las pastillas que la había recetado, gritó:

-¡LA MADRE QUE ME TRAJO!- Gerard se había equivocado de pastillas: le había dado unas hormonas para el cambio de sexo. A las pocas horas, Maringa entró en un coma profundo.