Archive for Julio, 2008

François Mauriac por Francisco Arias Solis

Jueves, Julio 31st, 2008

  FRANÇOIS MAURIAC (1885-1970) “Los franceses no saben aún que el mismo espíritu que triunfa en Austria ha triunfado ya en España (…). El pavoroso sincronismo de la entrada de Hitler en Viena y de la victoria de los aviadores italo-alemanes en la frontera catalana, no les ha abierto los ojos.”François Mauriac. Marzo, 1938.   LA VOZ DE UN DESTACADO ESCRITOR CATOLICO  Los personajes de las novelas (generalmente mujeres) de François Mauriac, uno de los más importantes escritores católicos del siglo XX,  se debaten entre sus deseos de pureza y sus pasiones. Junto con Bernanos denunció los horrores cometidos por las derechas españolas durante la guerra civil y los perpetrados por la ocupación alemana en Francia. Junto con Maritain, Merleau-Ponty, Marcel y otros intelectuales franceses  firmó un llamamiento del Comité por la Paz Civil y Religiosa en España, en el que alzan su voz contra “los bombardeos aéreos masivos sobre centros de población civil “ y censuran que “Barcelona acaba de ser víctima del más violento bombardeo que se ha llevado a cabo desde que existe el arma aérea”.  La fama de Mauriac es universal. Católico practicante, manifiesta siempre un activo interés por lo religioso, a la vez, y como un dramático contraste, hallamos en sus novelas una constante y  a veces voluptuosa insistencia sobre el tema sexual, estudiando la vida íntima de las familias provincianas con sus conflictos entre el egoísmo del individuo y la debida entrega al grupo familiar, la lucha entre las pasiones y el superficial miedo a los prejuicios sociales frente a las limpias y profundas exigencias de la fe.  François Mauriac nació en Burdeos el 11 de octubre de 1885 y falleció en París el 1 de septiembre de 1970. Su infancia quedó marcada por la influencia de su madre viuda y muy piadosa. Hizo el bachillerato con los marianistas en Cauderan y posteriormente estudió Filosofía y Letras en París. Se dedica al periodismo político. En la I Guerra Mundial participó como conductor de ambulancias  y en la II Guerra Mundial como militante de la Resistencia Francesa. Editó las revistas Les Lettres Francaises y Le Cahier Noir. En 1933 fue elegido miembro de la Academia Francesa y en 1952 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura. En 1958 fue condecorado con la Gran Cruz de la Legión de Honor.  Debutó en 1909 con el poemario Las manos juntas, al que siguió una intensa producción novelística: El niño cargado de cadenas (1913), La toga pretexta (1914), El beso al leproso (1922), Nido de víboras (1925), de amargo pesimismo, Teresa Desqueyroux (1927), Los ángeles negros (1936), El cordero (1954) y Un adolescente de antaño (1969), ambientadas la mayoría de ellas en la zona de Burdeos y cuyo tema principal es el enfrentamiento entre las pasiones y la fe desde una atormentada perspectiva católica Escribió también un Diario (1934-1940), en el que deja claro su desencanto con la guerra civil española, ensayos críticos (El novelista y sus personajes, 1953), biografías (La vida de Jesús, 1936; De Gaulle, 1964),  dos libros de Memorias interiores (1965) y su valiosa colección de artículos sobre política. Y como dijo el escritor católico: “Un viejo sólo existe por lo que posee. Desde el momento que no posee nada, se le arrumba con la basura. A esta edad avanzada sólo se puede escoger entre el asilo y la fortuna”.   Francisco Arias Solis
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Paz, queramos paz.
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Georges Bernanos por Francisco Arias Solis

Miércoles, Julio 30th, 2008

  GEORGES BERNANOS  (1888-1948) “Las democracias no pueden prescindir de la hipocresía, de la misma manera que una dictadura no puede prescindir del cinismo.”Georges Bernanos.   LA VOZ DE UN CATOLICO EXALTADO  En toda la producción del ensayista y novelista francés de inspiración religiosa Georges Bernanos están presentes los conflictos espirituales y la búsqueda de la santidad, que él presenta ahondando la psicología de los personajes en los que el bien y el mal, así como la fe y la desesperación, se enfrentan entre sí. Bernanos exalta por encima de todo el honor cristiano contra lo que pueda envilecer o manchar al hombre. Sus primeras obras no fueron muy conocidas, pero alcanzó el éxito a una edad tardía, tras la primera guerra mundial.  George Bernanos nació en París el 20 de febrero de 1888 y falleció en Neuilly-sur-Seine el 5 de julio de 1948. Estudió en la Universidad y en el Instituto Católico de París. Licenciado en Derecho y Letras. Discípulo de León Daudet, fue como él católico exaltado y monárquico. Brigadier en la I Guerra Mundial. Afiliado a la Acción Francesa, rompe públicamente con ella en 1932. La rebelión militar del general Franco le sorprende en  Mallorca, Bernanos que confesó que esturo al lado de los rebeldes, horrorizado  por las atrocidades cometidas por las derechas españolas,  arremete contra ellas: “¡Vosotros injuriáis a Cristo, llamándoos cristianos! ¡Y sois enemigos de la Iglesia, a ir unidos a Hitler!”. A su estancia en España durante la guerra civil, responde su obra Los grandes cementerios bajo la luna (1938). Desde 1938 a 1945, Bernanos vivió  en Brasil, donde se había exiliado.  Tanto en el aspecto político como en el religioso, que son las dos constantes de su novelística, combate la mediocridad y exalta la heroicidad de lo cotidiano. En 1926 publicó su primera gran novela Bajo el sol de Satán, obra de un misticismo trágico que le reveló como escritor. Otras obras: La impostura (1927), La alegría (1929), El júbilo (1929), su obra maestra Diario de un cura rural (1936), que fue premiada por la Academia francesa y que está inspirada en la vida del santo cura de Ars, Nueva historia de Mouchette (1937), Escándalo de la verdad (1939) y Carta a los ingleses (1943). Después de su muerte se han publicado: El vía crucis de las almas (1948), Diálogos de carmelitas (1949), inspirada en Gertrude von le Fort, adaptada al teatro en 1952 y al cine en 1960, Diálogo de sombras (1955) y Francés, si tú supieras (1961).  Y como dijo el escritor católico francés: “Las cosas pequeñas parecen que no son nada, pero dan la paz”.  

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Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.

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Lyly por Francisco Arias Solis

Sábado, Julio 26th, 2008

JOHN LYLY(h.1554-1606) “Los jóvenes piensan que los viejos son tontos. Los viejos saben que los jóvenes lo son.”John LyLy.  LA VOZ DEL EUFUISMO  De los escritores en prosa que florecieron en la época de la reina Isabel, hay que citar  a John Lyly, el famoso autor de Euphues o la anatomía del ingenio a la que siguió Euphues y su Inglaterra, que hicieron de aquél una de las más destacadas personalidades de la época. Se trata de una especie de novelas de viajes en que el héroe es un joven ateniense llamado Euphues. El estilo de esas  narraciones  es lo que le hizo famosas por su extremado acicalamiento, por un amaneramiento especial, remilgado y laberíntico, un preciosismo que acabó por ser imitado y ponerse de moda. En la corte, sobre todo, pareció signo de distinción tal estilo. Lyly es el creador del estilo preciosista inglés denominado eufuismo, de gran influencia en la prosa barroca de la época. El eufuismo era una orgía de metáforas, de antítesis, de alusiones, con marcada propensión, además, al equívoco, a los juegos de palabras, se encuentran algunos ejemplos de ello en las primeras comedias de Shakespeare. El eufuismo reinó en Inglaterra por largos años y tuvo una parecida significación a la que por esa época predominaron en otras literaturas europeas, como el marinismo y secentismo que hicieron estragos en Italia, el cultismo o culteranismo que se extendió por España, y el preciosismo que triunfó en Francia, particularmente en la  poesía de salón. Por distintos que sean algunos de sus rasgos característicos, el eufuismo, el marinismo, el gongorismo o culteranismo y el preciosismo son aspectos diversos de una misma enfermedad del gusto que hizo estragos en la literatura europea, sobre todo al principio del siglo XVII.  John Lyly nació en Weald of Kent hacia el año 1554  y falleció en Londres en 1606. Estudió en Oxford y Cambridge y posteriormente alcanzó gran celebridad con su novela en prosa poética Euphues o la anatomía del ingenio (1579), donde realiza una dura crítica de la sociedad londinense. En 1580 publicó una continuación, Euphues y su Inglaterra, donde exalta a la reina Isabel y las virtudes nacionales.  Lyly hizo representar entre 1584 y 1600 ocho obras, cuando menos, heroicas y mitológicas, cuyo lenguaje sentencioso y pretencioso está atiborrado de comparaciones y de antítesis; no era Lyly un verdadero autor dramático, pero los trozos líricos de sus obras no dejan de tener encanto.  Lyly escribió comedias  de tema clásico y mitológico – Alejandro y Campaspe (1584), Safo y Faón (1584), Endimión (1591), Midas (1592), La mujer en la luna (1597)  y La metamorfosis del amor (1601)-, en algunas de las cuales ofrece las primeras muestras de la comedia romántica.  

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  Si quieres la paz, prepárate a vivir en paz con todos los hombres.  

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Mateo Boyardo por Francisco Arias Solis

Miércoles, Julio 23rd, 2008

  MATEO BOYARDO (1441-1494)  “… y en verdad que estoy por condenarlos no más que a destierro perpetuo, siquiera porque tienen parte de la invención del famoso Mateo Boyardo, de donde también tejió su tela el cristiano poeta Ludovico Ariosto; al cual, si aquí le hallo, y  que habla en otra lengua que la suya, no le guardaré respeto alguno; pero si habla en su idioma, le pondré sobre mi cabeza”. Miguel de Cervantes.  LA VOZ DEL ARMONIOSO POETA LIRICO  Entre 1495 y 1499 aparecieron los tres primeros libros del poema, Orlando enamorado, de Mateo Boyardo. Por primera vez, dicen los críticos, se efectúa la fusión entre el ciclo carolingio y el de Artús, entrando en la poesía fabulosa italiana un nuevo elemento: el amor, que hace presa en el terrible Orlando o Roland. El autor mira con simpatía el mundo caballeresco, aunque no cree de todo en él. De ahí, a ratos, su sonrisa escéptica pero no irrespetuosa. Es una de tantas ventajas que le lleva a Pulci (su Morgante, especie de escudero pedestre del caballero Rolando), y que le hace a él, a su vez, simpático y respetable. Hasta le menciona el cura cuando hace el escrutinio en  la biblioteca de don Quijote.  Aquel Roland de la célebre Chanson francesa se nos presenta enamorado, como un nuevo Lanzarote, o un Tristán, de la hermosa princesa sarracena Angélica, maga e hija del rey del Catay; pero tan enamorados como él de la princesa están otros, entre ellos un caballero de la corte de Carlomagno, Rinaldo. Así cuando, más adelante, huye ella de París, donde se halla con su hermano, la siguen Roland y Rinaldo. Para calmar la sed bebe la fugitiva en una fuente, que resulta ser la fuente del amor, y se enamora de Rinaldo; pero éste bebe también el agua de otra fuente, y como que es la fuerza del odio, comienza a sentir aversión por la maga que le ama, y así regresa a París, dejando el campo libre a su rival. A partir de aquí, donde ya se revela la influencia del ciclo bretón, la acción se complica extraordinariamente. Por lo demás, el poema quedó sin acabar y sin la necesaria lima en 1494, cuando invasión francesa para la conquista del reino de Nápoles. Es una pintura completa de las galantería caballeresca, y los tipos femeninos juegan en la obra un buen papel, “de una decencia y comedimiento poco frecuentes en aquel siglo”,  según se ha hecho notar. Boyardo creó tipos llenos de vida, y que aprovechó después Ariosto, inmortalizándolos; pero relegando a segundo término, con su genio, a Boyardo, duro en el lenguaje e inferior en la forma. Así y todo no se ha olvidado, principalmente en Italia, en Francia y en España, que este último fue el creador de Rodomonte, de Agramante, de Sacripante, de Gradasso, etc., algunos de cuyos nombres han pasado al léxico popular, pero atribuyendo la invención indebidamente, a Ariosto que los usurpó.  Mateo María Boyardo, conde de Scandiano, nació en Scandiano, en 1441 y falleció en su ciudad natal en 1494. Perteneciente a una rica y noble familia, se trasladó con ella a Ferrara, donde entró al servicio de la casa de Este y desempeñó altas funciones civiles y militares. Gentilhombre cultísimo, poeta lírico delicado y armonioso, en lengua vulgar y en latín, traductor de Herodoto y de Luciano, pero que, a pesar de todo y bien injustamente, no es recordado hoy más que como el autor del  poema Orlando enamorado. Sin embargo, compuso en latín varias églogas alegóricas y es también autor de un famoso Canzoniere, dividido en tres libros,  de corte petrarquista, en los  que se experimenta gradualmente el paso del gozo a los celos, terminando con una renuncia a los bienes mundanos, y que revela a uno de los mejores líricos del Quattrocento.  

Francisco Arias Solis
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No se puede ser libre más que entre libres.

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Boris Vian por Francisco Arias Solis

Viernes, Julio 18th, 2008

 BORIS VIAN (1920-1959) “Tengo entre mis dedoslas órdenes que me obligana partir pronto a la guerrael miércoles por la noche. Señor Presidentele digo que me niego a hacerlono tengo razones ni me tientamatar ningún enemigo.”Boris Vian.  LA VOZ DEL DESENCANTO   La vida y la obra del escritor Boris Vian,  ingeniero, trompetista, crítico de jazz, actor de cine, cantante, director de una casa de discos, inventor, coleccionista, experto en ciencia ficción, aparte de poeta, novelista y autor teatral, reflejan los años bohemios de la posguerra parisina.  Amigo de Jean Paul Sartre y de Simone de Beauvoir, con quienes rompe para acercarse al Colegio de Patafísica –ciencia de las soluciones imaginarias-. Comenzó escribiendo cuentos en Les Temps Modernes y publicó sus criticas de jazz en el periódico Combat, dirigido por Albert Camus. Es autor de El Desertor, la canción contra la guerra y antimilitarista más célebre de todos los tiempos, en la que se instiga  a no cumplir con el servicio militar. Originó a sus editores no pocos problemas con la administración pública al ser acusada alguna obra suya de ultraje a la moral.  Boris Vian nació en Ville-d’Avray, Seine-et-Oise, el  10 de marzo de 1920 y falleció en París el 23 de junio de 1959. Tuvo problemas de salud, desde su niñez, primeramente sufrió un ataque de reumatismo cardíaco y posteriormente fiebre  tifoidea. Inició los estudios en su propia casa y más tarde estudió en el Liceo de Hoche de Versalles y en el Liceo de Condorcet de París.  En 1942 obtuvo el título de ingeniero metalúrgico por la Escuela de Artes y Manufacturas. Trabajó en la Asociación Francesa de Normalización (AFNOR). Por esas fechas se hicieron también famosas   sus “surprise-parties”, fiestas delirantes donde lo absurdo y lo grotesco siempre estaban presentes.  En 1941 se casó con Michelle Lèglise, quien le engañó con su amigo Sarte, y de la que se divorció en 1952, para casarse dos años más tarde con la actriz y bailarina Ursula Kubler. Boris Vian murió de un infarto en un cine de París cuando asistía de incógnito al preestreno de una adaptación  cinematográfica de su novela Escupiré sobre vuestras tumbas. Algo olvidado poco después de su muerte en los años setenta resurgió el interés por la vasta producción de Boris Vian. Tremendamente mordaz, expresó el desencanto de entreguerras que indefectiblemente, desembocó en el existencialimo (fue, con Sartre, uno de los símbolos del Saint-Germain posterior a 1945). Como nota esencial destaca el cultivo de la novela negra, pero también su parodia.  Entre sus novelas destacan los siguientes títulos: Escupiré sobre vuestras tumbas (1946), publicada como la traducción de una novela negra estadounidense y que produjo un gran escándalo por su calculado componente pornográfico, y en la misma línea, Todos los muertos tienen la misma piel (1947), Ellas no se dan cuenta (1948) y Que se mueran los feos (1948), atribuidas a un inexistente Vernon Sullivan; firmadas por Vian, se publicaron las surrealistas La espuma de los días (1947), El otoño de Pekín (1947), La hierba roja (1950) y El arrancacorazones (1953). Póstumamente se editó la colección de cuentos Los perros, el deseo y la muerte (1974), se estrenó su drama con reminiscencias de Eugène Ionesco y Alfred Jarry Los forjadores del imperio (1961) y aparecieron las piezas La merienda de los generales y El último de los oficios (1964). También póstumos son el poemario No  quisiera morir (1962) y diversos textos sobre jazz, como Historia del verdadero jazz (1961) y Escritos sobre jazz (1984).  Y como dijo el escritor francés: “Y quede claro señor / que esto no es ninguna ofensa / la decisión ya está tomada: / yo quiero ser desertor”.  Francisco Arias Solis
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Te matan y despuéspiden perdón al cadáver.
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Ariosto por Arias Solis Francisco

Miércoles, Julio 16th, 2008

LUDOVICO ARIOSTO (1474-1533) “Nadie puede ser perfecto en bondad  si no tiene a su lado una mujer.”Ludovico Ariosto.  LA VOZ DEL  MAYOR POETA EPICO DE ITALIA  Ariosto comenzó su obra maestra, el poema épico Orlando furioso, diciendo: “Le donne, i cavalier, l’arme, gli, amori, / Le cortesie, l’audaci imprese io canto…” Con esto dio idea bastante clara de lo que iba a ser su obra, viniendo aquella completada por la afirmación de que diría de Orlando cosas nunca dichas en prosa o en verso, entre ellas que “enloqueció de amor, un hombre como él, tenido siempre por tan cuerdo”. Basta seguir leyendo el primer canto para comprender pronto, por los hechos y por el estilo malicioso, que se trata de un poema heroico de carácter burlesco. Este poema que comenzó en 1506 y publicó en 1516; la corrección definitiva no se concluyó hasta 1532. El poema, formado por cuarenta y seis cantos compuestos en ágiles octavas, no es una obra independiente: se presenta como continuación de Orlando enamorado de Mateo Boyardo, con la misma forma externa e idénticos personajes dotados de los mismos caracteres y está considerado una de las obras maestras del Renacimiento. Narra el amor del paladín Orlando por la  pagana Angélica, en el marco de las guerras entre Carlomagno y los musulmanes. Orlando  pierde la razón al enterarse de que Angélica quiere a Medoro, joven pagano a quien ha cuidado; pero recobra la razón, que Astolfo le trae de la Luna (el fragmento del viaje a la luna es inolvidable). En este tema se injerta la historia de Rogerio y Bradamanta; además, otras veinte novelas, episodios, cuentos, sabiamente entretejidos en el curso de este amplio poema (cuenta más de treinta y ocho mil versos). Todo se vuelve paladines que llevan a cabo proezas sobrehumanas, nigromantes, castillos encantados, hipogrifos, continuos viajes por tierra, por mar y por los aires, de Francia al África y al Asia: es una verdadera comedia de magia.  Orlando furioso, célebre desde el punto en que apareció, ha hecho populares a Bradamanta, virgen guerrera imitada en la Camila de Virgilio, a la maga Alcina, la discordia de Agramante, a los guerreros paganos Rodomonte y Sacripante. Una imaginación inagotable, un notable poder de inventiva, un raro talento de narrador, ingenio, un estilo exquisito, animan y sostienen esta maraña de historias inverosímiles de proezas y de amor. Orlando furioso, considerado uno de los mejores poemas épicos de todos los tiempos, sigue siendo una de las obras del  Renacimiento que mejor han conservado su encanto a través de los siglos. Su éxito hizo nacer en Italia diversas parodias, y en España imitaciones que desarrollaban tal o cual episodio del famoso poema.  Ludovico Ariosto nació en Regio Emilia el 8 de septiembre de 1474 y falleció en Ferrara el 6 de julio de 1533. Miembro de una familia aristocrática, estuvo al servicio del duque Alfonso de Este, por influjo del cual ejerció durante tres años el gobierno de la Garfagnana. En 1530 contrajo matrimonio con Alexandra Benucci. Hombre de mundo y refinado, con él alcanzó el renacimiento italiano su punto más alto,  y está considerado como el mayor poeta épico de Italia.  Ariosto no se distinguió únicamente por su gran poema Orlando furioso, sino que es autor de una colección de elegías, cinco comedias (La Cassaria, 1508;  El nigromante, 1520), poemas en latín ( Carmina 1494-1503), las Rimas (1494-1516), que comprenden varios madrigales, canciones y sonetos, y siete Sátiras (1517-1525), que constituyen un magnífico documento autobiográfico y social, en las que se pintó admirablemente a sí mismo como hombre amante de la medianía horaciana, al propio tiempo que nos proporcionaban una buen cuadro de su época. Y como dijo el poeta italiano: “Se desea más lo que nos está más vedado”.  

Francisco Arias Solis
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Si quieres la paz, trabaja por la justicia.

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Jean Racine por Francisco Arias Solis

Viernes, Julio 11th, 2008

  JEAN RACINE (1639-1699) 

                                                                       

“En la tragedia solo conmueve lo verosímil”.

Jean Racine.

 LA VOZ DEL ESPIRITU CLASICO 

Veintiocho años tenía Racine cuando obtuvo un triunfo decisivo con la representación de Andrómaca, que pareció una revelación por lo patético de la obra, el modo de pintar las pasiones, y la elegancia del estilo. Estas cualidades serán ya las que le distinguirían en la que se consideran como sus tres obras maestras. Atalía, Fedra y Británico. Atalía es de asunto sagrado, está tomada de la Biblia, y a pesar de ese origen no mereció más que respeto a Voltaire, quien la calificó de maravilla, como también lo era para Boileau. Para Schlegel, no es sólo la obra más perfecta de Racine, sino que, de todas las tragedias francesas, es la que “libre de amaneramientos, más se acerca al gran estilo de la tragedia griega”. Fedra está tomada de Eurípides, pero en tal forma que el asunto queda renovado y el papel de Fedra concentra en él toda la atención, como para que, al representarlo, puedan desarrollar sus más altas facultades las mejores actrices. En Británico, quien la facilita a Racine los materiales es Tácito, el  pintor de Nerón, y el severo cuadro histórico que el autor francés nos ofrece es fiel y vigoroso.

 

Racine tenía la costumbre, que tanto se ha censurado después a un poeta español, Quintana, de escribir primero sus obras en prosa, para verlas así desnudas, sin adornos, y no sentirse, a veces, dominado y desviado por el consonante. “La tengo ya hecha: no me falta más que ponerla en verso”, parece que solía decir. Y, sin embargo por esos versos, que por fuerza habían de resultar más o menos fríos, artificiosos, es por lo que muchos le han puesto en las nubes, aun como poeta lírico, y le han comparado con el mismo Virgilio, para algunos es el primer lírico de Francia, además de ser el más perfecto de sus trágicos. Los tiempos cambian y hoy quizá no obtendría tantos elogios de las independientes generaciones nuevas.

 

Nadie ha pintado mejor que él los sentimientos: el amor, sobre todo, con todos sus matices, ternura ingenua, pasión imperiosa, deseo perverso, delirio fatal, con sus celos, arrebatos, sus inquietudes, sus melancolías, sus sacrificios, sus amarguras y sus crímenes. Ha sido Racine el primero que en todas las literaturas haya concedido tanta importancia al amor y que haya hecho ver con tal plenitud y acierto su poderío y estragos.

 

Lo mejor que creó fueron los caracteres de mujer: en eso todos están conformes. La acción solía ser en sus obras sencilla y era consecuencia de aquellos mismos caracteres, con lo cual se acercaba a lo que ocurre en la vida. A pesar de todo su estudio, sus personajes antiguos resultan hoy cortesanos franceses de su tiempo: inverosímiles por tanto. Por eso cabe decir que, así como Molière, con todo y ser su fondo tan profundamente galo, escribió para la humanidad, Racine escribió para ser un gran clásico francés.

  

Jean Racine nace en La Ferté –Milon, Aisne,   el 21 de diciembre de 1639 y muere en París el 21 de abril de 1699. Huérfano desde temprana edad, estudió humanidades en Beauvais y luego se trasladó a Port-Royal, donde asimiló las doctrinas jansenistas y adquirió un profundo conocimiento de la cultura griega; en 1661 se marchó a Uzès, donde cursó la carrera de teología y ocupó un cargo eclesiástico. Obtuvo la protección de Luis XIV, quien le recompensó económicamente por su oda La ninfa del Sena (1660). Habiendo renunciado a su idea de consagrarse al sacerdocio, se estableció en París, donde conoció a La Fontaine, Boileau y Molière, cuya amistad pronto se vería interrumpida por las serias desavenencias surgidas entre ambos autores.

 

Racine se inició en la escritura teatral con las tragedias La Tebaida (1664), escenificada, sin demasiado éxito, por la compañía Molière y centrada en la lucha por obtener el trono de Tebas, y Alejandro el Grande (1665), que fue acogida por el público con mucho más entusiasmo. Tras haber roto en 1665 con el círculo de jansenistas de Port-Royal, una honda crisis moral lo llevó en 1677 a reconciliarse con estos, de cuyo pesimismo fundamental nunca se había librado. Las piezas de Racine, lineales y con pocos personajes, se centran en el momento de la explosión de una situación pasional, adaptándose perfectamente a las reglas de la tragedia clásica, cuyo componente fatídico halla en él cierta consonancia con el determinismo jansenista, y poseen una extraordinaria fuerza lírica que ofrece con elevada dignidad la tormenta interior de los protagonistas. Esa simultánea capacidad de exposición de la brutalidad de las pasiones como resorte dramático de la acción y contención elegante y exquisita le convierten en uno de los más importantes trágicos modernos, entre los que también se cuenta a Corneille, con quien se enfrentó en dura competencia a lo largo de su producción. En 1673 sería nombrado miembro de la Academia francesa y más tarde historiógrafo real, pasando los últimos años de su vida alejado del teatro. Fue enterrado en el monasterio de Port-Royal.

 

Entre las obras de Racine destacan: Andrómaca (1667), que obtuvo un espectacular éxito, Los litigantes (1668), su única comedia, respuesta a los partidarios de Molière, Británico (1669), escrita expresamente para desbancar a Corneille, que era el más famoso autor teatral del momento, Berenice (1670), en la que retoma  el asunto del Tito y Berenice de Corneille, Bayaceto (1672), cuyo argumento, de implicaciones claramente políticas, gira en torno al triángulo amoroso formado por Bayaceto, Roxana y Atálida, Mitrídates (1673), Ifigenia (1674), que, centrada en la compleja figura de Agamenón, se inspira en una de las tragedias de Eurípides, Fedra (1677), su obra cumbre y, sin duda, la pieza más característica de su estilo dramático, Esther (1689) y Atalía (1691), ambas de temas bíblico. Escribió también una Historia de Port-Royal que no se publicó hasta 1767. Si bien su teatro no aportó fórmulas nuevas, es la más perfecta expresión del espíritu clásico. Y como dijo  el dramaturgo francés: “A menudo es fatal vivir demasiado tiempo”.

 

Francisco Arias Solis
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  Paz y libertad. 

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Gracias.

Rabelais por Francisco Arias Solis

Martes, Julio 1st, 2008
 
FRANÇOIS RABELAIS

(h.1494-1553) “El valor del hombre equivale a su autoestima.”Françoise Rabelais.  

                                                           
LA VOZ DE UN ESCRITOR DE PRIMERA FILA

 Rabelais fue un erudito apasionado por el griego que dio muestra de un conocimiento enciclopédico, un talante jovial desmesurado y abierto al gozo de la vida y un estilo de exuberancia verbal sin retórica ni preocupaciones estéticas, entusiasta, fantástico y pleno de un naturalismo jovial que convierte a Gargantúa y Pantagruel  en una de las obras más geniales de la literatura de todos los tiempos. Particular interés tienen sus ideas acerca de la reforma de la educación, que debía según él, estar basada en el conocimiento de la cultura griega, latina, musulmana y hebrea, en la naturaleza, en la ciencia, en la tolerancia y en la alegría de vivir.  

Se cree que Francisco Rabelais nació en La Divinière en 1494, en la finca de su padre, abogado en Chinon,  y que murió en París, el 9 d e abril de 1553, sin que acerca de lo primero, y aun de lo segundo, exista completa seguridad y, por lo tanto, unanimidad de pareceres. Siendo fraile franciscano, estudió literatura clásica y francesa, ciencias e idiomas, entre ellos el griego, cuyo aprendizaje prohibió en 1523 la Sorbona por temor a la extensión del eramismo. Buscando un clima más tolerante, consiguió pasar en 1524  a la orden benedictina, recorriendo diversas ciudades,  tales como,  Burdeos, Tolosa, Orleans, París. En 1525 se secularizó y continuó los viajes. En 1530 estudió medicina en Montpellier y posteriormente la ejerció en Lyon. Allí publicó con el seudónimo de “Alcofibras Nasier”, anagrama de su nombre, Los horribles y espantosos hechos y proezas del muy renombrado Pantagruel, rey de los dipsodas, hijo del gran gigante Gargantúa (1532). Alcanzó gran fama como médico. Ello le valió la protección del cardenal Du Bellay, que lo llevó consigo a Roma en sucesiva ocasiones desde 1534. El éxito que alcanzó con su anterior obra le animó a escribir, La inestimable vida del gran Gargantúa, padre de  Pantagruel (1534). Censurada sus obras por la facultad de filosofía de la Sorbona, Rabelais tuvo que apoyarse en diversos protectores, abandonando ocasionalmente Francia, por Roma, Piamonte o Metz, donde continuó con la práctica de la medicina (se había doctorado en 1537), pero siguió publicando nuevos volúmenes de lo que, en conjunto, se conoce como Gargantúa y Pantagruel: Tercer libro de los hechos y dichos heroicos  del buen Pantagruel  (1546), un Cuarto libro… (1548-1552) y La isla sonante, publicada póstumamente e incluida en un Quinto libro… (1564) no atribuido al autor, que pasaría sus últimos días de párroco de Meudon. En estas narraciones de la vida y aventuras de tres generaciones de gigantes, realizó una aguda crítica de las debilidades humanas, incluyendo en ella a papas, emperadores, políticos, órdenes monásticas y la misma universidad de París.  En el primer libro aprovecha para criticar los métodos de educación y la guerra. El libro termina con la descripción de Thélème, cuyo lema es “haz lo que quieras”, frase que resume la filosofía de Rabelais, cercana al concepto de disfrute de la vida, propio del Renacimiento. En los dos últimos libros desaparece la historia de los gigantes y destaca, por el contrario el personaje de Panurge, amigo de Pantagruel, cuya astucia recuerda a Patelín o al Roman de la Rose. Panurge recorre el mundo en busca del Oráculo de la Diosa Botella. Cuando la encuentra, ésta le  dice: “Bebed”, frase que se interpreta como el ansia de conocimiento propio del humanista. Entre su producción menos conocida destacan algunos libros de erudición, como la traducción de los Aforismos, de Hipócrates (1532), un Almanaque para 1533 y la Pronosticación pantagruelina (1534).

 

Es éste uno de los autores que no se juzgan fácil. Voltaire le llamó bufón genial, porque se puede ser genial y no tener el sentimiento del propio decoro, del cual precisamente suelen carecer los bufones, y con ello contribuyen a suscitar la risa. Algunos hacen del libro de Rabelais “su único libro”, el que hay que leer constantemente para sacarle todo el meollo que contiene.

 

Dejemos a ciertos eruditos que se hundan en “aquella enciclopedia de toda la ciencia, la locura, la audacia y la obscenidad de tales tiempos”  para limitarnos a decir que Rabelais se sirvió de esta última y de las más descabelladas ficciones para ir demostrando su saber, su erudición, para ir filtrando ideas de reforma religiosa y de todas las clases, al paso que llamaba la atención de todos, realizando el negocio de que sus libros se vendieron enormemente, mejor que los de ningún otro autor.

 

Prescindiendo de lo que digan ciertos admiradores excesivos: de aquella historia de gigantes tan descomunal  como ellos y llenas de alusiones satíricas a personajes de la época y digresiones filosóficas más o menos abstrusas; de aquel “très horrifique” y “grand” Gargantúa, padre del “heroico” y “buen” Pantagruel, en lo que todos están conformes es que lo que, principalmente, ha quedado, es el mismo Rabelais: un escritor de los de primera fila, aunque no un tan gran genio excepcional, uno de los creadores de la lengua francesa, sean los que fueren los defectos y buenas cualidades que tenga. Y como dijo el gran humanista francés: “Ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma”.

 

Francisco Arias Solis
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