Archive for Mayo, 2008

Yeats por Arias Solis Francisco

Sábado, Mayo 31st, 2008

WILIAM BUTLER YEATS
(1865-1939)

“El vino entra en la boca
Y el amor entra en los ojos.
Esto es todo lo que en verdad conocemos
Antes de envejecer y morir.
Así llevo el vaso a mi boca,
Y te miro, y suspiro.”
William Butler Yeats.

LA VOZ DEL REPRENTANTE DEL
RENACIMIENTO LITERARIO IRLANDÉS

Yeats es un poeta de verdad, excelente en más de un concepto, ha sido uno de los principales sostenedores que ha tenido el renacimiento céltico y uno de los fundadores del teatro irlandés. Su labor poética es escogida, cuidadosa, de alto mérito. Yeats, quiso desde sus comienzos literarios, en 1886, revelar Irlanda a sí misma, a Inglaterra y al mundo, por medio de adaptaciones de antiguas leyendas o con poemas nuevos, de inspiración irlandesa; sus últimas obras nos lo muestran convertido en un poeta simbolista y ocultista. Yeats ha sido el máximo representante del renacimiento literario irlandés y uno de los escritores más influyentes del siglo XX.

William Butler Yeats nació en Dublín el 13 de junio de 1865 y falleció en Roquebrune-Cap-Martin , Francia, el 28 de enero de 1939. Con dos años de edad, se trasladó con su familia a Londres, donde permaneció cinco años. Estudió arte en Dublín y Londres, donde se afilió a la Sociedad teosófica en 1887, pronto se decantó por la literatura y tomó contacto con los decadentistas que se agrupaban en torno a la revista Yellow Book y asimiló su simbolismo y su musicalidad. También se sintió atraído por la religión y la magia del Extremo Oriente, afición que conservó durante toda su vida. En una de sus visitas a Irlanda conoció a la bellísima patriota irlandesa Maud Gonne, a la que amó durante toda su vida. Yeats milita en el nacionalismo y escribe hermosos libros de poemas célticos y baladas. En 1892 fundó en Dublín la Sociedad Literaria Irlandesa. Cuatro años más tarde traba amistad con la dramaturga nacionalista lady Isabella Augusta Gregory, con cuya ayuda fundó el Teatro Nacional Irlandés (1901), que a partir de 1904 se instalaría en el Abbey Theater de Dublín. Gracias a la labor de Yeats como director y autor de obras dramáticas, dicho teatro se convirtió en uno de los más importantes del mundo. En 1922, Yeats fue elegido senador del Estado Libre de Irlanda y en 1923, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

Yeats publicó su primera colección de poemas Los vagabundos de Oisin, basada en temas célticos, en 1889. Su mejor aportación en esta época a la literatura de raíces nacionalistas la constituyen los dramas La condesa de Catleen (1892), El país de nuestros anhelos (1894), Deirdre (1907). Pero el periodo más fecundo de Yeats es el de su obra de madurez y vejez. Entre las primeras destacan los volúmenes de poesía El yelmo verde (1910), Responsabilidades (1914), Los cisnes silvestres de Coole (1919) y Michael Roberts y la bailarina (1921); en ellos se trasluce una profunda evolución de su lenguaje lírico que se hace personal, vigoroso, exacto y deslumbrante, y su gran capacidad visionaria, reflejo a su vez, de la búsqueda espiritual a que le animan los estudios herméticos y teosóficos. En cuanto a su obra dramática, al principio sigue los moldes tradicionales, con temas en verso sobre la leyenda y la historia de Irlanda, pero poco a poco se van desplazando hacia el teatro experimental con máscaras, coros y un fuerte elemento litúrgico. Obras experimentales de Yeats son: Dramas en prosa y en verso (1923) y El gato y la luna (1924). En 1925 escribió el tratado Una visión, donde expresaba la íntima relación entre la imaginación poética y la realidad universal. Con La torre (1928), La escalera de caracol (1933), La luna llena de marzo (1935) y Últimos poemas (1936-1939), donde aparece el celebrado Hacia Bizancio, alcanza el cenit su poesía. Publicó también traducciones de Sófocles (1928), una polémica antología titulada Oxford book o modern verse (1936) y su Autobiografía (1938), poco antes de morir. Y como dijo el poeta irlandés: “… antes nosotros yace la eternidad, / nuestras almas son amor y un continuo adiós”.

Francisco Arias Solis
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Apostemos con el corazón en la mano por la paz.

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Fénelon por Arias Solis Francisco

Viernes, Mayo 30th, 2008
 

  

FRANÇOIS FÉNELON

(1651-1715) “La guerra es un mal que deshonra al género humano.”Fénelon.  

 
LA VOZ DE UN PREDICADOR AUDAZ

 

El siglo XVII francés ofrece grandes figuras en la elocuencia sagrada, como las de Bossuet, Bourdaloue, Massillon y Fénelon.

 

Fenélon, el famoso autor de Las aventuras de Telémaco, obra de una inmensa popularidad que fue traducida a todas las lenguas y leída en francés por toda la buena sociedad de toda Europa, era un famoso predicador, pero sólo hemos conservado dos de sus sermones. Sus obras están como su persona, llenas de desenvuelta nobleza y de elegancia natural. Su inteligencia viva y variada percibe una multitud de ideas nuevas y audaces para su tiempo, siente certeramente la antigüedad helénica, toma ejemplos de las bellas artes, se interesa por la suerte del pueblo, anuncia el siglo XVIII.

 

François de Salignac de la Mothe, más conocido como François Fenélon, nació en el castillo de Fénelon, Perigord, el 6 de agosto de 1651 y falleció en Cambrai el 7 de enero de 1715. Perteneciente a una familia noble,  realizó  sus primeros estudios con un tutor privado en el propio castillo de Fénelon. A los doce años fue enviado a la Universidad de Cahors, donde estudia retórica y filosofía. Después pasó al colegio de Plessis, donde estudió teología, y desde allí, al  seminario de Saint-Sulpice, ordenándose sacerdote en 1675. Dirigió el Instituto de las “nuevas católicas”, institución para la educación de jóvenes protestantes convertidas al catolicismo. Fue partidario del quietismo místico propagado  por Madame de Guyon y mantuvo una gran disputa con J. Bossuet, a cuyo círculo había pertenecido. Fue preceptor del duque de Borgoña  (nieto de Luis XIV y padre de Luis XV), a quien dedicó varias de sus obras, entre ellas las Fábulas (1690). En 1693 fue admitido  por la Academia Francesa, y dos años después es nombrado arzobispo de Cambrai, en cuya sede acabó sus días, casi exiliado.

 

Entre sus obras destacan, además: Carta a Luis XIV  (1694), en la que crítica la política real, Tratado para la educación de las jóvenes (1687)  y la novela didáctica Las aventuras de Telémaco (1699), escrita para educar al duque de Borgoña, que es una suerte de enciclopedia de mitología y un manual de educación moral para el futuro soberano, obra que entra dentro de la modernidad por su idea de la tolerancia. Luis XIV la consideró una burla a su corte y decidió alejar a François Fenélon de su nieto desterrándole a Cambrai. Telémaco, en un largo viaje en busca de su padre, es acompañado por el sabio Mentor, que aprovecha cada circunstancia para sacar una lección práctica. Escribió también Explicación de las máximas de los santos (1697), condenada por la Iglesia, Diálogos de los muertos (1700), que reúne semblanzas sobre diversos personajes históricos, Las tablas de Chaulnes (1711) y Carta a la Academia Francesa  (1714), sobre la famosa “querelle” entre antiguos y modernos, que constituye un opúsculo encantador  en el que se desbordan los recuerdos de un viejo humanista, y que trata, con un espíritu independiente, del lenguaje, de la versificación, de la historia, de la poesía. Y como dijo el predicador francés: “Todas las guerras son guerras civiles, porque todos los hombres son  iguales”.

 

Francisco Arias Solis
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La primera víctima de la guerra es la infancia.

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Tomás Moro por Arias Solis Francisco

Miércoles, Mayo 28th, 2008
TOMAS MORO

(1478-1535) “La realidad misma enseña que se engañan de medio a medio quienes opinan que la indigencia del pueblo es la garantía de la paz.”

Tomás Moro.

LA VOZ DE LA UTOPÍA

 

Según Ferrater Mora, se llama  (desde Tomás Moro que acuñó la palabra) “utopía” a toda una descripción de una sociedad que se supone perfecta en todos los sentidos. Se llama “utópico”  a todo ideal –especialmente, a todo ideal de sociedad humana- que se supone máximamente deseable, pero que muchas veces se considera inalcanzable.

 

La obra maestra de Tomás Moro es Utopía (Lovaina, 1516), escrita en latín, narra como un navegante extraviado llega a una isla del Nuevo Mundo, Utopía, donde habita una sociedad feliz, gobernada por una legislación liberal en la que sus dirigentes son elegidos por el pueblo y en la que la riqueza, fruto del trabajo colectivo, es repartida entre todos; no hay, pues, lucha entre los hombres, y, por tanto, tampoco ejército. Basándose en la concepción del Estado perfecto de Platón, Moro propone una sociedad ideal como contrapartida y escape a su agitado mundo contemporáneo.

 

El humanista, político y literato inglés Tomás Moro nació en Londres el 7 de febrero de 1478 y murió en la capital inglesa el 6 de julio de 1535. Hijo de jurista, realizó sus primeros estudios en la famosa Escuela de San Antonio de Londres, sirvió como paje del arzobispo de Canterbury. Completó su formación en la Universidad de Oxford, donde adquirió una vasta cultura humanista. En 1494 regresa a Londres donde estudia derecho. Después de pasar unos años en la Orden de los Cartujos, contrae matrimonio con Juana Colt, en 1505. A la muerte de ésta, se casa con Alicia Middleton, una viuda. Tomás Moro se convierte en un famoso abogado y tras desempeñar varios cargos públicos –miembro del Parlamento inglés (1504) mientras reinaba Enrique VII, lord canciller de Enrique VIII (1529)- se enemistó con este monarca por su oposición  al “Act Supremacy”, por el que Enrique VIII  se convertía en cabeza de la Iglesia en Inglaterra y al divorcio del rey con Catalina de Aragón. Al año siguiente se negó también a asistir a la coronación de Ana Bolena. Acusado de alta traición por Enrique VIII es encarcelado en la Torre de Londres, condenado a muerte el 1 de julio de 1535 y decapitado cinco días más tarde.

 

En 1866  tuvo  lugar la beatificación de Tomás Moro por el Papa León XIII y,  en 1935,  su canonización por el Papa Pío XI. Finalmente,  Juan Pablo II, lo proclamó, en 2002,  patrón de los políticos y  gobernantes.

 

Tomás Moro fue íntimo amigo de Erasmo de Rótterdam, con quien tradujo los Diálogos, de Luciano, y de William Lyly, con quien llevó a cabo una antología de poesía griega traducida al inglés. Su obra maestra es Utopía (1516), en la cual prefiguró un Estado que consideraba ideal. Entre sus obras destacan Historia de Ricardo III (1514) y Diálogo entre el Consuelo y la Tribulación (1534), escrito en la Torre de Londres antes de su ejecución. Y como dijo el gran humanista inglés: “Un hombre puede perder la cabeza fácilmente, y, sin embargo, no sucederle por esto ningún mal”.

 Francisco Arias Solis
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No se debe  admitir la violencia ni siquiera contra la violencia

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Pere Quart por Arias Solis Francisco

Martes, Mayo 27th, 2008

PERE QUART
(1899-1986)

“Navego contracorriente.
Voy cuando los demás vuelven.

Antes de Pensar repienso.
Lloro y sonrío en silencio
y en soledad.”
Pere Quart.

LA VOZ DEL POETA PROTESTATARIO

Hacia el final de la guerra civil española, cuando las fuerzas republicanas fueron vencidas en Cataluña, Pere Quart, seudónimo del poeta y dramaturgo en lengua catalana Joan Oliver, pasó la frontera francesa. Se instaló en una residencia exclusivamente de intelectuales que funcionó en Roissy-en-Brie, cerca de París. Terminada la guerra se inició la evacuación de refugiados. Hubo que optar, cuando se tuvo oportunidad de hacerlo, entre la evacuación a América o la permanencia en Francia, en condiciones precarias. En diciembre de 1939, Pere Quart, con otros escritores, emprendió viaje, vía Argentina, hacia Chile.

Pere Quart es uno de los exponentes más destacados de la lírica catalana y el autor del drama catalán más significativo en y de la guerra: El hambre (1938).

Joan Oliver i Sallarés nació en Sabadell el 29 de noviembre de 1899 y falleció en Barcelona el 18 de junio de 1986. Hijo de una familia de la burguesía industrial, fue el cuarto de once hermanos, de ahí el seudónimo que utilizó en su obra poética Pere Quart (Pedro Cuarto). Estudió derecho y fue colaborador de diversos periódicos y revistas. Comprometido políticamente con la República, fue presidente de la Associació d’Escriptors Catalans, jefe de publicaciones de la Consejería de Cultura de la Generalitat y autor de la letra del himno del ejército popular catalán.

La revista Germanor, fundada en 1912 y portavoz del Centre Catalá de Santiago de Chile, fue confiada a los escritores catalanes que llegaron, en enero de 1940, procedentes de Francia. Por acuerdo unánime de aquellos escritores fue nombrado director Joan Oliver, el cual, con la ayuda de sus compañeros del exilio, la convirtió en una publicación de notoria calidad literaria. Discusiones en el seno de Centre Catalá indujeron a Oliver a dimitir, en junio de 1943, para hacerse cargo de otra publicación, Senyera. No obstante, Oliver siguió colaborando en Germanor, hasta su regreso a Barcelona, en 1948. También colaboró en otras revistas del exilio catalán como Nostra Revista y Catalunya.

Su poesía, sin ser exactamente vanguardista, presta gran atención a los valores formales y combina perfectamente la sátira y el humor, depurando el idioma hasta la claridad del lenguaje cotidiano y doméstico. Se definía como un poeta protestatario.

En 1928 publicó su primera colección de cuentos, Una tragedia en Liliput, donde caricaturizaba a la pequeña burguesía, y en 1929 la pieza teatral Casi un acto o Juan, Juana y Juanito, refundida posteriormente en Primera representación. Con Las decapitaciones (1934), comienza su carrera poética, utilizando por primera vez el seudónimo que le haría famoso, en 1936 escribe su famosa Oda a Barcelona, que fue publicada en la revista literaria Hora de España, su siguiente obra destacada Bestiario, se publica en 1937. En Salón de Otoño (1947), “modula –escribe Andújar- su rezo de nostalgias”, canta un mundo perdido por el foso de una guerra. Al volver a la patria, Oliver encuentra más el sentido trágico del naufragio, Tierra de naufragios (1956), y se convertirá en un adalid del Realismo social. Otras obras destacadas son: Vacaciones pagadas (1960), Circunstancias (1968), Cuatro mil palabras (1977, Poesía empírica (1981). Años antes de El hambre, Pere Quart presentaba un teatro crítico de la sociedad burguesa como Cataclismo (1935) y Lo que tal vez ocurrió (1936), y, a su vuelta del exilio intenta reanudar su actividad de dramaturgo, en una tendencia realista y testimonial de la sociedad burguesa, con Baile robado (1958), La gran piedad (1960), etc.

Pere Quart obtuvo en 1970 el Premi d’Honor de las Lletres Catalanes, en 1979 el Ciutat de Barcelona y en 1981 el de Generalitat de Catalunya de Poesía. Sin embargo, fiel a sus convicciones ideológicas, rechazó la Cruz de Sant Jordi de la Generalitat. En el homenaje tributado a Pere Quart con ocasión de cumplir sus 81años de edad, el poeta nos dejó dicho: “Acepto este homenaje en representación de los innumerables y anónimos compañeros que murieron en la lucha por mantener la condición de hombres libres”.

Francisco Arias Solis
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La fórmula salvadora es paz, libertad y justicia.

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Georg Brandes por Francisco Arias Solis

Sábado, Mayo 24th, 2008
GEORG BRANDES

(1842-1927) 

 “Lo más terrible de la guerra es que mata

 todo amor a la verdad.”

Georg Brandes.

                                     

LA VOZ DE UN ESPIRITU ARISTOCRATICO
 EN LAS FILAS DE LA IZQUIERDAS

 

Georg Brandes es una figura clave, en los países nórdicos, para la renovación cultural a través de la superación del romanticismo y el nacimiento de una literatura preocupada por la problemática social. De formación hegeliana, su pensamiento se enraíza en el positivismo lógico. El literato e historiador danés está considerado como uno de los críticos más inteligentes de su época.

 

Georg Brandes nació en Copenhague el 4 de febrero de 1842 y falleció en su ciudad natal el 19 de febrero de 1927. De familia judía, inició los estudios de derecho  en la Universidad de Copenhague, estudiando posteriormente filosofía y estética. Graduándose en esta última en 1864, de la que se doctoró en 1870 con La estética francesa de nuestros días. Impartió clases en la Universidad de Copenhague pero al ser rechazado para el puesto de profesor de Estética por las autoridades universitarias por su origen judío y su ateismo, Brandes se marchó a Berlín en 1872, donde permaneció cinco años. A su regreso a Dinamarca dio clases particulares. Al acceder el poder el Partido Liberal fue nombrado profesor de Estética en 1902, puesto que ocuparía hasta su muerte.

 

De Brandes puede decirse que si bien su país le admiraba, ciertamente no le amaba, o, cuando menos, no como amó a Andersen. Brandes es un crítico, un filósofo, un pensador, descendiente de judíos portugueses, con cualidades propias de éstos, que resultó profundamente antipático para algunos, por ser hombre de lucha, removedor de grandes ideas de las que más preocupan  a la humanidad, propagandista de una libertad de pensamiento que atacaba los cimientos de toda religión. Pero por encima de todo esto, que, al fin, no le condujo más que a labrar  enemistades entre los poderosos de su época, es un crítico literario todo agudeza, sagacidad y abundante erudición. Es una de esas figuras europeas para quienes resultan estrechos los límites de la propia nacionalidad. No hay obra de Ibsen que no haya sido juzgada inmediatamente a su aparición por la pluma de Brandes, y la opinión de éste solía ser casi siempre la más seguida. Nietzsche consideró a Brandes un digno interprete de su filosofía. Autor de una imponente obra crítica, entre la cual destaca particularmente una serie de conferencias que dictó y luego publicó bajo el título Las grandes corrientes de la literatura en el siglo XIX (1872-1890). Son, en su conjunto, una brillante exposición de la nueva ideología artística reflejada en la literatura europea, que ejerció una gran influencia en su país y en el resto de Europa. Esta obra le creó numerosos admiradores y también muchos enemigos. Como él mismo dijo, “contiene un trozo de la historia del alma europea, y su fondo es político, no literario”.

 

Donde tuvo más enemigos fue, precisamente, en ese campo filosófico, social y político. Se le tuvo unas veces por socialista, otras por anarquista, a él, que era más bien un espíritu aristocrático, y siempre por revolucionario, no sin razón, aunque afirmara que la política le era indiferente y que nunca había tomado parte en sus luchas. Sin embargo, la Iglesia, la prensa y la universidad, todos vieron en él a un enemigo, y tan impopular le hicieron que, cansado de la lucha con los que se oponían al triunfo de las nuevas ideas por su pluma defendidas, las positivistas de Taine y Stuart Mill, abandonó su país más de una vez, profundamente disgustado, y se fue a Alemania, como hemos dicho, donde contrajo matrimonio, residió algunos años y se dedicó al  estudio de la lengua alemana, para hablar y escribir en ella de modo perfecto, contribuyendo, al par que su propia gloria, a la de personalidades como Nietzsche, Ibsen, Björnson, etc.

 

Brandes escribió además La literatura de los emigrados (1872), La escuela romántica en Alemania (1873), La reacción en Francia (1874), El naturalismo en Inglaterra (1875), La escuela romántica en Francia (1881), La joven Alemania (1890), así como una serie de biografías de personajes por los que sentía admiración (William Shakespeare, Friedrich Nietzsche, Goethe, Miguel Ángel, Voltaire).

 

Con los años, Dinamarca acabó por apreciarle casi tanto como otros países que no eran el suyo, y él volvió a residir en Copenhague, rodeado de una pequeña corte de admiradores, condecorado por el rey con la medalla de oro por el mérito a los setenta años; pero tristemente convencido de que la juventud (como antes los viejos), no estaba con él, que iba más lejos o más cerca, y entre tanto le dejaba sólo, en el orgulloso retiro de su cuarto de estudio, materialmente tapizado de libros, proclamando que él, incrédulo en tantas cosas esenciales, no creía en la democracia, ni en la ley de las mayorías, sino en las aristocracias y en los genios, únicos impulsores; pero que, a pesar de todo, era un escritor que figuraba y figuraría siempre en las filas de las izquierdas. Brandes ya nos había dicho en 1884: “Y no quiero servir a la democracia, porque no soy demócrata; sin embargo, quisiera servirme de la democracia en provecho del pueblo”.

 Francisco Arias Solis
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Nerval por Francisco Arias Solis

Viernes, Mayo 23rd, 2008
EN EL II CENTENARIO DE GERARD DE NERVAL

(1808-1855) “La nieve reina en lo alto de sus picachos vírgenes, y me han dicho que son  las osamentas blancas de los antiguos montes roídos por el diluvio.”

Gérard de Nerval.

 

LA VOZ DEL PRECURSOR DEL SURREALISMO

 

A los veinte años, Nerval publicó una notable traducción del primer Fausto de Goethe  y comenzó a frecuentar a los autores románticos alemanes, por los que se sentía especialmente atraído. De la colección de poesías del Intermezzo lírico de Heine, traducido por Nerval en 1848, escribió el poeta francés,  en la Revue des deux mondes, el mayor elogio que poeta alguno pudiera desear: “Ni los griegos, dijo, ni los romanos, ni Mimnermo, que la antigüedad creía superior a Homero, ni el dulce Tibulo, ni el ardiente Propercio, ni el ingenioso Ovidio, ni Dante con su platonismo, ni Petrarca con su concetti, han escrito nada que se le iguale. Para encontrar algo análogo habría que remontarse al Cantar de los Cantares, a la magnificencia de las inspiraciones de Oriente”. Nerval colaboró de manera especial a la introducción del romanticismo alemán en Francia. La obra de Nerval, plena de elementos oníricos y simbología hermética,  le convierten en precursor del surrealismo, al que,  precisamente,  cita André Breton, en el “Primer Manifiesto Surrealista “ (1924), “Efectivamente –escribía el principal promotor del surrealismo-, parece que Nerval conoció a maravilla el espíritu de nuestra doctrina, en tanto que Apollinaire conocía tan sólo la letra”.

 

Es muy probable que Rosalía de Castro conociera el Intermezzo heineano por medio de la traducción francesa de Nerval, antes de que Eulogio  Florentinos Sanz publicara los primeros poemas heineanos en versión castellana (1857), y muy posiblemente fuera ella quien proporcionara a Bécquer la traducción francesa de Nerval.

 

Gérard de Nerval, pseudónimo de Gérard Labruine, nació en París el 22 de mayo de 1808 y falleció en la capital francesa el 26 de enero de 1856. Hijo de un médico militar, cuando su padre estaba prisionero de los alemanes, su madre que le acompañaba en la campaña militar, falleció de meningitis en 1810, quedando Nerval a cargo de su tío abuelo materno, transcurriendo su infancia en el campo de Valois. Enviado a París, estudió en el colegio Carlomagno donde se apasionó por la literatura alemana. Trabajó en diversos oficios: periodista, aprendiz de imprenta, ayudante de notario. En 1834 realizó un viaje a Italia  y a su regreso  se enamoró de la actriz Jenny  Colon, con quien se casaría en 1838. A partir de 1841 sufrió trastornos mentales, que aumentarían después de la muerte de su esposa en 1842, teniendo que ser ingresado varias veces.  Emprende un viaje por Oriente que le servirá como material periodístico y literario. Posteriormente realiza viajes a Bélgica, Holanda, Londres y Alemania. El 26 de enero 1855, tras salir de uno de sus frecuentes internamientos, agobiado por las deudas y su enfermedad mental,  se ahorcó de una farola de  la calle Vielle Lanterne de París. “Y se fue  peguntando: ¿Para qué habré venido?” , como él nos había dejado dicho.

 

En colaboración con Alejandro Dumas (padre) escribió varias obras dramáticas:  El alquimista, la tragedia en verso Calígula, Piquillo (1837) y Leó Burckart (1839). Fue gran amigo de Théophile Gautier y Víctor Hugo. En Inglaterra conoció a Charles Dickens.

 

Su obra más profunda e inquietante fue escrita en los últimos años de su vida. Entre sus libros destacan: Viaje a Oriente (1851), Los Iluminados, o los precursores del socialismo (1852), Pequeños castillos de Bohemia (1852-1853), Las quimeras (1854), recopilación de sonetos, Las hijas del fuego (1854), cuyo relato más famoso, Silvia, expresa la añoranza por la madre muerte cuando tenía dos años, La bohemia galante (1855) y Aurelia o el sueño y la vida (1855), inacabado,  y considerado como el punto de partida del surrealismo. Y como dijo el poeta francés: “Mi única estrella ha muerto y mi laúd lleva el sol negro de la melancolía”.

 

Francisco Arias Solis
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  Paz y libertad. 

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Vigny por Arias Solis Francisco

Miércoles, Mayo 21st, 2008
ALFRED DE VIGNY

(1797-1863) “Ciudadano verdaderamente libre es aquel que no depende de los gobiernos ni les debe nada.”Alfred de Vigny.  

LA VOZ DE UNO DE LOS PADRES DEL TEATRO ROMANTICO

 Alfred de Vigny es uno de los del romanticismo francés que figuró al lado de Lamartine y de Víctor Hugo, como poeta; de Hugo y de Dumas (padre) como uno de los tres fundadores de la novela histórica y del drama moderno; aunque no tiene fuera de Francia la popularidad de sus compañeros. Su producción poética no muy abundante, pero sí muy escogida, está llena de natural distinción y de elevación moral. Mas donde Vigny procuró triunfar en seguida fue en el teatro, con una traducción del Otelo de Shakespeare (a la cual puso un prólogo que, junto con el de Cromwell, de Hugo, contiene toda la teoría del drama romántico) y con el drama original Chatterton. Al mismo tiempo que obtenía ruidosos éxitos  con las publicación de sus novelas históricas.  Alfred Victor de Vigny nació en Loches el 27 de marzo de 1797 y falleció en París  el 17 de septiembre de 1863. Perteneciente a una familia noble y de tradición  militar; él mismo siguió también la carrera de las armas, que le iba a decepcionar, pues prácticamente solo conoció la monotonía de la vida de los cuarteles. En 1823, al no poder marchar a España con los Cien Mil Hijos de San Luis, el capitán Vigny se planteó abandonar el ejército, lo que se hizo realidad a finales de 1924. Al año siguiente,  contrajo matrimonio  con la joven inglesa Lydia Bunbury, que a los pocos años quedó casi inválida.  A pesar   de su estirpe noble, que ya la le había hecho sufrir durante su juventud en la época del Imperio, se ilusionó  por el liberalismo,  y apoyó el derrocamiento de Carlos X en la revolución de julio de 1830.  Viendo frustradas sus ilusiones, se consagró a la literatura, pero toda su obra se verá impregnada de amargura. Conoce a la actriz Marie Dorval que se convierte en su amante. En 1845 fue elegido miembro de la Academia Francesa. Desde su nobleza, tradicionalmente partidaria de la monarquía, evoluciona hacia el republicanismo. Incluso, se presenta como diputado en las elecciones posteriores a la revolución de 1848, pero sufre una nueva decepción. Terminó sus días solitario y amargado, dedicándose nuevamente a la poesía, que será publicada después de su muerte.  Alfred de Vigny compuso poemas siendo aún militar en 1816; dedicó también gran parte de su tiempo a la lectura, sobre todo de la Biblia y de algunos escritores románticos como Chateaubriand y Byron. En 1820 frecuentó  El Cenáculo,  célebre salón literario fundado por Charles Nodier, al que acudían los jóvenes escritores románticos, y Vigny empezó a publicar sus poemas en revistas. Se dio a conocer con el poema Eloa o la hermana de los ángeles (1824) al  que siguió, en 1826, Poemas antiguos y modernos, ampliado en 1837. Alcanzó la madurez poética con el libro Los destinos, comenzado en 1838, escrito durante el resto de su vida y publicado póstumamente en 1864, que revela, como el también póstumo Diario de un poeta (1867), una visión del mundo pesimista y estoica. Considerado uno de los principales líricos del romanticismo francés, en su producción en prosa destacan la novela histórica Cinco de marzo (1826), Stello (1832) y el libro de relatos de trasfondo autobiográfico Servidumbre y grandeza militares (1835), en donde la prosa de Vigny se acerca a sus  mejores composiciones poéticas. Como dramaturgo, contribuyó a fijar las características del teatro romántico con La mariscala de Ancre (1831), Escapar del miedo (1833) y Chatterton (1835), su obra maestra, que es un drama en tres actos y en prosa, quizás inspirado en un hecho real. Es la historia de un poeta, amargado ante la incomprensión de la sociedad que lo rodea, que acaba por suicidarse. Y como dijo el genial escritor francés: “Sólo el silencio es grandioso; todo lo demás es debilidad”.  

Francisco Arias Solis
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  Tolerancia cero contra la corrupción.

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Ruiz-Funes por Francisco Arias Solis

Lunes, Mayo 19th, 2008
MARIANO RUIZ-FUNES GARCIA

(1889-1953) “Los sucesos, con velocidad emocionante, van afirmando, por momentos, el triunfo de la libertad en el mundo.”Manuel Ruiz-Funes                 

LA VOZ DE UN BRILLANTE PENALISTA

 

Al recordar a Mariano Ruiz-Funes, uno de los  grandes penalistas españoles,  evocamos también  el testamento poético de León Felipe: ¡Oh, este viejo y roto violín! Esa inolvidable elegía que es casi una “letanía” hecha con los nombres de tantos y tantos caídos en el destierro: “Piedras recogidas / en las sepulturas de los grandes españoles / desterrados y enterrados en el destierro… / Piedras elegíacas … / ¡Oh Moreno Villa / te debo una elegía!  / Y  a vosotros también, amigos ilustres: / Altamira, / Canedo, / Barnés (Domingo, Francisco, Paco), / Castrovido, / Albornoz, / Pío del Río Hortega, / Miguel Prieto, /José Oteiza, / José Andrés, /  Ruiz Funes…”

 

Hombres maduros, los profesores universitarios españoles no se arredraron ante su incierto futuro, que les ofrecía la muerte en el destierro como perspectiva ineluctable y mantuvieron una posición dignísima acorde con su ideología política, sin claudicaciones ni desviaciones, por más que la solución española, al finalizar la guerra mundial, no les trajera esperanzas de retorno a la patria.

 

Mariano Ruiz-Funes García nació en Murcia, el 24 de febrero de 1889 y falleció en México en 1953. Estudió Derecho en la Universidad Central de Madrid, donde se licenció en 1909, doctorándose tres años más tarde con Premio Extraordinario, con la tesis “El derecho consuetudinario en la huerta y el campo de Murcia”. Ejerció por poco tiempo la abogacía  y más tarde se dedicó a la enseñanza como profesor de Derecho Penal  en la Universidad de Murcia, en la que fue catedrático desde 1925, siendo decano de la Facultad de Derecho y vicerrector de la Universidad. En 1927 recibió en Turín el prestigioso premio Lombroso, por su obra, Endocrinología y criminalidad  (1927).

 

Vinculado al republicanismo, primero en Acción Republicana, y,   en 1934,  en Izquierda Republicana, fue elegido diputado en 1931 por Murcia, perteneciendo a la Comisión Constitucional redactora del la Constitución de 1931. Vuelve a la enseñanza universitaria, durante el Bienio Negro Republicano, siendo elegido nuevamente diputado por Vizcaya en las elecciones del 16 de febrero de 1936. Azaña le encomendó el Ministerio de Agricultura, pasando a hacerse cargo,  después de la rebelión militar de julio,  del Ministerio de Justicia en el Gobierno de Largo Caballero hasta noviembre de 1936.  Posteriormente fue nombrado embajador,  primero, en Polonia y, después, en  Bélgica, hasta que al finalizar la guerra, emprendió el camino del exilio a México, donde fue catedrático de Derecho Penal en  la Universidad Nacional Autónoma y en la Universidad de Xalapa. Durante su exilio dio cursos ocasionales en la Universidad de Montevideo y fue catedrático honorario de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Marcos en Lima y profesor honorario de la Universidad Autónoma de El Salvador.

 Destacaremos, entre sus obras,  Endocrinología y criminalidad (1927), El derecho penal de los Soviets, Tres experiencias democráticas de legislación penal, Actualidad de la venganza (1943),  El delincuente y la justicia (1944), Evolución del delito político (1944) Criminología de guerra (Premio Afranio Peixoto en Brasil en 1947),  Criminalidad de los menores y La crisis de la prisión.  

En noviembre de 1947 se celebró la Conferencia de la UNESCO en México, acordando su Comité Ejecutivo admitir en las reuniones como invitado de honor, a la República Española, y el Gobierno republicano en el exilio, a propuesta de la Unión de Intelectuales Españoles, designó una delegación para la Conferencia compuesta, entre otros, por Benjamín Jarnés, José Moreno Villa, Isabel de Palencia y Mariano Ruiz-Funes.

 Ruiz-Funes  formó parte de la Junta Directiva del Grupo de la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero y  fue uno de los firmantes de la célebre Declaración de La Habana,  en cuya Universidad se celebró en 1943, la Primera Reunión de Profesores Universitarios Españoles. Ruiz-Funes fue también colaborador de la importante revista del exilio español Las Españas.  

Terminaremos esta breve semblanza del ilustre penalista español, con las palabras de su hija Concha Ruiz-Funes, profesora de Historia: “Para mis padres el exilio fue una vida muy dura. Él nunca se adaptó, y se le restituyó como catedrático en 1951, dos años antes de morir. ¿Cómo me siento? A veces tengo dudas, pero a todos los efectos soy mexicana. ¿El exilio? Para España no significa nada, porque nunca se ha ocupado del exilio”.

 

Francisco Arias Solis
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  Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Gracias.

   

Celia Viñas por Arias Solis Francisco

Domingo, Mayo 18th, 2008
CELIA VIÑAS

(1915-1954) “¿Sabéis? Odio las manos cansadasde los sepultureros. Que me entierren cuatro niños    cantando un romance viejo”.

Celia Viñas.

  

LA VOZ DE LA MAESTRA DE ALMERIA

 Celia Viñas es una escritora  española en lenguas castellana y catalana, con una producción literaria, segada por su temprana muerte, corta, pero abarca diversos géneros literarios: poesía –especialmente poesía para niños-, narrativa, ensayo y teatro.  La mayor parte de sus libros tienen como protagonista o como telón de fondo la ciudad de Almería,  en la que trabajó varios años como maestra  y en la que desarrolló una muy importante labor cultural hasta su muerte. Destaca su obra lírica.  “Los poemas breves de Celia Viñas  son ricos en imágenes y colorido –dice   Luis Daniel González- unen lo culto y lo popular, son intimistas y descriptivos, manifiestan ternura por los niños y conjugan, sonoridad y sencillez”.  Celia Viñas Olivella nació en Palamós, municipio de la Costa Brava, perteneciente a la provincia de Gerona,  el 16 de junio de 1915 y falleció en Almería el 21 de junio de 1954. A los pocos años de su nacimiento, su familia se traslada a Mallorca,  donde transcurre su infancia y parte de su juventud. En Palma estudia el Bachillerato, llegando a ser presidenta de la Asociación de Estudiantes de Izquierda.  En 1934 inicia sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, donde contará con eminentes profesores. La rebelión militar de julio de 1936 truncó sus estudios, que reanudó posteriormente, graduándose en 1941,  como licenciada en Filosofía y Letras. Tras su licenciatura trabajó de becaria en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Madrid  y participó en cursos del Instituto Italiano de Cultura. En 1943  se instala en Almería después de conseguir con el número uno la  cátedra de Lengua y Literatura española en el Instituto de Segunda Enseñanza.  En esta ciudad ejercerá su labor docente hasta su muerte, volcándose en la formación de su alumnos.  Estuvo muy vinculada al movimiento indaliano. Un año antes  de su muerte se casó con Arturo Medina.Entre su obra lírica, de carácter intimista, destacan los siguiente libros: Trigo del corazón (1948), dedicado a Almería, Canción tonta en el sur (1948), cuyo tema nuclear es el tema infantil, Palabras sin voz (1953), en el que canta a las distintas regiones de España, y sus libros  publicados póstumamente Como el ciervo corre herido (1955), de asunto religioso, y Canto (1964). En catalán publicó Els poetes insulars de postguerra (1951) y Del foc i la cendra (1953). Ha dejado también una obra de teatro, Plaza de la Virgen del Mar (1949), varios cuentos como El primer botón del mar y trece cuentos más, con el que logró el accésit al Concurso Nacional de Literatura en 1951, y dos novelas inéditas Viento de Levante y Tierra del sur (la primera de carácter costumbrista; la segunda, autobiográfica). Ha publicado, asimismo, el ensayo Estampas de la vida de Cervantes (1949). La  ternura de la maestra de Almería por los niños se pone de manifiesto  en estos versos: “¿Tú has tenido una maestra / como yo, di, / con su falda de cerezas? / No sé como se llamaba / mas tenía una cenefa / en su falda / de cerezas”.

Francisco Arias Solis
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Henry Miller por Arias Solis Francisco

Domingo, Mayo 18th, 2008

  

HENRY MILLER

(1891-1980) “Cada guerra es una destrucción del espíritu humano.”

Henry Miller.

 
LA VOZ DE UN DEFENSOR DE LA LIBERTAD

 Ninguna de las seis novelas, núcleo central de la obra de Miller, han podido ser vendidas libremente en los países cuyo idioma escribe. Sin embargo, a Miller se le considera  como un clásico del siglo XX, y fue miembro de la Academia Americana de Artes y Letras, elegido en 1958 por ser “autor de muchos libros cuya originalidad y riqueza técnica están unidas a la variedad y la audacia de sus temas. Su temeridad de tratamiento y su intensa curiosidad con respecto al hombre y a la naturaleza no tienen rival en la literatura en prosa de nuestro tiempo”.  El escándalo acompañó al autor durante toda su vida; sus libros estuvieron prohibidos en Estados Unidos largo tiempo y fueron identificados con el vicio y la perversión. Su acentuado erotismo y su agresiva desacralización de costumbres, ideas e instituciones, pueden ser, sin embargo, sólo aparentes. Detrás de ello hay un alto porcentaje de autobiografía –él llamó a sus libros “documentos”- de arrebato lírico, de crítica del mundo moderno y, sobre todo, de actitud vitalista, intelectual y sensorial. Pero el análisis puede llegar más lejos: lo que a primera vista parece una placentera visión del erotismo, se convierte en una pesimista convicción de que ni el mismo erotismo puede tomarse como salvación o libertad del individuo. Sus libros describen un mundo esencialmente masculino, en el que las mujeres tienen un papel secundario y subordinado a la fantasía de los hombres.  Miller contaba con un gran público en países muy dispares. Cuando al final de la Segunda Guerra Mundial, en Francia se intentó prohibir Sexus (1949), el primer libro de la trilogía La crucifixión rosada se provocó un verdadero escándalo. Se formó un comité de defensa de Henry Miller encabezado por Maurice Nadeau y con la participación de intelectuales tan destacados como André Guide, Sartre, Breton, Eluard y Camus entre otros muchos.  Miller es considerado por su público, no sólo un gran escritor, sino una figura moral de primer orden. Por otra parte, se ha demostrado que su obra es altamente terapéutica. Su obra, siempre autobiográfica, cumple aquel maravilloso propósito de Unamuno: darle la vuelta a lo que llevamos a dentro. Y nadie como el gran Henry Miller se desnuda para servir de experimento a los lectores, para curarlos de su ridículos complejos. Y recordando también al gran poeta que fue Yeats, al afirmar que el idioma poético es la lengua común, hay que agradecer vivamente al arte de Henry Miller sus inigualable fuerza para representar las  emociones encontradas por el artista a través de una vida apasionada y dura.  Henry Valentine Miller nació en Nueva York el  26 de diciembre de 1891 y falleció en Pacific Palisades, California, el 7 de junio de 1980. Después de haber cursado estudios en el City College de su ciudad natal y en la universidad de Cornell, ejerció una gran cantidad de oficios, en ninguno de los cuales perseveró. Hacia 1930, huyendo de la Gran Depresión, se dirigió a Europa y, atraído por el intenso clima artístico de París, fijó allí su residencia, llevando una vida bohemia. Diez años de permanencia en la capital francesa fueron definitivos en su formación de escritor. En 1940 regresa a los Estados Unidos y se instala en Big Sur, California.  Su primera obra fue Trópico de Cáncer (1934), novela prohibida por obscenidad en Estados Unidos, a la que seguiría un ensayo sobre Proust y Joyce, El universo de la muerte (1938), culminando su estancia en París con Trópico de Capricornio (1939), para muchos su obra  más lograda, en la que presenta su experiencia neoyorkina de 1920-1924. También son de destacar El coloso de Marussi  (1941), original guía de Grecia, Pesadilla del aire acondicionado (1945) y la trilogía La crucifixión rosada, compuesta por  Sexus (1949),  Plexus  (1952) y Nexus  (1959).  Póstumamente se publicó el libro Querida Brenda (1986),   que recoge las cartas de amor a su  última amante, la joven actriz Brenda Venus.   Y como dijo el novelista  norteamericano: “El amor es la liberación de la tiranía del yo”.  

Francisco Arias Solis
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