Archive for Enero, 2008

MIGUEL DE UNAMUNO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Jueves, Enero 24th, 2008

MIGUEL DE UNAMUNO

(1864-1936)

 “Yo soy la senda, la verdad y la vida.”¡Y qué duro, Señor,  otro destino!¡De otra verdad cómo es terrible el sino!¡Cuán pronto de otra vida uno se olvida!”

Miguel de Unamuno.

 LA VOZ DE UN VERDADERO POETA 

No creo que haya palabra más recurrente en la obra poética de Unamuno que la de ritmo. En su obra advertimos su habitual identificación de poesía y ritmo, belleza y ritmo. Así en su primer libro de versos, Poesías, confiesa que, sus versos logrados, han sobrevivido dejando en la sombra del no ser a otros muchos que: “Por cada uno estos pobres cantos, / hijos del alma que con ella os dejo, / ¡cuántos en el primer vagido endeble /  faltos de aire de ritmo se murieron!”

 

Pero el ritmo no es sólo la repetición regular de un fenómeno sonoro (acento, rima, pausas), sino el tiempo o andadura que resulta de esa repetición, y que  puede ser  ágil o pesado, rígido o flexible, monótono o diverso. Tal parece ser el sentido que da Unamuno al término ritmo.

 

Por otra parte, Unamuno sabía muy bien que lírica y canto eran lo mismo, y sus trances líricos tienen arranque de canto, aunque sea un canto que quiere ser salvaje, como el que le pide a su alma: “Canta, alma mía, / canta a tu modo…, / pero no cantes, grita, / grita tus ansias, / sin hacer caso de sus músicas”.

 

Unamuno, el agónico, luchó también con la música, atrayente y aceptada unas veces, evitada o convertida en gritos otras.

 

“Y una especie de canto hablado –decía Unamuno-, de recitación, de rezo más bien, es el verso”. Resulta, pues, bastante claro que una buena parte de la obra lírica de Unamuno ha surgido con vocación de canto, preformada  desde su interior en ritmo y melodía que han cuajado, con más fortuna, en palabras.

 

La estimación de Unamuno por la palabra tiene algunas peculiaridades que es preciso hacer notar. Por de pronto una creencia casi mítica en el poder de la palabra y una fe en el carácter espiritual de la palabra.

 

Para Unamuno la palabra es la vestidura del alma. En el prólogo al Cancionero ha dejado dicho que “los llamados aciertos poéticos suelen ser aciertos verbales”. Y “la palabra poética, piensa, sueña, crea por sí misma”.

 

Vista ahora la producción de Unamuno, se ve la permanente, la sostenida vocación del poeta. El poema conservado de data más antigua es de 1894   -y podemos suponer que aún éste sea tardío- y de tres días antes de su muerte, ocurrida el 31 de diciembre de 1936, el último. Ahora bien, la fluidez de su vena poética tiene diferente caudal según los tiempos. Él ser poeta era la máxima entrega y el supremo afán. “En la lírica no se miente nunca –decía Unamuno-, aunque uno se proponga mentir”.

 

Y don Miguel creía en la legitimidad y, más aún, en la grandeza del poeta, porque si lo es de verdad, “no da conceptos: se da a sí mismo”, porque lo  más grande que hay entre los hombres es un poeta, un poeta lírico; es decir, un verdadero poeta.

 

Cancionero es el libro que nos da un conocimiento más completo, tal vez de su personalidad originalísima, de la veracidad y autenticidad  de su vida y pensamiento. Sus versos siguen el ritmo de la vida, haciéndose mejores cada vez, como el hombre, aprendiendo a serlo, “a ser lo que es”, como tanta veces repetía citando el verso de Píndaro: “aprende a ser lo que eres” . Fue, toda su vida, ese aprendizaje sucesivo de vida y verdad. Resumida en una portentosa frase. “La verdad no es lo que nos hace pensar, sino lo que nos hace vivir”.

 Francisco Arias Solis
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ALDOUS HUXLEY POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Miércoles, Enero 23rd, 2008

 

 ALDOUS HUXLEY 

(1894-1963)

 “¿Cómo sabes si la Tierra no es más que infierno de otro planeta?”

Aldous Huxley .

 

LA VOZ DE UN MUNDO FELIZ

 

Con uno solo de sus libros Un mundo feliz, Aldous Huxley logró zarandear a varias generaciones. De todos los mundos posibles, optó por el más triste, desesperanzado y amargo y, sin embargo, lo llamó feliz. De todas las formas que se conocen para olvidar y exaltar la imaginación, eligió la más devastadora, aunque se oculte tras distintos y llamativos nombres –serotinina, LSD, mescalina…-. En todos sus libros, volcó su inquietud por las relaciones humanas, por las religiones orientales, por los efectos de las drogas  sobre el sistema nervioso.

 

La crisis social, religiosa y existencial del mundo en que vive, sacudido violentamente por dos guerras mundiales, incide en la obra literaria de Huxley, que va desde una progresiva crítica de su civilización y desde una condena de las estructuras sociales y políticas hasta el misticismo de la sabiduría oriental. El novelista y ensayista británico trata los problemas sociales y los conflictos religiosos de una manera científica y con un tono irónico, en muchos casos corrosivo. Perteneciente a una familia de gran tradición cultural, en su obra brilla, más que la intuición del artista, el juego espectacular de una inteligencia privilegiada y una vastísima cultura. Utiliza una lúcida ironía que pone al descubierto las lacras de una civilización en decadencia, señalando el horror y el vacío de la presente.

 

El inteligente autor de Un mundo feliz nace en Godalming, condado inglés de Surrey, el 26 de julio de 1894. Perteneciente a una familia de prestigiosos biólogos e investigadores, adquiere una gran formación científica que va a unir a su cultura artística y literaria. A los catorce años, Huxley inicia los  estudios de Biología, pero una enfermedad le deja casi ciego y aprende el sistema Braille. En 1915 se licencia en  Literatura inglesa y  Filología en la Universidad de Oxford. Entra a trabajar en la enseñanza. En 1915 contrae matrimonio con María Nyls. Un año más tarde se convierte en crítico literario de la Westminster Gazette. En 1921 publica Los escándalos de Crome, novela de trasfondo autobiográfico llena de brillante ironía e ingenio. En 1923 se marcha a Italia, donde vive con su mujer y su hijo, durante seis años. En 1928 escribe Contrapunto, que está considerada su obra maestra; la novela es un lúcido y profundo examen sobre la condición humana y sobre el destino del hombre, a la vez que un análisis inteligente de una sociedad en crisis. En 1930 se establece en Francia. Dos años más tarde publica Un mundo feliz, su obra más difundida, verdadera caricatura del mundo futuro, tecnificado y deshumanizado. El mundo que nos presenta Huxley es aparentemente tan perfecto “que el hombre es una verdadero robot, carente de libertad”, cuestionando el papel esencial de la ciencia, que debe estar al servicio de los seres humanos y no al revés. En 1938 Huxley se marcha a California, donde el doctor Bates le salva de la ceguera total. Escribe guiones para el cine. En 1941 publica El tiempo debe detenerse y, al año siguiente, El arte de ver. Aldous Huxley muere en su casa de Hollywood, el 23 de noviembre de 1963.

 Huxley es uno de los personajes más inquietantes, contradictorios y audaces de la historia de la literatura. Fue un escritor cerebral, un brillante cultivador de la llamada novela intelectual. Siempre fue un hombre de mala salud de hierro, capaz de perder la vista, recuperarla  y además escribir El arte de ver. 

El intelectual  de apariencia remota es un profesional capaz de tejer la trama de Un mundo feliz en cuatro meses. Luego vino su vinculación a los movimientos pacifistas.

 

Previo al famoso Congreso de Escritores Antifacistas de Valencia, fue el de París, en el que se constituyó la Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Aldous Huxley formó parte de su junta directiva que  estaba compuesta, además, por Thomas Mann, y su hermano Heinrich, Romain Rolland, André Gide, Forster, Bernard Shaw, Valle-Inclán, Ricardo Baeza, José Bergamín, Máximo Gorki, Sinclair Lewis y Selma Lagerloff.

 

Durante los seis largos años de la guerra mundial estuvo en California, sin querer hablar de la guerra. Huxley vivió privadamente aquel profundo horror. Quiso escapar de este mundo y emprendió su viaje al “otro-mundo”. Por ahí aparecen los experimentos con drogas. Apadrinado por “guris”, sus libros iban hacerse únicamente asequibles para quienes participaban de su “visión”. Visión de un mundo feliz con disfraz de paraíso imposible. Tal vez, Huxley pretendió simplemente ser fiel a su principio: “El bien de la humanidad debe consistir en que cada uno goce al máximo de la felicidad que pueda, sin disminuir la felicidad de los demás”.

 

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LAS COSAS QUE ESTAN PASANDO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Miércoles, Enero 23rd, 2008
LAS COSAS QUE ESTAN PASANDO

  “Aquí el pensamiento reposa.En su vida hizo otra cosa.”

Mariano José de Larra.

  

TODOS SON DISCURSOS Y PROMESAS

 

A Larra le acusaron de falta de ternura, igual que a Quevedo, su maestro, sin comprender que su ternura consiste en el amor a España. Está por encima de los fanatismos y tópicos que ensangrientan el país, precisamente su “ternura” hacia millones de españoles a lo que quiere ver trabajando y no guerreando; en sus hogares y no en las cárceles, convertidos en auténticos ciudadanos y no en viles esclavos de unos principios que no pueden digerir y enfrentan a los unos con los otros… Porque uno de los grandes males del país es la obcecación, la ausencia de un sentido común colectivo que arrastra a innecesarios conflictos. A este respecto, Larra formula su gran epitafio nacional: “Aquí el pensamiento reposa. / En su vida hizo otra cosa”.

 

En una época de libelos y procacidades, Larra da una lección de auténtico periodismo. Lleva al periódico la crítica y el comentario de actualidad, situando el artículo en su límite justo: máximo atrevimiento y ardor en defensa de la verdad. Su consigna es la defensa de la verdad.

 

A pesar de la mordaza de la censura, a Larra se le oye bastante bien. Analiza en sus artículos la moral social, las costumbres la política, la literatura… Combate Larra la triste realidad de que muchos pasen la factura de la adhesión política para obtener cargos. “Pero si esperan a llamar buen Gobierno -decía- a aquel que a cada vecino le dé veinticuatro mil reales de renta por su manifiesta adhesión, nunca lo habrá para este país…” Exacto. Si el concepto buen gobierno lo confundimos con el reparto de empleos y “enchufes” siempre estará descontenta más de la mitad del país, pues no habrá bastante “enchufes” para todos.

 

En su artículo Vuelva usted mañana; Larra expone la tragedia del ciudadano que desea resolver un asunto en cualquier departamento oficial. Los “jefes” de la Administración parecen estar en todas partes y no encontrarse en ninguna. O aún no ha llegado o acaba de marcharse. Siempre tiene otra cosa, que le sirve de excusa. Y como se necesita la firma de ese “jefe” e invisible ciudadano para resolver el asunto hay que volver siempre otro día.

 

Las cosas no se arreglan y no parece existir interés en arreglarlas. Todo son discursos y promesas hablando de posibles reformas o cambios que jamás llegan. Zahiere Larra la extraña virtud de ciertas palabras y conceptos utilizados por algunos políticos para dar la sensación de que ansían renovarlo todo, cuando sólo son partidarios -íntimamente- de que nada cambie. Aludiendo a truco tan corriente y sagaz escribe: “Las buenas son aquellas palabras que no dicen nada de por sí… Con ellas no hay discursos que no se pueda sostener; no hay cosa que no se pueda probar; no hay pueblo a quien no se pueda convencer”.

 Larra recogiendo la herencia de Quevedo, lleva la ironía a la prensa diaria. Dignifica el artículo y la polémica, demostrando que es factible criticar sin caer en el insulto y polemizar sin llegar a la ofensa. Y como dijo el poeta: “Las cosas que están pasando / no se nos van a quedar / en lo que se están quedando / quedándose sin pasar”.  

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AGUSTIN DE MONTIANO Y LUYANDO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Martes, Enero 22nd, 2008

 AGUSTIN DE MONTIANO Y LUYANDO.(1697-1764). 

“Tu demanda falaz voló ligera

hasta llegar a mí, de boca en boca, en la voz de ese pueblo que la grita, como el último horror de tus maldades.”

Agustín de Montiano y Luyando.

 

LA VOZ DEL DIRECTOR PERPETUODE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

  Montiano y Luyando publicó su primer discurso sobre las tragedias españolas en 1750, acompañado de la Virginia, y en 1753 aparecía el segundo discurso, unido al Ataúlfo.

 

Entre los títulos más relevantes de este autor se cuentan Discurso sobre las tragedias (1750), Discurso II (1753), El robo de Dina (1727), Égloga de Lisardo y Palemón, y unas Octavas a San Estanislao de Kostka.

 

Agustín de Montiano y Luyando nació en Valladolid el 28 de febrero de 1697; sus padres se llamaban Francisco Antonio de Montiano y Manuela Luyando, ambos de ilustre origen. Estudió Gramática, Retórica y Poesía latina en el Colegio de San Ambrosio de Valladolid hasta que, muertos sus padres, hubo de trasladarse a Zaragoza, donde su tío don Agustín Francisco de Montiano era ministro de la Audiencia de Aragón. Cursó, entonces Filosofía en el Colegio del Padre Eterno; siguió luego el estudio de las Leyes y fue alumno de don Blas Antonio Nasarre. Pero la guerra llegó a Zaragoza, y como su tío hubiera de trasladarse a Valladolid, le siguió Montiano, continuando sus estudios en el Colegio del Arzobispo de Salamanca. Desde allí salieron el magistrado y su sobrino para Mallorca, donde residieron largo tiempo, hasta que en 1727, destinado don Agustín Francisco a Madrid, le siguió igualmente los pasos, acompañándole hasta que falleció su protector.

 

Viendo pocas facilidades en Madrid, pasó a Sevilla; pero, protegido por el ministro Patiño, se coloca como Secretario de la Junta de Comisarios españoles e ingleses, con lo que vuelve a la Corte. Al cesar esta Junta, se le nombró (1735) para desempeñar una plaza en la primera Secretaría del Despacho Universal del Estado. Había contraído matrimonio el año anterior con doña María Josefa Manrique, camarista de la Reina.

 

Ya era académico supernumerario de la Española (1737), cuando, apoyándose en una Junta que se reunía en la casa de don Julián Hermosilla, fundó la Academia de la Historia, que le eligió por primer director el 27 de abril de 1738, proponiendo a los pocos días que se comenzara a trabajar en un Diccionario histórico-crítico de España, comprendiendo que la flamante Academia de la Historia no podía subsistir por sus propios medios, obtuvo el apoyo real, mereciendo de aquella corporación que, excepcionalmente se le designara  director perpetuo. En 1746 era Secretario de la Cámara de Gracia y Justicia de Castilla.

 La estimación que por doquiera mereció la persona de Montiano y Luyando queda reflejada por su nombramiento de individuo de la Academia de los Arcades, con el nombre de Leghinto Dulichio; académico de honor y luego conciliario de la de Bellas Artes, siendo elegido,  en 1759, para la Academia Imperial de Ciencias de San Petersburgo. Agustín de Montiano y Luyando murió en Madrid el 22 de junio de 1764, con gran sentimiento de cuantos les conocían. Y como dijo este autor neoclásico: “Ese pueblo que ves, que me acompaña / y el que feroz, a nuestra acción atiende, / no ha de asistir a tu sentencia inicua.. “ 

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EXHIBIR EL PROPIO YO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Lunes, Enero 21st, 2008

 

EXHIBIR EL PROPIO YO

 “Todos quieren repicar  y andar en la procesión. Y todos farolear  cuando llega la ocasión.”

José Bergamín.

 SUBLIMACION DEL FRACASO. 

El egotismo de muchos españoles es una cualidad que muchas veces sorprende y desagrada a los que visitan España. Sobre todo, naturalmente, a esas personas que por inclinación natural, o por educación, tratan siempre de evitar la exhibición de su propio yo. Lo cual no quiere decir, claro es, que a esas personas educadas y comedidas, su propia intimidad, lo que ellos son y lo que quisieran ser, no les interese o preocupe. El español no hace sino exteriorizar a gritos un sentimiento muy humano que otros, generalmente, callan. El que expresó Don Quijote al exclamar: “No hay otro yo en el mundo”. Comentando estas palabras, escribió Unamuno, extendiendo así su propio inmenso egotismo a la humanidad entera, es decir, a cada uno de los hombres aislados que forman la humanidad: “Cada uno de nosotros es único e insubstituible”. Esto es lo que el alma siente, lo que cada corazón siente, callando; y lo que muchos españoles muy a menudo dicen.

 

Exhibir el propio yo supone siempre la convicción -o al menos el deseo de convencer a los otros- de una cierta superioridad. Ahora bien cada español parece convencido de poseer, por gracia divina, y sin ninguna otra razón, una indefinible superioridad sobre el resto de los mortales. Unamuno expresó perfectamente ese sentimiento al escribir en El individualismo español, a principios del siglo XX: “Lo que no se comprende es que una persona sin hablar, sin escribir ni pintar, ni esculpir, ni tocar música, ni negociar asuntos, ni hacer cosa alguna, espere que por solo acto de presencia se le dispute por hombre de extraordinario mérito  y sobresaliente talento. Y sin embargo se conoce aquí, en España -no sé fuera de ella- no pocos ejemplares de esta curiosísima ocurrencia”.

 

Hay bastantes evidencias de que, desde hace siglos, ha abundado en España ese tipo de individuos. El escritor gaditano Cadalso, por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XVIII, habla también del caballero español, en los pueblos, lleno de orgullo, en medio de su pobreza; contento de sí sin motivo alguno: “Todo lo dicho es poco en comparación de la vanidad de un hidalgo de aldea. Este se pasea majestuosamente en la triste plaza de su propio lugar, embozado en su mala capa, contemplando el escudo de armas que cubre la puerta de su capa medio caída, dando gracias a Dios y a la providencia de haberle hecho Don Fulano de Tal”.

 

Sólo habría tal vez que agregar, para acabar el retrato de ese español, del extraño tipo de hombre que aparece en las dos citas que acabamos de hacer, que junto a la seguridad de que ese español alardea, o, más bien, por debajo de esa aparente seguridad, de esa enfática afirmación del propio yo, hay en realidad, hoy al menos, casi siempre, una profunda inquietud, una gran duda, un gran temor. Lo que sucede en verdad no es tanto que el español hoy se crea superior, sino que quiere serlo, que no se conforma con su pequeñez e insignificancia.

 Bien pudiera pensarse que ese orgullo injustificado, esa soberbia extraordinaria, no es sino consecuencia de la derrota, sublimación del fracaso personal y de su país. Tal vez mucho de lo que ocurre y ha ocurrido en España, como en el alma de los españoles, pueda explicarse por el hecho de que España ha perdido hace mucho la posición preponderante que ocupó en el mundo una vez; y por el hecho de que los españoles nunca se han resignado a esta pérdida de prestigio. Aunque no dejaría de ser extraordinaria una tan larga falta de resignación. Quizás el desmesurado egotismo de tantos españoles se pueda explicar en gran parte por ser muy frecuente entre ellos lo que hoy llamaríamos un agudo complejo de inferioridad. 

Si una persona se siente superior, pero no puede demostrarlo, oscuramente proyecta a veces hacia un lejano futuro, hacia un mundo distinto al de la realidad presente, el pleno desarrollo de esas posibilidades maravillosas que siente dentro de si encerradas. Eso sucede a menudo al español, y por eso su egotismo es un sentimiento que trasciende del ahora  y del aquí para instalarse en un ilusorio más allá, en un día indeterminado.

 

Quizá todo egotismo es siempre en cierto modo trascendente. Egotismo, ese brutal querer imponer el yo propio en otros, es tal vez, en realidad, ansia de infinito, deseo de permanecer, de no ser olvidado. Es un querer ser más, querer ser todo. Y si eso no es posible aquí y ahora, habrá de ser posible luego, en otro mundo. Ese proyectarse hacia un más allá es probablemente lo que distingue este egotismo, este sentimiento -hondo y entrañable siempre, por odioso que a los otros parezca- de la simple vanidad, que es un sentimiento más superficial que busca su satisfacción sólo en este mundo, sólo ahora y aquí. Y como dijo el poeta:  “Aunque llegues a lo más, / a lo más a que se llega / es a no poder llegar”.

 

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Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.

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 Gracias.
 
  

STENDHAL POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Lunes, Enero 21st, 2008
STENDHAL

(1783-1842)

 “Todo el que se suicida, se suicida por falta de imaginación.”

Stendhal          

 
LA VOZ MAS VERDADERAMENTE ROMÁNTICA

 

La obra narrativa de Stendhal es de capital importancia para la historia de la literatura universal. Fue considerado por Nietzsche el mejor novelista de su siglo, juicio que la crítica contemporánea no considera desorbitado. Escribió más para la posteridad que para sus contemporáneos (él mismo dijo que no sería comprendido hasta 1860 ó 1880), y su obra,  si bien fundamentalmente romántica, anticipa el realismo y psicologismo de la primera mitad del siglo XX.

 

Stendhal es una de las figuras decisivas para hacer una historia de lo que ha sido la educación sentimental . Por muy varios motivos. En un sentido es uno de los autores más verdaderamente románticos que han existido. Por otra parte vivió la plenitud de la vigencia romántica y llevó al asunto del amor una dedicación triple: la de su vida personal en primer lugar; la teórica o “ideológica” y escribió un famoso libro de pensamiento sobre la realidad amorosa; finalmente, la literaria, la de invención o recreación del amor de sus personajes de ficción, en las extraordinarias historias que compuso con  un maravilloso talento de narrador.

 

Stendhal, seudónimo de Henri Beyle, nace en Grenoble el 23 de enero de 1783 y muere en París el 23 de marzo de 1842. De origen burgués, quedó huérfano de madre a la edad de siete años.  Desde su adolescencia dio muestras de ser un espíritu inquieto y deseoso de aventuras. Fue admirador y partidario de Napoleón, a cuyos ejércitos se incorpora muy joven y con ellos fue a Italia, que tanto había de condicionar su vida, y en particular su experiencia amorosa. Cuando cae Napoleón reside en Milán, dedicándose a la música y la pintura y allí conoce a  Angiola  Pietragrua y más tarde a, Matilde Vicontini-Dembowski, con quienes mantiene  relaciones amorosas. Considerado sospechoso de carbonerismo, regresa  a París en 1821. Colabora  como crítico de arte y música de algunos periódicos y, tras el ascenso al poder de Luis Felipe es nombrado cónsul en Trieste  (entonces bajo dominio austriaco), no consiguió ser aceptado y fue cónsul en Civitavecchia, en los Estados Pontificios.

 

Stendhal se sintió disidente de la Francia de la Restauración y también de la monarquía de Orleáns, tras la revolución de 1830; despreciaba el mundo en que tenía que vivir, pero era irremediablemente francés. Estaba, en cambio, enamorado de Italia, y un poco irrealmente también de España. Estaba apasionado por la pasión, que encontraba en Italia y en España, frente a la estimación francesa del dinero y  la vanidad.  España se le presenta concentrada en Andalucía y vista por su amistad con Prosper Mérimée, que lo acercó a la condensa de Montijo y sus dos hijas, todavía niñas. La vida de Stendhal estuvo absorta en dos ocupaciones –y preocupaciones-: por una parte, la mujer y el amor; por otra, la literatura. “Se trata de un hombre  que ni verdaderamente amó –escribió Ortega y Gasset-, ni, sobre todo, verdaderamente fue amado. Es una vida llena de falsos amores”. En 1835, Stendhal da una lista de doce mujeres (y una de ellas aparece dos veces), que, dice, “han ocupado, literalmente, toda mi vida. Después de ellas, mi obras”.

 

 Antes de escribir sus novelas, Stendhal escribe un libro Del amor (1822). Este libro, que inicialmente no tuvo ningún éxito, ni apenas resonancia, fue luego famoso. El libro comienza clasificando cuatro amores diferentes: El amor-pasión, el amor-gusto, el amor físico y el amor de vanidad. Y al final del capítulo añade: “Por lo demás, en lugar de  distinguir cuatro amores diferentes, se pueden muy bien admitir ocho o diez matices”.

 

Stendhal inicia su carrera literaria con obras de carácter ensayístico relacionadas  con sus intereses musicales y con sus viajes: Vidas de Haydn, Mozart y Metastasio (1815) e Historia de la pintura en Italia (1817). Usó por primera vez el nombre de Stendhal para publicar  Roma, Nápoles y Florencia (1819). Su estudio Racine y Shakespeare (1823-1825), contiene una defensa del Romanticismo. En 1827 aparece Armance,  su primera novela, a la que siguió Vanina Vanini (1829). En 1830 publica una de sus dos obras maestras Rojo y negro y en 1836 La cartuja de Parma, en el que muestra tanta genialidad como en el libro anterior. También  hay que señalar Victoria Accaramboni (1837), Memoria de un turista (1838),  La abadesa de Castro (1839), así como las obras póstumas Lamiel (1889), Lacien Leuwen (1894) y las autobiográficas Vida de Henry Brulard (1890) y Recuerdos del egotismo (1892).

 Las novelas y sobre todo las dos capitales, son fundamentalmente historias de amor. Es el amor lo que hace vivir a los personajes y les da relieve. Acaso las novelas fueron la realización virtual imaginaria, de lo que le faltó en su vida. En todo caso, hay que incluirlas, y con pleno derecho, entre sus trayectorias, porque la vida no es solo lo  que hacemos, sino también lo que no hemos hecho pero hemos deseado fervientemente. Y como dijo el más verdaderamente romántico de los novelistas: “Todos los amores que se pueden ver en este mundo nacen, viven y mueren, o se elevan a la inmortalidad, según las mismas leyes”.    Francisco Arias Solis
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PEDRO JARA CARRILLO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Sábado, Enero 19th, 2008

 PEDRO JARA CARRILLO (1876-1927). “Yo soy de ese pueblo.Yo soy de ese pueblo que sufre y que callami voz es la suya, sus penas las mías,  mi llanto sus lágrimas.”

Pedro Jara Carrillo.

 
LA VOZ DE LOS SIN VOZ

 Recordar la labor creadora de este importante escritor nos parece no sólo un acto inaplazable de justicia literaria, sino también la posibilidad de volver a releer una obra variadísima, en la que abundan buenos poemas, meritorias narraciones y excelentes artículos periodísticos.  

Pedro Jara Carrillo nació en Alcantarilla, provincia de Murcia, el 11 de diciembre de 1876. Su infancia y primera adolescencia transcurren en su pueblo, hasta que cumple los quince años, en que se traslada a Murcia  para estudiar el Magisterio en la Escuela Normal, estudios que proseguiría cuatro años después en la Escuela Superior de Madrid. En el Diario de Murcia publica sus primeros poemas.

 

A su vuelta de la capital de España se instala en Murcia, donde suceden sus aventuras veinteañeras, acompañado siempre de que fue su mejor amigo y compañero Enrique Martí Ruiz-Funes. Precisamente este escritor nos ha dejado una romántica narración Nausica (Un amor escondido del poeta Jara) en la que se refiere a Devoción, el inolvidable primer amor de Jara, cuyo recuerdo el poeta expresaría en versos apasionados, sobre todo en sus primeros libros, desde Siemprevivas (1902) a Cocuyos (1905).

 

En 1911 Jara es nombrado director del diario El Liberal. Llegaba a este cargo con una amplia experiencia como periodista, pues ya en 1902 había dirigido El Correo de Levante, y posteriormente colaborado en otros diarios de la región. Fue además Jara concejal del Ayuntamiento de Murcia entre 1920 y 1923.

 

En ambas actividades, la de periodista y la de político, combatió siempre la injusticia, y puesto del lado del pueblo defendió siempre los intereses de los más desfavorecidos, así como contribuyó el embellecimiento de la ciudad. Pedro Jara Carrillo murió el 4 de octubre de 1927 en Murcia.

 La obra de Pedro Jara Carrillo hay que situarla dentro del medio ambiente literario de encrucijada en los primeros años de siglo. Por un lado la pervivencia de los viejos esquemas decimonónicos. De otra parte una línea de literatura regional de corte popular, donde las costumbres y tipos de la huerta y campo de Murcia tuvieron un protagonismo esencial. 

Es a partir de Besos del Sol (1912), cuando la poesía de Jara evoluciona a un más decidido modernismo de clara influencia rubeniana y, sobre todo del poeta malagueño Salvador Rueda. Pero, sin duda, uno de los factores más interesantes de la poesía de Jara es su variedad métrica, con una interesante combinación de lo culto y lo popular, junto con el empleo de diversas renovaciones métricas llevadas a cabo por el Romanticismo y el Modernismo.

 

De las seis breves piezas que constituyen la obra teatral de Jara hemos de destacar Un telegrama y Del retablo murciano. Pero en la faceta en la que más destacó Jara fue como periodista. Sus innumerables artículos reflejan el tesón y el espíritu combativo que poseyó nuestro autor. En sus crónicas de tema nacional, expresa su opinión sobre los problemas fundamentales de la nación y critica a los políticos que anteponen su propio provecho a los intereses generales, con un sentido tono regeneracionista. Y como dijo el poeta murciano: “Todo es lucha, / y es noble luchar; / es la ley eterna / de la humanidad. / En su lucha el alma / no cede jamás, / luchando siempre / por la libertad”.

 

Francisco Arias Solis
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HENRIK IBSEN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Sábado, Enero 19th, 2008
HENRIK IBSEN

(1828-1906)

  “Las verdaderas columnas de la sociedad son la verdad y la libertad. “Henrik Ibsen. LA VOZ DESPERTADORA DE LA INTELIGENCIA 

Ibsen ha sido uno de los más importantes creadores de la literatura moderna dramática, considerado el autor del teatro de ideas. Pensar en  Ibsen , resulta algo por el estilo de lo que es recordar a George Bernard Shaw , que ha seguido sus huellas, y a Unamuno. Los tres, son en grado superlativo, despertadores de inteligencias. Cualquier falta de integridad intelectual, ya evidenciaba en la vida de sociedad, ya en cada individuo, es blanco escogido por ellos para dirigir allí sus tiros. Pero Ibsen era por esencia un escritor de vena satírica, así como su consuegro, Björnson Björnstjerne, con quien compartió la primacía de la literatura noruega, era un apóstol de instintos constructivos y un ardiente poeta. El teatro de Ibsen es un exponente de la sociedad de su época, a la que el autor pretende modificar, y expresa el conflicto entre la autenticidad y la hipocresía. Su teatro se centra en la creación y tratamiento de grandes personajes, especialmente femeninos, y por la crítica a los prejuicios burgueses y al capitalismo.

           

Henrik Johan Ibsen nace el 20 de marzo de 1828 en  Skien, pequeña ciudad noruega, y muere el 23 de mayo de 1906 en Cristianía (actual Oslo). Sufre a  partir de los ocho años  una angustiosa pobreza, después de los desastres financieros que tuvo que padecer su padre. Ibsen, con catorce años, ingresa en un colegio religioso de Skien, que tiene que abandonar dos años más tarde, obligado por las necesidades económicas. Trabaja durante seis años  de aprendiz de farmacia en Grimstad. Termina sus estudios de secundaria y comienza sus estudios de Medicina, que no finalizará. Comienza a escribir algunos poemas y sus primeras obras dramáticas. Obtiene el cargo de director del teatro de Bergen poco después de publicar su primer drama Catilina en 1850, obra en cuyo desgraciado héroe revolucionario  surge ya el espíritu inquieto del autor, y después de desempeñar dicha dirección durante siete años, obtuvo otra la del teatro de Cristianía, empleo ocupó desde 1857 hasta que emprendió su viaje a Roma. Como Shakespeare, pues, adquirió consumada maestría en la técnica teatral y basándose en ella revolucionó el arte dramático en Noruega. En Bergen conoce a Susannah Thoresen, la hija de un clérigo, con la que contrae matrimonio en 1858. Su exilio voluntario duró veintisiete años, Ibsen reside en Roma, Dresde y Munich. En 1891, regresa definitivamente a Noruega y en 1895 fija su residencia en Cristianía. En 1900 sufre un primer ataque de apoplejía al que le sucederán otros  que irán minando su salud hasta dejarlo postrado en cama totalmente paralítico hasta su muerte.

 

Inicia su producción dramática bajo el influjo romántico de Hertz en Dinamarca y de Dumas, en Francia, en obras como La noche de San Juan (1853), tragedia melodramática, y piezas románticas como La fiesta de Solhaug, es decir, de la montaña llena de sol (1856), y Olaf Liliekrans  (1857), todas con muy pobres éxitos. En Roma atrae la atención de algunos críticos, publicando la serie de Los pretendientes (1864), Brand (1866), Peer Gynt (1865), y su Emperador y Galileo (1873). En esta última obra desarrolla teorías que son un compuesto de Ley y Libertad, lo cual parece ser la solución que él da al enigma de la vida.

 

El tema capital de sus obras, es en rigor, el adoptado por Unamuno: que el individuo, “el hombre de carne y hueso”, vale más que la masa, y que una mayoría, por muy compacta que se presente, raras veces tiene razón. En Las columnas de la sociedad (1877), atacó la hipocresía reinante en las altas esferas sociales, mientras que Las casas de las muñecas (1879), presentó el modo como la clase media trataba a las mujeres. Fiel a la teoría individualista de la vida, personifica en Nora la moral personal contra la moral social representada por Helmer, su marido, una de las “columnas de la sociedad”, y justifica la emancipación individual de la mujer, cueste lo que cueste.

 A la tempestad de críticas que levantaron estas obras y Espectros (1881), contestó Ibsen con Un enemigo del pueblo (1882), en  que el deseo, a lo Unamuno, de emancipación individual, llegó al límite extremo. No podía ya el realismo ir más lejos, y en su obra siguiente, titulada El pato silvestre (1884), Ibsen viró en redondo y comenzó un periodo en que dio rienda suelta a la imaginación y se dedicó a estudiar los rasgos psicológicos de grandes personalidades. Rosmersholm (1886) es una obra característica  de las de esta clase. Y una vez tornada esta nueva actitud imaginativa, que deja atrás la triste realidad, no faltaba ya más que dar un paso para llegar al simbolismo, y en Solness, el constructor (1893), drama simbólico, pinta la tragedia del genio que él personifica en un artista cuyas aspiraciones son, de puro altas inasequibles. En su obra final, Al despertar de nuestra muerte (1899), él mismo escribió el epílogo de su carrera literaria, la honda e impresionante confesión de su infelicidad. El estado de ánimo que revela es el mismo del Canto a Teresa, de Espronceda, una vana nostalgia por  aquel romanticismo color de rosa de los años juveniles, mezclado con las amargas reacciones producidas por la experiencia. Y como dijo el dramaturgo noruego: “Nuestra sociedad es masculina, y hasta que no entre en ella la mujer no será humana”.  

Francisco Arias Solis
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JACINTO DE SALAS Y QUIROGA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Sábado, Enero 19th, 2008

JACINTO DE SALAS Y QUIROGA (1813-1849) 

“Yo que, anegado en lágrimas, camino

sobre el suelo adorado en que naciera,no soy el infeliz que contaminocual dicen, con mi acento tu ribera.”

Jacinto de Salas y Quiroga.

 LA VOZ DE LA POESÍA DEL CORAZON 

Salas y Quiroga fue el primer romántico español que coleccionó sus poemas en volumen y su prólogo, en opinión de Allison Peers, “fue quizá el más audaz y explícito de todos los manifiestos románticos”. Y cuando feneció El Artista, Salas con un grupo de amigos fundó para sucederle, la revista mensual No me olvides, que aunque solo vivió unos meses es una de las más interesantes y curiosas para el estudio del Romanticismo español.

 

La literatura romántica reúne para Salas todas las excelencias, y el escritor le parece investido de una sagrada misión: “Nosotros -escribe en el editorial del número primero de la revista-, jóvenes escritores del No me olvides, no aspiramos a más gloria que la de establecer los sanos principios de la verdadera literatura, de la poesía del corazón, y vengar a la escuela llamada romántica de la calumnia…”

 

Jacinto de Salas y Quiroga nació en La Coruña el 14 de febrero de 1813. Huérfano siendo aún muy niño, fue enviado a Burdeos, con recomendaciones para la familia Cabarrús, donde continuó sus estudios que había comenzado en La Coruña y seguido en Madrid. En mayo de 1830, teniendo sólo diecisiete años, se embarcó para América, y después de recorrer varios países se estableció en Lima donde se dio a conocer como poeta. En 1832 regresó a Europa, y tras vivir algún tiempo en Inglaterra y Francia, volvió a Madrid. Liceísta con todos los poetas de la hora, colaboró en El Artista, publicó el referido volumen de Poesías y fundó No me olvides, en cuyas páginas colaboraron Zorrilla, Pastor Díaz, Espronceda, y comenzaron a hacer su carrera poética Gil y Carrasco y Campoamor. En 1839 viajó de nuevo a América con un puesto diplomático oficial; residió cinco meses en Puerto Rico y recorrió las Antillas. Al regresar a Madrid publicó un libro de Viajes y un segundo libro de versos, Mis consuelos, y fundó una nueva publicación La Revista del Progreso. Colaboró por entonces en las principales revistas y periódicos, y en 1848 publicó una importante novela, El Dios del siglo. En 1849 murió en Madrid en plena juventud.

 En lo que concierne a la literatura española Salas cree que el influjo francés ha sido, en conjunto, perjudicial para nuestras letras, sobre todo en la poesía, y preconiza el estudio de nuestros clásicos. 

Salas y Quiroga acoge en sus versos todos los temas del Romanticismo, pero posee en los momentos más felices acentos propios y motivo de inspiración preferentes y característicos, que configuran su personalidad. la soledad y el amor. Salas, como dijimos perdió a sus padres en edad muy temprana, y luego también a sus varios hermanos; por ello, su poesía está empapada de un hondo sentimiento de desamparo, de ausencia, de orfandad, de ansia de amor que colme el vacío de su vida. Y esta nostalgia la expresa Salas en un tono suave, de queja dolorida y melancólica, sin los tremendismos ni trompeterías que tanto prodigan otros muchos poetas de su tiempo. Los títulos de sus composiciones indican ya la tonalidad del poeta gallego: Himno de amor, El amor del poeta, Ni esperanza, Ruega por mí, A Galicia, Así la amé. En los últimos años de su vida compuso Salas el poema autobiográfico Leonardo empapado de irónico escepticismo, del que reproducimos unos sentidos versos: “¿Quién? ¿Yo qué soy? ¿Qué espero? ¿En dónde vivo? / Soy tierra calcinada que vegeta. / ¿Qué espero yo? El martirio del poeta: / Vivo entre cieno que fermenta el sol”.

 Francisco Arias Solis
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EL ANTIFAZ POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Viernes, Enero 18th, 2008
EL ANTIFAZ

 “Y pues las palabras,  gastadas perdieron,  cual monedas viejas,  el tipo y el precio,  basta de palabras … ¡Música maestro!

Manuel Machado.

 TODO ES CASI LO MISMO EN CADIZ  

No sé si alguien ha dicho que es la ironía un antifaz del pensamiento. Como el antifaz de un rostro humano: antifaz de ironía. Antifaz del pensamiento. O del sentimiento. Quizá también de enamorados. Enamorados de las cosas, de las palabras.

 

Antifaz para los que no se quieren repetir por no poderse suceder. “Yo me sucedo a mí mismo”, había dicho Lope. Cádiz se sucede a sí misma, sin repetirse. Cada año, cada carnaval.

 

Sí sé que alguien ha dicho que el que no sabe repetir es un esteta y que solamente el que sabe repetir es un hombre. Se diría, sin embargo, que es un hombre no aquel que sabe repetir o repetirse, sino el que sabe suceder o sucederse. El que sabe lo que sucede cuando nada, o todo, le pasa. Porque hay hombres de repetición como los relojes: que dicen y hacen la misma cosa cuantas veces se quiera. Y aún los hay, como los relojes, de cuco. No son hombres, son máquinas. Y el reloj que nos mide el tiempo, no nos lo dice, no nos lo transparenta como el cristal vivo del poeta, no nos lo da a entender. Porque no nos lo da, nos lo quita. El reloj no nos da la hora, no las quita. Es ladrón del tiempo. “Ladrón del tiempo con disfraz le llamo”, nos dirá Lope.

 

La historia no es historia, como el reloj, porque se repite, sino como el hombre porque se sucede. La historia no nos quita el tiempo: nos lo da.

 

Pasar y suceder son diferente cosa. Y creo que en Cádiz, donde no pasa o no pasaba nada nunca, sucede siempre todo. Lo que queda de esta ciudad no es lo pasado de ella o lo pasado en ella, sino lo que en ella está siempre sucediendo.

 Todo es casi lo mismo. La gran palabra, la nuestra, la de nuestra época que lo coge y atruena todo … es la palabra casi. Más breve: palabra-casi, casi-palabra… Aquí, casi en el inicio de un nuevo siglo, casi al comienzo del nuevo año sucede casi todo. Un paro casi general. Una casi seguridad de ser libres algún día, en la cuna de la libertad, donde es casi seguro que se seguirá luchando por la libertad. Pobreza en casi todos los sitios. Drogas que nos sitian a casi todos. Emigrantes que mueren  en casi toda la costa gaditana. Políticos casi de centro. El centro casi sin políticos. Partidos casi iguales. La desigualdad casi en todas partes. Vías del tren que pasan casi soterradas. Trenes que casi no pasan por las vías. Unas vías casi inutilizadas y casi a punto de ser de alta velocidad. Una Mancomunidad, la de la Bahía, que no acaba de nacer y está casi enterrada. El casi, en fin, en las cosas más pequeñas. Peñas, que dicen que son casi bares y bares casi vacíos, un palacio de congreso casi estrenado y casi sin utilizar, una ciudad casi sin zonas verdes, casi sin industrias, casi sin viviendas, casi sin habitantes; todo a medio hacer…, hasta en los edificios el casi… Por todos partes un justo medio que no es otra cosa que un casi mal disfrazado. Pues el antifaz es un casi como el espejo mismo. El antifaz no nos tapa el rostro del todo, sino casi. Por eso no engaña a los ojos del todo como la máscara de verdad, sino casi engaña dando al rostro humano una casi verdad más mentirosa que la mentira misma; que la máscara que lo oculta o lo escamotea completamente.  

Para los gaditanos ya no debe haber casi que valga. Ni casi verdades ni medias verdades. Debe haber todo o nada. Cara a cara. Y sin antifaz. Y como dijo el poeta: “¿Dijiste media verdad? / Dirán que mientes dos veces / si dices la otra mitad”.

 

Francisco Arias Solis
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  Sus palabras son bellas… pero luego no cumplen sus promesas.

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