Archive for Diciembre, 2007

LORD BYRON POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Lunes, Diciembre 31st, 2007

 LORD BYRON (1788-1824) “No me habléis del frío del Norte no me habléis de inglesas damas no habéis visto, no habéis visto a la gentil gaditana”.

Lord Byron.

 

LA VOZ DE UN ENAMORADO DE ESPAÑA

 

Lord Byron es el auténtico paradigma del artista maldito, una figura que se había impuesto con el romanticismo y a la que el poeta inglés brindó mejor que nadie su ejemplo y su figura. Su extraordinario talento literario le convirtió en el escritor más famoso de Europa; sus obras fueron traducidas a todas las lenguas y las cifras de ventas que alcanzaron fueron astronómicas para aquellos tiempos y aun para los actuales; pintores y músicos de la talla de Delacroix, Tchaikovski, Schumann o Berlioz se inspiraron en sus poemas dramáticos.

 

En la actualidad muy pocos lectores españoles conocen su obra y el nombre de Lord Byron sólo evoca la imagen de su apostura y de las circunstancias noveleras de su ajetreada existencia y de su muerte prematura en Missolonghi, adonde había ido a luchar por la causa de la libertad.

 

Podría decirse que Byron ha descubierto, ha inventado la poesía moderna, como Goya la pintura. El mismo Goethe nos dice: “Byron es, sin contradicción posible, el mayor talento poético del siglo. Además, Byron, no es ni antiguo ni romántico: es como el día de hoy, presente actual”.

 

Byron es el poeta del presente, nos dice Goethe -que lo conoció, que lo entendió mejor que nadie-: es el poeta “del día de hoy”, de nuestro hoy, en cualquier tiempo. Sus fantasmas: Caín, Manfredo, Lara, Sardanápalo, Don Juan… pasan; su voz, su única voz, queda. En este sentido, la voz de Byron es eterna: temporalmente eterna.

 

“Mi música tiene notas misteriosas -escribía Byron- y hay, además, en ella, muchas frases que sólo pueden comprender los iniciados”. ¿Frases musicales solamente? “A veces he creído que los ojos oyen…”, afirma nuestro poeta. ¿Qué música aprendieron sus ojos en nuestra tierra? ¿Qué música aprendieron su oídos en esta vieja tierra del Sur? ¿Qué luces aprendieron sus oídos? Byron visitó Sevilla en el verano de 1809, cuando esta ciudad del Betis era la sede del Gobierno y el cuartel general de la Guerra de la Independencia. Después de una breve estancia en Utrera y Jerez, nuestro poeta arribó a Cádiz. “Muchos de los nobles que han abandonado Madrid -escribió Byron- durante los disturbios residen allí”. En El Puerto de Santa María presenció una corrida de toros, cuyo colorido quedó fijamente grabado en su retina. Cádiz es objeto de repetidas alabanzas. “Yo diría -escribía Byron- que es la ciudad más bonita y más limpia de Europa”. Parece ser que la hija del almirante de Córdoba, con la cual trabó amistad fue la que le inspiró la poesía The Girl of Cadiz (La joven de Cádiz). A su madre le hace la siguiente descripción de la joven: “Es muy bonita dentro del estilo español, y en mi opinión de ningún modo inferior a las inglesas en encanto y definitivamente superior en fascinación”. Cuando abandona Cádiz rumbo a Gibraltar, Byron tuvo el honor de comer con el general Castaños en Algeciras.

 

Byron debió contagiarse en Sevilla, en Utrera, en Jerez, en El Puerto de Santa María, en Cádiz y en Algeciras del duende andaluz, que también coincidía, por el canto, con el hondo gemido, lamento, de su voz más viva. ¡Qué bien bailado, y casi toreado, está el primer canto a la española de Don Juan! Creemos que su inventor español, nuestro Tirso, se habría sentido encantado de ver bailar así a su Don Juan. Ningún don Juan tan hoja en el viento como el byroniano, tan fuerza del sino, tan a la ventura de verdad, tan juguete del viento de verdad, tan de verdad Don Juan.

 

La voz que se apagó en Grecia, el 19 de abril de 1824, consumida por su propia fiebre: la de su hermosa rebeldía -rebeldía contra todas las tiranías: la de la injusticia como la de la mentira, la del mal o de la maldad, la del odio, la de la indiferencia, la del miedo…-, esa voz había dicho cantando nuestra España en el peregrino cantar del joven Harold, que el día que España fuese libre, serían libres en el mundo muchos más millones de seres humanos.

 

En una carta a Hodgson había escrito: “Volveré a España antes de regresar a Inglaterra, porque estoy enamorado de este país”…

 

Terminaremos este recuerdo a Byron con la voz del propio Goethe: “No estarás solo -donde quieras que estés- porque creemos conocerte… En los días que viviste, en la felicidad como en el dolor, tus cantos fueron como tu corazón, hermosos y grandes”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

WIKIPEDIA:

JOSE MARIA PEMAN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Lunes, Diciembre 31st, 2007
 
JOSE MARIA PEMAN

(1897-1981)

 “Hay que morir sin compañía… Esposa mía y compañera. tuya es mi vida toda entera, ¡pero mi muerte es sólo mía!”

José María Pemán.

 LA VOZ DEL SALINERO MAYOR DE ANDALUCIA Pemán es uno de los escritores españoles que más eco multitudinario ha tenido en nuestro país en los últimos tiempos de la dictadura. Lo cual, si primero fue por razones ideológicas y políticas y partidistas, luego ha sido también por su evidente y atractiva capacidad laboral en materia literaria.  

José María Pemán y Pemartín nace en Cádiz el 8 de mayo de 1897. Estudia Derecho en la Universidad de Sevilla y se doctora en la Universidad de Madrid. Se inicia como periodista en El Debate. Verdadero vate de la España nacionalista, llegó a ser denominado “poeta alférez”. A los veintitrés años ingresa en la Academia Hispanoamericana de Cádiz y a los treinta y siete es académico de la Real Academia de la Lengua, de la que ha sido también presidente. De línea política bien definida desde mucho antes de 1936, Pemán formaba parte del equipo del dictador Primo de Rivera. Candidato gaditano a Cortes en las elecciones de 1933, junto con José Antonio. Durante la guerra civil es consejero nacional y presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza (equivalente a ministro de Educación). Pemán fue nombrado doctor “honoris causa” de la Universidad de Santo Domingo; miembro numerario de la “Hispanic Socièty”, de Nueva York, y académico correspondiente de las academias de Lisboa, Buenos Aires, Puerto Rico y Cuba. También de la Academia de Bellas Artes de San Telmo, de Málaga, y Presidente de Honor de la Sociedad General de Autores de España. Además del premio Espinosa Cortina, la máxima recompensa española para obras teatrales, y el premio Mariano de Cavia, el máximo galardón para artículos periodísticos; fue galardonado en 1954 con el premio March de literatura. José María Pemán falleció en Cádiz el 19 de julio de 1981.

 

La obra de Pemán abarca un extenso campo. Fecundo dramaturgo y fácil poeta; sin embargo, su faceta más brillante es la de orador y, sobre todo, la de periodista, género en el que su ingenio andaluz y erudito, le hacen maestro de la lengua.

 Pemán alcanzó notoriedad político-literaria en 1932, con su drama El divino impaciente, y poco después con otros de tipo también histórico, Cisneros  y Cuando las Cortes de Cádiz. Más de medio centenar de obras ha escrito Pemán para el teatro, de las cuales citaremos: Noche de levante en calma, Julieta y Romero, La santa virreina, El testamento de la mariposa, Metternich, Yo no he venido a traer la paz y Juan sin versos, La casa, Vendimia, La verdad, El gran cardenal, Paños de lágrimas, Callados como muertos, Semana de Pasión, En la tierra de nadie, Hablar por hablar, Los tres etcéteras de don Simón, La viudita naviera. Otra faceta muy característica del teatro de Pemán ha sido una reelaboración de los mitos clásicos. Inició esta línea con Antígona, siguiendo Tyestes y Edipo. De Shakespeare adaptó libremente en verso Julio César y Hamlet; el primero fue representado en el Teatro Romano de Mérida. En las ruinas romanas de Sagunto se representó también su tragedia La destrucción de Sagunto. Entre los títulos más relevantes de su obra poética se cuentan De la vida sencilla, Nuevas poesías, A la rueda, rueda, Señorita del mar, El barrio de Santa Cruz, Poema de la Bestia y el Ángel, Por Dios, por la Patria y el Rey, Poesía sacra, Las flores del bien. Con suma fluidez ha pintado Pemán la vida social elevada en la novela Señor de su ánimo, y otros relatos, llenos de gracia e ironía, como el Romance del fantasma y Doña Juanita, acreditan su pluma de narrador. Otras novelas importantes son: Un laureado civil, Cuentos sin importancia, De Madrid a Oviedo pasando por las Azores, El vuelo inmóvil, La noche de San Martín. Aunque Pemán ha escrito muchos ensayos sobre temas muy variados, sólo citaremos Cartas a un escéptico en materia de formas de gobierno, El hecho y la idea de la unión patriótica, Inquietudes de un provinciano, La eternamente vencedera, Un soldado en la historia, Felipe II. Entre sus obras últimas se cuentan Mis almuerzos con gente importante, El español ante el diluvio y El Séneca. Nada hay en ellas que tenga ni sombra de trascendencia aburrida, sino de trascendencia bien humorada. El Séneca es la más popular de todas las creaciones de Pemán.  

Pemán ha pronunciado centenares de discursos políticos, académicos, panegíricos y de circunstancias. Se le reprocha cierto barroquismo y exuberancia lírica en la oratoria. Biografías, libros de viaje, crítica, nos darían para extendernos mucho sobre las obras de Pemán. Pero no queremos cerrar esta nota sin hacer mención de sus admirables cualidades de periodista. En la historia del periodismo español raramente un periodista habrá llegado con tal facilidad a un público tan amplio.

 

”Superando toda la obra de Pemán -decía Manuel Machado-, Las flores del bien es cumbre de su obra lírica… y cumbre de la poesía española de todos los siglos. Es la obra clásica y madura de la poesía contemporánea”. Y otro gran poeta andaluz, Vicente Aleixandre nos dice: “En las letras españolas ejemplos de apertura ha habido, y yo quiero mencionar sólo a otro andaluz, don Juan Valera. Pero si hubiera que elegir un ejemplo moral de esta apostura creo que habría de bajar de Córdoba hasta Cádiz, y allí ver cómo se adelanta la figura que yo llamaría velazqueña de José María Pemán”. Y el poeta Dámaso Alonso expresaba en una revista poética malagueña de la manera más sencilla su “admiración por este gran literato español, cuyo enorme talento se ha vertido en tantas formas distintas: en drama, en novela, en ensayos, en discursos, en conferencias, poeta siempre, creador de bella y penetrante emoción en sus versos líricos y en toda su obra”. Y como nos dijo el poeta malagueño Manuel Alcántara: “A Cádiz le llaman Cádiz / y a la bahía, bahía. / A Cádiz le llaman Cádiz / y a veces, José María”.

 Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

 No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 

Gracias.

 

ANDRE BRETON POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Domingo, Diciembre 30th, 2007

  

ANDRE BRETON

(1896-1966)

 “Mi mujer con ojos llenos  de lágrimasCon ojos de panoplia violeta y de aguja imantadaMi mujer con ojos de sabanaMi mujer con ojos de agua para beber en prisiónMi mujer con ojos de leña siempre bajo el hachaCon ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego”

André Breton.

 LA VOZ DEL SURREALISMO  

Sin el esfuerzo lúcido de Breton, sin ese espíritu que condujo al surrealismo a numerosas crisis, expulsiones y rectificaciones, sin esa rigidez que le valieron no sólo la pérdida de muchos de sus mejores amigos sino también apodos como “gran inquisidor”, “dictador”, “pontífice”, “Papa negro”, pero que no le apartaron básicamente de su idea original, el surrealismo hubiera sido un movimiento más en el contexto de las vanguardias.

 

Breton fue el pionero de los movimientos antirracionalistas en el arte y la literatura conocidos como dadaísmo y surrealismo, surgidos del desencanto generalizado con la tradición que definió la época posterior a la I Guerra Mundial. El mismo Tristán Tzara señaló: “El surrealismo salió de las cenizas de dadá”. El poeta André  Breton fue el principal promotor del surrealismo, que antes había sido uno  de los puntales del movimiento dadá, en el que preconizaba la risa, la burla y la negación de todo valor artístico y literario, esto es anticompromiso por antonomasia. André Gide, el más agudo observador de todos estos movimientos de renovación por los que atravesó la literatura francesa, definió así el dadaísmo: “Dadá es el diluvio tras el cual todo renace”. El estudio por Breton de las obras de Sigmond Freud y sus experimentos con la escritura automática, escritura libre de todo control de la razón y de preocupaciones estéticas o morales, influyeron en su formulación de la teoría surrealista. Breton expresa sus opiniones en Littérature, la principal publicación surrealista, revista en cuya fundación colaboró y de la que fue su editor durante muchos años, y en los Manifiestos Surrealistas. “Automatismo psíquico puro por el cual alguien se propone expresar verbalmente o por escrito,  o de cualquier otra manera –nos dijo Breton-, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento, en ausencia de cualquier control ejercido por la razón, al margen de toda preocupación estética o moral”.

 

André Breton nace en Tinchebray, Orne, el 18 de febrero de 1896 y muere en París el 28 de septiembre de 1966. Miembro de una familia modesta, comenzó a estudiar medicina por presiones familiares. Realizó estudios de psiquiatría y leyó con devoción las obras de Sigmond Freud. Fue amigo de Guillaume Apollinaire y tuvo relación con Tristán Tzara y el movimiento dadaísta. Después de su experiencia en hospitales psiquiátricos durante la primera guerra mundial, comenzó a realizar experimentos sobre los límites de la conciencia y los fenómenos de disociación psíquica y de expresión automática. En 1924 escribió el primer Manifiesto del surrealismo, en el que asienta el principio del automatismo psíquico  como medio de expresión  artística, y al que se adhirieron entre otros, artistas como Paul Eluard, Louis Aragon, Max Ernst, Salvador Dalí y Luis Buñuel, y en 1929 el Segundo manifiesto. Militó en el Partido Comunista desde 1927 a 1935 y se esforzó por unir el movimiento surrealista a la idea de revolución social. En 1934 contrajo matrimonio con Jacqueline Lamba,  El 4 de mayo de 1935, llegaron a Tenerife André Breton, Jacqueline Lamba y Benjamín Péret, invitados por el grupo de la Gaceta de Arte, el día 11, del mismo mes, se inaugura la Exposición Surrealista en la capital tinerfeña. En 1937 Breton viaja a México donde conoce a Trotski e influido por el trotskismo redacta una nueva toma de posición con el título de Manifiesto por un arte revolucionario independiente. En su exilio en Nueva York publica su Tercer manifiesto surrealista. Allí conoce a su segunda esposa, Elisa. Regresa a París en 1946, donde diez años más tarde funda una nueva revista, Le Surrealisme Même, siguiendo luchando por el surrealismo hasta su muerte.

 

Sus obras principales son: Los campos magnético (1920), reflejo de sus experimentos de escritura automática; Los pasos perdidos (1924), Legítima defensa (1926), la novela Nadja (1928) y los libros Los vasos comunicantes (1932), en colaboración con Paul Eluard, Posición política del superrealismo (1935), El amor loco (1937), Antología del humor negro (1940) y El surrealismo y la pintura (1940). Gran parte de su poesía ha sido recogida bajo el título genérico de Poemas (1948). Poseedor de una sorprendente capacidad crítica, Breton reflexiona a lo largo de toda su obra sobre las condiciones de la producción literaria, la función del sueño y la aspiración revolucionaria. Su obra literaria más importante es Nadja, cuyo personaje, espejo de la actitud surrealista, fluctúa entre la razón y la locura, el ensueño y el sentido común.

                       

El surrealismo es como una revolución importante y profunda. A  cualquier artista, a cualquier intelectual de nuestro tiempo el fenómeno surrealista le ha llegado, le ha influido de alguna manera. Su conexión con el “dadaísmo” en el nacimiento del siglo XX, hasta los años 20 de París y de Breton y de Aragón…, situará a este movimiento como un fenómeno del siglo XX. No sé si como proceso revolucionario desde una violenta destrucción, en el surrealismo todo es arte en sí. Se podría decir que de ese entorno violento y revolucionario sale el arte más limpio, más auténtico, más creativo, más puro. Quizá ese surrealismo del que  su gran Papa, André Breton, dijo: “que no pretendía solucionar ningún problema”, soluciona muchos sin pretenderlo.

 

Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

  

Siempre podemos hacer algo por la paz y la libertad.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 

Gracias.

   

MARIA ISIDRA QUINTINA DE GUZMAN Y LA CERDA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Domingo, Diciembre 30th, 2007

  MARIA ISIDRA DE GUZMAN (1768-1803) “Yo, indulgente más que justo, en sus obras quiero hallar algo que pueda alabar; pero no logro ese gusto.”  R. J. de Crespo. LA VOZ DE LA PRIMERA ACADEMICA 

Entre las mujeres españolas del siglo XVIII de sólida cultura se acostumbra a citar antes que a ninguna a “la doctora de Alcalá”, sin duda porque este título le dio una fama de las que otras carecieron.

 

Mas esta preferencia es a todas luces arbitraria, ya que María Isidra de Guzmán no sólo no ha dejado ninguna obra que merezca la admiración de la posteridad (no pueden considerarse como tales sus Oraciones a la Academia Española, a la Real Sociedad de Amigos del País, y menos aún las décimas con que agradeció al Rey una cruz concedida a su marido), sino que se haya cumplidamente demostrado que sus traducciones de los clásicos griegos fueron hechas de una versión francesa.

 

María Isidra Quintina de Guzmán y la Cerda, hija de Diego de Guzmán,  conde de Oñate, y de María Isidra de la Cerda, condesa de Paredes, nació en Madrid el 31 de octubre de 1768. El 9 de septiembre de 1789 se casó con Rafael Alfonso de Sousa, marqués de Guadalcázar e Hinojares, con quien se trasladó a Córdoba, donde murió el 5 de marzo de 1803, siendo enterrada en la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas.

 

Por su rango, María Isidra vivía muy cerca de Carlos III, quien le había cobrado, desde niña, singular cariño; quizá no le desagradase tampoco, a este monarca, por aquello de que nunca amarga un dulce, y de que las lisonjas raras veces molestan, encumbrar oficial y académicamente a una muchacha, cuyo vivo ingenio le deparaba las flores de los más rendidos ditirambos. El hecho es que Carlos III quiso ver a María Isidra doctora, para ello,  por orden expresa del Rey (cual consta en una esquela de mano de Floridablanca, y en una reales cédulas) el Claustro de la Universidad de Alcalá examinó a la joven, para ver “si la consideraba acreedora a la investidura de los grados de doctora en Filosofía y Letras Humanas”.Tras examinarse es nombrada doctora, el 6 de junio de 1885, en un acto en el que se suprimió el abrazo que el rector y los doctores debían darle en señal de fraternidad,  se supone que por motivos de “decencia”.

 ¿Cómo no iba a declararla el Claustro acreedora a éstos y a cuantos títulos quisiese el Rey? He aquí, pues, a María Isidra,  doctora,  a los diecisiete años,  por la Universidad de Alcalá -investidura que se celebró con inusitada pompa, el claustro acuñó incluso una moneda de plata-, académica de la Española y miembro de la Sociedad Económica matritense. Todo lo cual cabe suponer que con gran satisfacción por parte de Carlos III, a quien, en su discurso de ingreso en la Económica, mostró su gratitud en estos términos: “El gran Carlos III, que excediendo a Camilo en el amor a la patria, a Torcuato en la igualdad de la justicia, y en el desvelo a Temistocles…” 

Los que no recibieron  de  “la doctora de Alcalá” semejantes alabanzas, no pudieron por menos de considerar cuán caprichosa puede resultar la fama que aureola a una erudita, aunque no dejemos de reconocer sus méritos y las múltiples dificultades que tuvo que vencer en su época  por su condición de mujer.

 Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aariasWIKIPEDIA: Posted in General | No Comments »

ANTONIO DE TRUEBA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Sábado, Diciembre 29th, 2007

ANTONIO DE TRUEBA

(1819-1889) 

                                                                       

“Es menester que compongas,Señor, un poquito el mundo,porque se ha deterioradode tal modo, con el uso,que el enterrador de Güeñesanda vestido de luto,porque hace más de dos añosque no se ha muerto ninguno.”Antonio de Trueba.  LA VOZ DE ANTÓN EL DE LOS CANTARES  

Escritor vizcaíno que alcanzó gran notoriedad en el siglo XIX, Antonio de Trueba,  con sus famosos cuentos realizó en el Norte de España una labor algo parecida a la de Fernán Caballero en el Sur, siendo muy leído;  y al igual que Rosalía de Castro en sus Cantares gallegos, recopila cantares sobre conflictos humanos y pequeños episodios que parafrasean o glosan canciones populares de su tierra natal. De formación autodidacta, tenía gran fecundidad literaria. Canta en sus poesías los sentimientos sencillos y espontáneos del amor a la familia, al hogar, a la tierra, etc. Y como nos dijo el propio poeta vasco: “Fue autor de cantares y narraciones vulgares el que pensaba ser labrador”.

 

Antonio María de Trueba y de la Quintana, conocido también como Antón el  de los Cantares,  nació en Montellano, Vizcaya, el 24 de diciembre de 1819.  Hijo de humildes campesinos,  se sintió atraído desde niño  por la literatura al oír los romances de ciego, pero tuvo que abandona pronto la escuela para cultivar la tierra y trabajar en las minas de su tierra natal. Al cumplir los quince años  marchó a Madrid para evitar la primera Guerra Carlista. Según nos cuenta Trueba,  en uno de sus cuentos: “Veinte fusiles se alzaron por un movimiento instintito y sin obedecer a voz de mando alguna, y Carmen cayó atravesada de balazos al expirar en sus labios el grito de ¡Viva Carlos V! como su padre había caído al expirar en los suyos el de ¡Viva Isabel II! Mi madre que también había caído sin sentido casi al mismo tiempo, cuando le recobró, exclamó dirigiéndose a mi padre con las manos juntas, en señal de entrañable súplica, y los ojos ciegos de lágrimas: -¡Manuel, vendamos lo poco que tenemos para enviar a este pobre hijo de nuestra alma a donde Dios le libre de la suerte que aquí le espera! Quince días después iba yo camino de Madrid, destinado a la tienda y almacén de ferretería que en la calle de Toledo, número 81, tenía don José Vicente de la Quintana, primo de mi madre y hermano del venerable párroco de mi aldea y vicario del partido eclesiástico a que ésta pertenecía”. En la ferretería robó tiempo al sueño para leer a nuestros escritores románticos. En 1845 consigue un puesto burocrático en el Ayuntamiento de Madrid, lo que le permite más tiempo libre para dedicarse a la literatura. En 1851 publicó su primer libro, El libro de cantares, que le dio a conocer en los ámbitos literarios, al tiempo que inicia  sus colaboraciones en La Correspondencia de España, Correo de la Moda, El Museo Universal  y La Ilustración Española y Americana. En una piso  madrileño  comparte esperanzas y amarguras con Luis de Eguílaz, el pintor Germán Hernández y algunos más, y en un local de veladas poéticas leían sus composiciones Trueba, Núñez de Arce, Pedro Antonio de Alarcón, Eulogio Florentino Sanz… El escritor vizcaíno  también frecuentó la tertulia del Café de la Esmeralda –en la calle de la Montera-. Trueba inicia la publicación de sus cuentos, género en el que llegó a ser maestro,  en los que narra los aspectos amables de la realidad. Algunos de ellos, alcanzaron gran popularidad y están recogidos en diversos volúmenes: Cuentos populares (1853), Cuentos de color de rosa (1854), Las hijas del Cid (1859) y Cuentos campesinos (1860).   Muchos de estos cuentos tienen como escenario ambientes rurales del País Vasco.

 

En 1862, las Juntas Generales de Vizcaya proclamaron a Antonio de Trueba,   Cronista y Archivero del Señorío, lo que determinó que el escritor se trasladara a Bilbao para el desempeño de sus funciones, y donde,  pese a reconocer su precaria formación histórica, se dedicó a recopilar información para escribir “una modesta historia general de Vizcaya”,  que los disturbios políticos le impidieron concluir. A esta época pertenecen sus obras, Capítulos de un libro, sentidos y pensados viajando por las Provincias Vascongadas (1864), Defensa de un muerto atacado (los Fueros) por el Exmo. Sr. D. Manuel Sánchez Silva (1865), la novela histórica La paloma y los halcones (1865),  Cuentos de varios colores (1866),   El libro de las montañas (1867), Bosquejo de la organización social de Vizcaya (1870), El molinerillo (1871), La familia cristiana (1871-1872), Resumen descriptivo e histórico de M.N.. y M.L. Señorío de Vizcaya (1872) y la novela costumbrista El gabán y la chaqueta (1872).

 

Tras el paréntesis de la II Guerra Carlista, que hubo de marchar a Madrid (1873) acusado de una supuesta simpatía hacia el carlismo, volvió a Bilbao donde fue rehabilitado, nombrado Padre de la Provincia (1876) y sigue publicando un buen número de obras: Narraciones populares (1874), Exposición dirigida a las Cortes de la Nación por las Diputaciones de las Provincias Vascongadas en 16 de junio de 1876 (1876), Curiosidades histórico-literarias de Vizcaya (1878), Cuentos de madres e hijos (1878), Arte de hacer versos al alcance de todo el que sepa leer (1881), De flor en flor (1882).

 

Entre sus obras póstumas destacan: El libro de los recuerdos (1898), Cuentos populares de Vizcaya (1905) y Cuentos de vivos y muertos (1909).

 

Antonio de Trueba elevó varios memoriales a las Cortes, en relación con  lo que el consideraba, en defensa de las Tradiciones Vascongadas. “Terminada la guerra (la tercera guerra carlista) –escribía el escritor vizcaíno-,  Don Antonio Canovas del Castillo, ansioso de popularidad, creyó excelente medio de alcanzarla la presentación a las Cortes de un proyecto de ley abolitorio de los fueros vascongados, y en efecto se presentó, y apenas hubo senador ni diputado que se atreviera a arrostrar la impopularidad de negarle su voto”.

 

En uno de los edificios de la plaza elegante y recoleta de los Jardines de Albia de Bilbao, falleció Antonio de Trueba el 10 de marzo de 1889 y en dicho lugar, el 10 de noviembre de 1895, se erigió en su honor,  una estatua sedente realizada por Mariano Benlliure, que se costeó con los fondo recaudados entre los vascos de América y de Bizkaia. Y como dijo tan ilustre escritor vasco: “La guerra, que Dios maldiga, y sobre todo la guerra civil, no tiene entrañas ni conoce la justicia”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

  En Navidad,

Paz y Libertad. 

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 

Gracias.

            

VICENTA MATURANA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Sábado, Diciembre 29th, 2007

VICENTA MATURANA Y VAZQUEZ (1793-1859). “Soy mujer, y también tengo mi malicia sin segunda,  y como hijita de playa  algo de sal en mi pluma.”

Vicenta Maturana.

 LA VOZ SALEROSA DE UNA ROMANTICA. “Cádiz fue su cuna -escribía Adolfo de Castro y Rossi, escritor gaditano y director del Diario Constitucional de Cádiz-; Cádiz, donde la vivacidad de ingenio no es mérito, sino naturaleza…”.  

Vicenta Maturana y Vázquez  nació en Cádiz el 6 de julio de 1793. La carrera militar del padre, Mariscal de Campo, Caballero de la Orden de Calatrava y director general de Artillería, determinó el futuro de la niña, que tuvo que sufrir los inevitables traslados familiares impuestos por los sucesivos destinos del padre. A los cuatro años tuvo que abandonar su ciudad natal para residir en Madrid, donde recibió una educación fuera de lo ordinario en esa época. Estudió lengua francesa, baile y dibujo. En 1807 vivía con su familia en Sevilla, donde era llamada la Terpsícore del Betis, por su destreza en el arte de la danza.

 

Siendo todavía niña, escribía pequeños poemas y, según Adolfo de Castro, hubo de enfrentarse a la oposición de sus padres, que no consideraban fuera éste, un pasatiempo adecuado para una señorita. Ella misma, en el prólogo de su libro Ensayos Poéticos, confiesa su afición decidida por la poesía pero dice: …”afición que no ha sido de ningún modo cultivada, me he dejado dominar de ella para pintar mis propios sentimientos”.

 En 1809 murió el Mariscal Maturana en la batalla de Bailén y su familia tiene que huir a Lisboa. Allí murió a los seis meses de su llegada la madre de Vicenta, y ésta permaneció sola en aquella ciudad hasta 1811 en que vuelve a residir en España. A partir de este año comienza a percibir una pensión vitalicia, por los méritos contraídos por su padre durante la Guerra de la Independencia, y en 1816 fue nombrada camarista de la reina María Josefa Amalia de Sajonia, hasta 1820 en que se une en matrimonio con el Coronel José María Gutiérrez Pérez Gálvez, oficial de la Secretaría de Guerra, y que trece años después lucharía en las filas de ejército carlista. 

En 1814 y hasta 1819 comienzan a aparecer en el Diario Mercantil de Cádiz, sus primeras colaboraciones: algunos sonetos y letrillas bajo el seudónimo de Celmira.  Su primera obra larga que publicó anónima, fue la novela Teodoro o el huérfano agradecido. Por esos años se había divulgado el rumor de que las poesías que se atribuían a la reina María Josefa Amalia, en realidad eran creación de doña Vicenta y que era ella misma quien lo afirmaba. Su posición ante la Reina podía verse perjudicada, y es por lo que se decide dar a conocer sus poesías y, de esta forma, justificar la falsedad de tal rumor y evidenciar las diferencias de estilo entre sus propias obras y las escritas por la Reina.

 

En el volumen de los Ensayos Poéticos encontramos reunidas alrededor de ochenta composiciones: odas, letrillas, sonetos y romances en los que predominan los temas sentimentale y algunas poesías “de circunstancias”. Se incluye además un romance firmado por Fileno, seudónimo del poeta sevillano Félix José Reinoso, que dedica a Celmira poco tiempo después del retorno de ésta a España desde su exilio lisboeta, a juzgar por las alusiones a la paz recientemente conseguida, tanto en este romance como en el que sirve de respuesta a Celmira. En sus correspondientes romances, ambos poetas se hacen promesas de eterna amistad. Así le contesta la poetisa gaditana: “Celmira, libre o esclava / de la pasión más funesta. / De ser de Fileno amiga / hace la firme promesa. / Esto Fileno, te basta, / con mis secretos me deja, / no quieras romper la nube / que mi existencia rodea. / Soy infeliz; mas la causa / no adivinarla pretendas / que mil veces ni yo misma / he podido comprenderla”.

 

Desde 1828 hasta 1830 colabora esporádicamente en el Correo Literario y Mercantil y publica otra novela Sofía y Enrique, dedicada a la infanta María Francisca de Asís. De todas sus obras es quizá a esta, a la que más atención prestó la crítica.

 

En 1830 comienza a trabajar en el Himno a la Luna, obra poética en prosa, inspirada por la lectura del Himno al Sol del Abate de Reyrac, y que dejaría inconclusa hasta 1836, a causa de sus numerosas obligaciones familiares, el cuidado de sus hijos y la tarea desempeñada en la Junta de Señoras encargadas en el Hospital de pobres impedidas e incurables de Madrid, de la que era Secretaria. En 1833, el pretendiente don Carlos se levanta en armas contra la monarquía constitucional y el marido de Vicenta, el coronel Gutiérrez, se alista en sus filas en compañía de su hijo que, con sólo trece años, decidió seguir a su padre. La escritora junto con sus hijas sufren el exilio en Francia hasta 1836, año en que pudo trasladarse a Berastegui, pequeño municipio de Guipúzcoa cercano a Tolosa, en donde concluye el cuarto canto del Himno a la luna. Años después, Pío Baroja nos diría: “… doña Vicenta, la poetisa gaditana, había publicado varias novelas, entre ellas Teodoro, el huérfano agradecido, Amar después de la muerte y acababa de dar a luz el Himno a la luna, en cuatro cantos, que el Gobierno carlista prohibió, no se sabe si por resentimiento contra doña Vicenta o contra la luna”.

 

Después Vicenta Maturana, conocida en su tiempo como la decana de las poetas españolas, se estableció en Alcalá de Henares donde residió los últimos años de su vida, y donde murió en 1859. Adolfo de Castro escribiría: “No se ha extinguido la llama de su ingenio. Su ingenio pertenece a Cádiz y Cádiz no puede perderlo mientras existan hijas que con su belleza y su talento, le de encanto, felicidad, orgullo y nombre”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

 En Navidad,

Paz y Libertad. 

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 

Gracias.

 

HOMBRES CON AUTORIDAD MORAL POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Sábado, Diciembre 29th, 2007

  HOMBRES CON AUTORIDAD MORAL  “Lo que yo quiera callarmedéjenmelo para mí; no me obliguen al desarmede honduras que no rendí.”Miguel de Unamuno. 

HABLAR LIBREMENTE

 

Hay una carta de Unamuno dirigida a Luis de Zulueta, fechada el 20 de enero de 1906, en que su autor se refiere a varios artículos inconformistas y contracorriente que acaba de publicar. Sobre cuestiones disputadas y espinosas había escrito con claridad y denuedo, con el admirable coraje civil que siempre tuvo.

 Pero no está seguro Unamuno de la eficacia que ello tenga. “Por mi parte -dice- tengo conciencia de hacer lo que puedo. Doy mi manifiesto. ¿Nadie se da por enterado? ¡Sigo en mis trece! Y vuelvo a la carga… Y llegaré a ser uno de los pocos españoles que puedan hablar libremente de todo”. 

Recuerda Unamuno a Pi y Margall en sus últimos años, que “decía todo lo que le parecía”. Y añade esta mirífica frase: “Gozaba de una autoridad tal que nadie le discutía ni le hacía caso”. Y todavía escribe, sin poder dejar el tema, abandonándolo y volviendo a él como sin querer: “Aquí no se cree más que en los diputados a Cortes, y yo no pienso serlo. Y basta de esto. Me habla usted de Giner. Otro hombre con autoridad moral, es decir, otro hombre a quien nadie hace caso”. Y, por último, al despedirse de su amigo Zulueta: “Que Dios le libre a usted de adquirir autoridad moral en España es lo que le desea su amigo Miguel de Unamuno”.

 

Sabemos que en una gran parte del mundo nadie tiene esa autoridad moral, nadie puede contar con decir lo que quiere, aunque “caiga en el vacío”, porque si intenta decirlo cae el autor en alguna parte peor. ¿No valdría la pena pensar en qué países podría escribirse al inicio del siglo XXI una carta como la de Unamuno? Uno de los errores que cometieron los intelectuales del siglo XIX y de comienzo del XX fue no estimar adecuadamente la libertad que tenían, y así la pusieron en riesgo de perderse; la consideraron “natural” -y siempre- poca-, en lugar de reparar en que era  maravillosa y casi milagrosa, expuesta e insegura, necesitada de ser ejercida, afirmada y defendida (las tres cosas).

 

Y todavía hoy, cuando con el pretexto de que no se tiene “plena libertad” se da por supuesto que “no hay libertad”, se compromete esa que hay. Lo decisivo es que en los países en que no hay libertad, nadie la tiene para quejarse de ello, y entonces parece que la hay.

 

Pero hay otro tema en la carta de Unamuno. Y es su convicción de que la “autoridad moral” viene a consistir en que al que la tiene “nadie le hace caso”, y por eso puede decir lo que guste. En cierto modo es así, ¿qué duda cabe? La famosa fórmula burocrática “Se acata pero no se cumple”, tiene su equivalente en la actitud de los hombres que frente a la verdad se encogen de hombros -o hasta hacen una reverencia- y pasan de largo. Es la voz del que clama en el desierto, ese desierto que parecen segregar los profetas y los hombres veraces.

 

Pero esto, que es verdad, ¿es toda la verdad? Resulta que ahora, a los ochenta y dos años de haber muerto don Miguel de Unamuno, leemos con avidez las cartas que escribió hace más  de un siglo, cuando no nos acordamos ni del nombre de tantos a quienes “se hacía caso”, que “mandaban” (o creían que mandaban). ¿Quién se acuerda de la gran mayoría de los diputados, de los ministros, de los hombres “influyentes” de principios del  siglo XX? ¿Quién se acordará de los de hoy?

 Los profetas al cabo de milenios, siguen vivos. De sus palabras, que vieron caer sobre la arena calcinada del desierto, han bebido los hombres de innumerables generaciones. Los hombres con autoridad moral han aumentado la realidad -es lo que quiere decir la palabra “autoridad”-, nos han enriquecido, nos orientan, nos ayudan, tal vez deciden hoy lo que va a pasar mañana. ¿Quién duda de que hoy es Unamuno uno de los hombres más importantes de España? Y, frente a los destinados a pasar, se podría hacer, aguas arriba, la lista de los que se han quedado, de aquellos a quienes seguimos “haciendo caso” porque los necesitamos para ser, para entender la realidad, para hablar y escribir nuestra lengua, porque no somos sin ellos. 

Históricamente, en el mundo terrenal, también hay “escogidos”, y también son pocos. Y frente a un prójimo tenemos siempre una impresión definida: si es uno de ellos, si no lo es. Que no nos engañen los elogios o las muestras de acatamiento: con frecuencia se dirigen a los que se espera que no van a quedar. Y como dijo el poeta: “¡Qué melancólicamente / va deshaciendo el olvido / todo lo que hemos creído / que duraba eternamente!”

 

Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

WIKIPEDIA:

ANGEL GANIVET POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Viernes, Diciembre 28th, 2007

ANGEL GANIVET

(1865-1898) 

“Pero esta fe no está en mí

y esta fe debe ser mía.

Esta fe que yo creía

cuando sin fe concebí

la estatua que vive en ti….”

Ángel Ganivet.  

LA VOZ DE UN HIJO LEGITIMO DE GRANADA

 

Ganivet es una de figura de las que se han recordado siempre. No solamente por lo que por sí mismo vale y ofrece sino porque representa la última etapa en el siglo XIX de todo un linaje intelectual español que se remonta en sus orígenes a nuestros más notorios pensadores clásicos: Vitoria , Isla y Luis Vives. Y es un verdadero precursor de los modernos ensayistas españoles, como lo fue desde otro punto de vista Larra, cuya vida y obra tantos contactos presenta con la del pensador granadino.

 

La visión que tuvo de los problemas de su tiempo fue completa. Talento creador y crítico. En su vida corta y desdichada hubo un manantial de ideas, de poesía, de impulsos geniales y de emoción intensa que suele producir el dolor en los seres de gran capacidad mental.

 

Ángel Ganivet y García de Lara nació en Granada el 13 de diciembre de 1865. Hijo de una familia de molineros venidos a menos. A la edad de diez años Ganivet se fracturó la pierna en una caída y estuvo gravemente enfermo. A causa de este accidente, Ganivet comienza tarde sus estudios, pero pronto destaca como un joven brillante, cursando ente 1880 y 1890 el bachiller y las carreras de Derecho y Filosofía y Letras siempre con las notas de sobresaliente.

 

En 1868 llega a Madrid para hacer el doctorado, y, además, se presenta a las oposiciones del Cuerpo de Archivos, Bibliotecas y Museos, que gana  En la capital de España desempeñó su primer cargo oficial como bibliotecario del Ministerio de Fomento. Por entonces entabló amistad con Miguel de Unamuno. Pasó por los consulados de Amberes  y Helsingfors antes de ocupar el de Riga, pocos meses antes de su muerte.

 

Ganivet fue “hombre de lecturas”. Esto es, un lector curioso e infatigable de todo cuanto merecía la pena ser leído de España y de fuera de España. Leía en cinco idiomas europeos modernos y conocía el griego y el latín.

 

Las ojeadas de Ganivet al espectáculo internacional son frecuentes. Ganivet da un salto rápido de la vida provincial a la vida europea. La presión del medio, dentro y fuera de España, contribuyen a modelar en la personalidad del granadino sus más curiosos perfiles.

 

Toda la obra de Ganivet se proyecta en tres direcciones: la preocupación estética, referida a su Granada; la preocupación política, referida a España; y la preocupación moral, referida así mismo. Ganivet es uno de los escritores modernos más sugestivos y sugerentes; en su espíritu , intensamente nutrido en lo castizo, popular  y tradicional, se aunaron a la perfección el amor a Granada, a lo español, y a lo europeo.

 

Era senequista y, como luego Unamuno –que sin duda tomó y desenvolvió muchas de sus ideas, no obstante haberlas combatido inicialmente-, veía en el Quijote y en La vida es sueño, de Calderón, los dos símbolos literarios de la filosofía española, y sobre todo, en el libro de Cervantes, de la ética. Creía que las virtudes más característica de los españoles son la dignidad personal, la piedad y la justicia. Ganivet pertenece rigurosamente a la generación del 98, aunque su vida termine en esa fecha, es el precursor de esa generación: “el 98 antes del 98”.

 Las obras más populares de Ganivet son: Granada la bella, Cartas finlandesas, Idearium español, Los trabajos del infatigable creador Pío Cid, Hombres del norte y El porvenir de España.  

Angel Ganivet conoció en Madrid, y en un baile de máscaras en el teatro de la Zarzuela, a una mujer muy bella, llamada Amalia. Amalia Roldán. Desde aquella noche la suerte del extraordinario escritor granadino, quedó ligada para siempre a la vida de la gentil enmascarada. Fueron unos amores accidentales y sombríos. De ellos nacieron dos hijos, un varón y una hembra. La niña murió en París, poco antes que su padre, produciendo una nueva catástrofe en el alma ya medio ausente del escritor. Los amantes vivían unas veces juntos y otras separados. Un día supo él, por boca de amigos oficiosos que ella , la mujer que consideraba como esposa, le era infiel. Cierta o no tan delicada circunstancia, el efecto que causó en el alma de Ganivet tuvo decisiva influencia en el trágico final.

 

A primero de junio de 1898 quedó suprimido por real orden, el Consulado español de Helsingfors. Angel Ganivet hubo de trasladarse a Riga, nuevo lugar de su residencia oficial. A Riga llega a mediados del mes de agosto. Comienzan para el desgraciado escritor los días más terribles de su existencia. La perturbación psíquica (coexistente con el lento proceso paralítico), que ya había tenido sus primeras fases en diferentes épocas, desde hacía dos años, y en formas más o menos agudas, se agrava bruscamente, dejando pocos espacios de lucidez completa a aquel cerebro de privilegiada capacidad.

 

Es entonces cuando Ganivet emprende su última obra literaria, en la que ya se advierten muestras patentes y reiteradas de su anomalía mental. Nos referimos al poema escénico y trágico-simbólico escrito en verso titulado El escultor de su alma. El manuscrito de esta obra fue enviado al director del periódico El Defensor de Granada pocos días antes del suicidio de Ganivet.

 

En el mes de septiembre de 1898, ya reconciliados Ganivet y Amalia; decide ésta el viaje a Riga, en unión de su hijo. Ángel no quería que Amalia fuese a reunírsele, e incluso le había anunciado que si, a pesar de todo, ella se presentaba en Riga, él, antes de verla, se mataría.

           

Amalia y su hijo llegaron a Riga el día 29 de noviembre. Ganivet hacía todos los días la travesía del río Dvina para dirigirse de su casa a su oficina. Aquella tarde, a primera hora, recién arribados a la ciudad los dos viajeros, madre e hijo, fueron al Consulado español, donde esperaban encontrar a Ganivet… La espera fue más corta que la impaciencia de aquellos dos pobres seres. La noticia del suicidio apenas pudo ocultarse un momento a la señora Roldán.

 

El cónsul se había arrojado al Dvina, sin que los esfuerzos realizados por algunos pasajeros y tripulantes del vapor que hacía el servicio diario entre las dos orillas lograsen salvarle. Está probado que durante aquellas maniobras de salvamento se pudo izar a Ganivet hasta la borda, pero los desesperados esfuerzos de éste para desasirse de los brazos que le sujetaban triunfaron al fin, y el cuerpo del gran escritor se hundió para siempre bajo las aguas.

 

Dos días antes de morir, el 27 de noviembre, cuando Angel Ganivet  ya estaba lleno del propósito de la muerte, dejó en casa de un amigo, una especie de testamento que termina así: “No recuerdo haber hecho mal a nadie, ni siquiera en pensamiento; si hubiera hecho algún mal, pido perdón”.

 

Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

WIKIPEDIA:

ANTONIO ALCALA GALIANO POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Viernes, Diciembre 28th, 2007

 ANTONIO ALCALA GALIANO(1789-1865) “Y peregrino por la tierra extrañasiempre esperaba el día en que, pisando el suelo de mi España,

 feliz me llamaría.”

 Antonio Alcalá Galiano.

 LA VOZ DEL ORADOR ROMANTICO 

Alcalá Galiano fue un romántico, lo fue en su vida entera. Escritor neoclásico como toda la primera generación romántica española, en 1834, se atreve a proclamar lo que verdaderamente era, en el prólogo a El moro expósito, de su amigo y compañero el Duque de Rivas. Fue el orador romántico, género que sin él hubiera quedado manco. Y fue el historiador desde dentro, el primer hombre que en España hizo historia política general partiendo de sus propias acciones y pasiones.

 

Antonio Alcalá Galiano nace el 22 de julio de 1789 en Cádiz, que era una ciudad abierta al comercio de mercancías e ideas y la de más alto nivel de vida de España. Hijo de una familia ilustre fue precoz en todo: en el gusto por las letras, en el amor, casado en secreto a los diecinueve años; en el conocimiento del extranjero, en el manejo de las lenguas inglesa y francesa, en la política, en el riesgo y el atractivo de la conspiración; también en los desengaños, amarguras y reveses.

 

Fue un apasionado defensor de la independencia nacional frente a la invasión napoleónica y un entusiasta colaborador de la empresa de las Cortes de Cádiz. Alcalá Galiano, en rigor, asistió al nacimiento de la política, en el sentido moderno de la expresión, en España. Político imaginativo, fue hombre de ideas y de palabras, hombre de gesto literario y de facundia andaluza, conocedor del poder y la magia de la palabra; liberal, exaltado. Fue Alcalá Galiano, orador en Cádiz en la época constituyente; orador tumultuoso y apasionado. Fue el retórico por excelencia, el hombre que hacía vibrar y estremecerse a los hombres y mujeres apasionados de la era romántica. Fue también conspirador, hombre de sociedades patrióticas a la luz del día o a la luz incierta de los cafés políticos, de sociedades secretas, nacidas como hongos cuando faltó la libertad de discusión.

 La culminación de Alcalá Galiano se puede situar en 1819 y 1820, en la preparación de la sublevación de Las Cabezas de San Juan para restablecer la Constitución y la libertad política. El terror absolutista de 1823, nunca igualado hasta entonces en España, trajo dos condenas de muerte sobre Alcalá Galiano. Entonces, como tanta veces en la historia de España, muchos españoles, para salvar la libertad o la vida, tienen que emprender el camino del extranjero. Alcalá Galiano, con la mayoría de los emigrados de 1823, se dirigió a Inglaterra. Allí estuvo “en olvido y en pobreza”, hasta que fundada la Universidad de Londres, en 1828, fue el primer titular de su cátedra de Lengua y Literatura Española.  El escritor gaditano escribía regularmente en las revistas Madrid, El Laberinto y El Piloto y en los periódicos gaditanos El Imparcial, El Redactor General y La Tertulia Patriótica de Cádiz. Publicó una importante carta, durante su exilio en el Times donde afirmaba que la mayoría del pueblo español deseaba una constitución liberal. Entre sus obras destacan, El espíritu de las revoluciones modernas, Recuerdos de un anciano y sus Memorias. 

Alcalá Galiano ha dejado sus mejores páginas a los recuerdos del Cádiz juvenil, del Madrid ilusionado y rebelde y a los de aquel barrio londinense de Somers Town, casi colonizado por los liberales emigrados, donde un sereno daba la hora en español y donde había un árbol escuálido, al que los emigrados llamaban, apasionadamente, el “árbol de Guernica”.

 

En 1830, Alcalá Galiano pasa a Francia, pero no pudo volver a España hasta 1834, después de once años de destierro. A partir de su regreso, se produce una crisis en su actitud política. Poco a poco se va acercando a los moderados. Alcalá Galiano ocupa transitoriamente puestos de importancia, incluso el ministerio de Marina; es representante de España en Turín y en Lisboa; cuando se ve despojado de sus cargos acepta la dirección del famoso Colegio de San Felipe Neri, en su Cádiz natal. No puede apartarse del mundo político para el que ha nacido, pero su insatisfacción es grande: “Los gobiernos -escribe- son cosa imperfectísima en todas épocas y naciones y lo son más ahora que en otro tiempo alguno”.

 

El final de su vida había de confirmarlo. Ministro de Fomento en el gabinete de Narváez, en el Consejo de Ministros, celebrado el 11 de abril de 1865, mantuvo una violenta discusión con González Bravo, ministro de Gobernación, a quien Alcalá Galiano reprochó vivamente la intervención de la fuerza armada en la noche de San Daniel, en la que hubo unos cuantos de estudiantes muertos, y un par de centenares de estudiantes heridos. Un ataque cerebral deja fulminado a Alcalá Galiano, que muere pocas horas después. El viejo doceañista, el orador del romanticismo, a pesar de sus concesiones, moría reclamando la libertades públicas y los derechos fundamentales.

 

La melancolía acompañó frecuentemente a este orador romántico que, al regreso de su largo destierro, clamaba: “Cuando vagaba, de trabajos lleno, / del patrio suelo ausente, / un porvenir dichoso allá en su seno / me pintaba la mente”.

 Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

 No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

 

Gracias.

JOSE MARCHENA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

Jueves, Diciembre 27th, 2007

 

JOSE MARCHENA

(1768-1821)

 

“La esclavitud es quien desmoraliza

los pueblos, quien sofoca los talentos,

y quien toda la virtud inutiliza.”

José Marchena.

  

LA VOZ DEL ABATE  MARCHENA

 

Los principios doctrinales de Marchena difieren poco de la común ideología enciclopedista de la época. Lo que confiere al abate la personalidad peculiarísima más que  sus ideas es su actitud combativa nacida de su fogosidad temperamental y también de una arraigada persuasión en sus opiniones. Representó en sus días una posición extremista y radical porque no era un político de habilidades y cautelas sino un propagandista ideológico con tanto celo como tenacidad, Menéndez Pelayo le reconoce, como hubieron de hacer en su tiempo sus mayores enemigos, una sinceridad impetuosa y ardiente que le hacía proclamar en voz alta lo que sentía, sin cuidarse de su interés ni temer riesgo. En materia de dinero era incorruptible –recuerda el polígrafo montañés-, y habiendo sido recaudador de contribuciones en el territorio ocupado por el ejército del Rin, regresó a París “tan pobre como había salido”.

 

José Marchena y Ruiz de Cueto, conocido por el nombre de El abate Marchena, nació en Utrera el 18 de noviembre de 1768.  Hijo de un abogado, Marchena hizo estudios eclesiásticos en Sevilla. Estudió en Madrid griego, hebreo y francés, y cursó luego leyes en la Universidad de Salamanca, donde fue alumno de Meléndez. Desde muy joven se entregó apasionadamente a la lectura de libros enciclopedistas. Por temor de ser encarcelado por el Santo Oficio se refugió en Gibraltar de donde embarcó para Francia en mayo de 1792, cuando contaba veinticuatro años. Se alistó en el club de los jacobinos de Bayona donde adquirió fama como orador revolucionario, y luego marchó a París; allí conoció a Marat y colaboró en el famoso periódico L’Ami de peuple, que aquél dirigía, pero disgustado por los procedimientos terroristas de Marat, se pasó al partido girondino, ligándose especialmente con Brissot. Participó entonces en unos comités de propaganda revolucionaria que actuaban en la frontera pirenaica, y redactó entre otros escritos, su famoso Aviso al pueblo español. Al ser proscritos los girondinos  y desatarse la persecución contra ellos, Marchena fue encarcelado en Burdeos y después en los calabozos de París. Marchena fue casi el único que escapó al exterminio de los girondinos, e irritado por lo que consideraba una preterición dirigió a Robespierre un escrito con provocaciones tan teatrales como inverosímiles. Asombrado de aquella audacia, Robespierre trató de ganárselo y comprar su pluma, pero Marchena se negó “con digna altivez”,  y siguió preso. Al ser liberado, obtuvo un puesto como oficial del Estado Mayor  en el ejército del Rin, que mandaba el general Moreau.

 

A la caída de Moreau, Marchena se hizo bonapartista, y como secretario de Joaquín Murat fue enviado a España en 1808. A los pocos días de haber llegado Marchena  a Madrid, el inquisidor general, don Ramón José de Arce, mandó a prender al famoso girondino y recoger todos sus papeles, Murat exigió la libertad de su secretario, pero, al negarse Arce, envió una compañía de granaderos que allanaron la cárcel de la Inquisición y libertaron a Marchena.

 

El inquieto abate ocupó cargos durante el reinado de José I y lo acompañó durante un viaje por Andalucía. Al producirse la retirada del ejército francés lo siguió a Valencia y luego volvió a emigrar a Francia. Cuando tuvo lugar la revolución de 1820 y regresaron los afrancesados, Marchena regresó a España y se estableció en Sevilla, donde se afilió a la Sociedad Patriótica. Pero se enemistó muy pronto con la Sociedad y marchó a Madrid donde murió el 31 de enero de 1821, poco meses después de su llegada..

 Marchena cultivó todos los géneros literarios y hubo de escribir en muchas ocasiones para ganar su pan. Estando en el ejército del Rin falsificó un episodio del Satiricón de Petronio en un perfecto latín, y lo publicó haciéndolo pasar como una de las partes perdidas del famoso libro, con el que logró engañar a los más prestigiosos eruditos alemanes, el propio Marchena hubo de revelar después su superchería. Años después repitió la broma en París publicando cuarenta hexámetros a nombre de Catulo, como si fuera el fragmento perdido del Epitalamio de Tetis y Peleo.  

Durante su estancia en Francia publicó Marchena muchos opúsculos sobre política y religión, y tradujo diversas obras del inglés e hizo varias traducciones de las obras de Montesquieu, Molière (la mayor parte de su obra), Morellet y Volney; en 1799 realizó la primera versión al castellano del Contrato social, de Rousseau,  lo que le valió un importante proceso inquisitorial. Escribió Marchena una tragedia, Polixena (1808), imitada de los clásicos antiguos franceses. En 1820 publicó Marchena sus Lecciones de filosofía moral y elocuencia, que es su trabajo más notable. De su obra lírica suele destacarse su oda   A Cristo Crucificado, la Epístola a don José Lanz sobre la libertad política, y sus largas epístolas de Eloísa a Abelardo y de Abelardo a Eloísa. Estas dos últimas epístolas, en romance endecasílabo, no siguen el tono de la oda herreriana, sino el sentimental característica de finales del siglo XVIII, y en algunos momentos parecen preludiar el gusto romántico.

 

Marchena merece ser considerado como una muestra luminosa de buen decir y su papel en la renovación de nuestra lírica es de evidente importancia . Y como dijo El abate Marchena. “Ni tampoco están libres de violentos / vaivenes las naciones más esclavas / y de internos terribles movimientos… “.

 

Francisco Arias Solis
e-mail:
aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

WIKIPEDIA: