Primeros dos capítulos
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El Sexto
Sol
La novela de las
Profecías mayas de 2012
Amando Lacueva
Sinopsis
En las inmediaciones de Copán, ciudad situada en Honduras, hay una excavación arqueológica financiada por un filántropo parisino, el multimillonario Estefen Wilde. Es dirigida por el antropólogo y arqueólogo Alfred Taylor, y en ella hay siete rocas con glifos mayas que la catedrática de antropología del Louvre, Diana Preston, logra al fin descifrar.
Las escenas se desarrollan entre los últimos descubrimientos astronómicos de la NASA y sus satélites, así como en el Centro de Operaciones de Experimentadores de París, bajo la dirección del astrofísico y cosmólogo John Friedman. Ambas comunidades científicas se enfrentan a la constatación de los descubrimientos astrológicos más recientes confrontándolos con lo que hace mas de cinco mil años predecían los glifos de las Rocas.
La trama de la novela se complica con la existencia de una sociedad secreta, llamada La Cruz Parlante, formada por antiguos sacerdotes mayas, que tiene, entre otras, la suprema tarea de custodiar las rocas.
Las predicciones son inequívocas, pues el calendario de la milenaria cultura maya finaliza abruptamente el 23 de diciembre de 2012. ¿Se enfrentan nuestros personajes al fin del mundo? ¿O simplemente a un salto evolutivo de la humanidad? De momento, tendrán que atravesar el famoso salón de los espejos y después enfrentarse cada personaje consigo mismo, así como luchar por sus valores y contra sus propios miedos.
Dedicatoria
A mi inteligente y guapa mujer, porque está a mi lado, apoyándome continuamente, y eso es más que suficiente. A mi hijo mayor, porque es un buen hijo, estudioso y respetuoso con su padre, y eso es una infinita alegría. A mi hijo pequeño, porque es pura vida, porque cada instante me recuerda lo mucho que me quiere y eso no tiene precio.
«El gobierno será perfecto cuando en él aparezca la virtud de cada individuo, es decir, cuando sea fuerte, prudente y justo.» (Platón, La República, libro VI).
Introducción
El calendario maya —cuyo cálculo es superior al gregoriano, estimando la duración de un año en 365,25 días— finaliza abruptamente el sábado 23 de diciembre de 2012, exactamente 5.125 años después de iniciarse la era del «Quinto Sol». Tal como señalan sus profecías, la causas físicas desencadenantes son que el sol recibirá un rayo proveniente del centro de la Galaxia que emitirá una inmensa «Llamarada Radiante» que transmitirá esa radiación a la Tierra y al resto del sistema solar. Este evento precedería al comienzo de un nuevo ciclo cósmico. Según su cómputo, habrían tenido lugar ya cinco ciclos de 5.125 años, completando una serie de 25.628 años, período próximo al de la «precesión de los equinoccios», conocido como «Año Platónico» o «Gran Año Egipcio», correspondiente a un ciclo completo formado por las doce eras astrológicas.
Siempre según los mayas, cada ciclo en la Tierra habría sido el escenario de la aventura de una Humanidad y también habría acabado con su destrucción, seguida por la regeneración que trae el siguiente ciclo o «Sol».
El 11 de agosto del año 3113, antes de Cristo, los mayas fijaron el nacimiento del «Quinto Sol», la era actual, cuyo final llegaría en 2012 para dar comienzo la nueva era o el «Sexto Sol».
De la grandeza de la civilización de los mayas actualmente sólo quedan cuatro documentos bases, es decir, códices. De éstos, el de Dresde se encuentra en la biblioteca de dicha ciudad alemana. Su contenido, en su mayor parte, corresponde a predicciones de carácter astronómico.
Éste contiene tablas de los cinco planetas observables a simple vista: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, así como de los eclipses. En dicho códice hay tablas que aportan información sobre el movimiento de la Luna y permiten hacer cálculos para predecir los eclipses. Asimismo, hay numerosas representaciones pictóricas que acompañan a los textos en las que aparece un jeroglífico para el eclipse y un pronóstico, generalmente adverso.
El jeroglífico de eclipse está formado por el signo del sol o de la luna, según sea el supuesto, sobre un fondo formado por dos figuras que representan una especie de alas, una blanca y otra negra. Los dibujos que acompañan a estas tablas agregan elementos, detalles y variantes. Así, la imagen parece colgar de una banda que representa el cielo. En ocasiones, aparece en la parte baja una serpiente mordiendo o devorando la representación del suceso, algo sobrenatural que literalmente se come al sol. Esto también queda representado en el códice de Madrid, donde se distinguen diferentes representaciones atacando el sol.
El mensaje de las
Profecías mayas
Primera profecía
Anuncia el final del presente ciclo. A partir de 1999 quedan tan solo trece años y se entra en el Salón de los Espejos, para que el hombre logre encontrar su propio interior y pueda sincronizarse o armonizarse consigo mismo. Dice que el sol gira alrededor de Alción, el sol central de las Pléyades, y que ambos sistemas giran alrededor de Hu Nap Hu, en el centro de la Vía Láctea. Anuncian la fecha clave para la transformación definitiva el 22 de diciembre de 2012. En ocasiones, precisan que es el 23 de diciembre del mismo año, dependiendo de las fuentes.
Segunda profecía
Comprensión y tolerancia, miedo y destrucción. El sol y la Tierra reciben energía desde el centro de la Galaxia, provocando un aumento de la vibración en el planeta y en las ondas cerebrales del hombre. La humanidad se dirige hacia una nueva época de armonía.
Tercera profecía
Debemos tomar consciencia de nuestra influencia en el planeta para no seguir equivocándonos y provocar la destrucción del mismo por los procesos de industrialización sin sentido ecológico. Éstos provocan aumento de la temperatura de la Tierra, que se acentuará con la actividad solar una vez reciba el «Rayo Radiante» desde el centro de la Galaxia.
Cuarta profecía
El hombre debe cambiar su conducta depredadora. Los cambios en el clima provocarán el derretimiento de los polos.
Quinta profecía
Dice que todos los sistemas basados en el miedo, sobre los que está fundamentada toda nuestra civilización, se transformarán simultáneamente con el planeta y el hombre, para dar paso ya a una nueva realidad de armonía.
El hombre está convencido de que el universo existe sólo para él, que la humanidad es la única expresión de vida inteligente y por eso actúa como un depredador con todo lo que existe. Los sistemas fallarán para enfrentar al hombre consigo mismo, haciéndole ver la necesidad de reorganizar la sociedad y continuar en el camino de la evolución que nos llevará a comprender la Creación.
Sexta profecía
Katum, período de gestación y transformación. Es el tiempo del no tiempo, un período de armonización con la Tierra. Ésta es considerada como un enorme ser vivo.
Séptima profecía
Nos habla del momento en que en el sistema solar, en su giro cíclico, sale de la noche para entrar al amanecer de nuestra Galaxia, la cual contiene más de 100.000 millones de estrellas. Nos dice que en los trece años que van del año 1999 al 2012 la luz emitida desde el centro de la Galaxia sincroniza a todos los seres vivos y les permite acceder voluntariamente a una transformación interna que produce nuevas realidades. Afirma también que todos los seres humanos tienen la oportunidad de cambiar y romper sus limitaciones recibiendo un nuevo sentido, la comunicación a través del pensamiento, los hombres que voluntariamente encuentren su estado de paz interior elevando su energía vital llevando su frecuencia de energía vital del miedo hacia el AMOR, podrán captar y expresarse a través del pensamiento; así, con él, florecerá el nuevo sentido.
La energía adicional del rayo emitido por Hu Nap Hu activa el código genético de origen divino en los hombres que estén en una frecuencia de vibración alta. Este sentido ampliará la conciencia de todos los hombres, generando una nueva realidad individual, colectiva y universal.
Primera parte
La confirmación científica
Del hallazgo maya
Espacio exterior
60 horas para el desenlace
Año 2012
El Sol, tan fascinante y enigmático, descansa sobre el espacio observando cómo sus planetas giran a su alrededor, como un rey vigilando celosamente a sus súbditos. El Sol es el elemento mayor y más importante de nuestro sistema solar. Contiene, aproximadamente, el 98 por ciento de la masa total de éste. Para hacernos una idea de su grandiosidad precisaríamos 119 Tierras para completar su disco, y su interior podría contener más de 1.300.000 planetas como el que habitamos. Su capa exterior, la visible, la llamamos fotosfera y tiene una temperatura del orden de seis mil grados centígrados. En ocasiones, esta capa presenta una apariencia manchada debido a las turbulentas erupciones de energía generadas en su superficie. La energía solar se crea en su interior. Es ahí donde la temperatura alcanza la friolera de quince millones de grados. Su presión llega hasta los trescientos cuarenta millardos, y es tan potente que en su interior se producen constantemente reacciones nucleares. Éstas provocan núcleos de cuatro protones o hidrógeno para fundirse en una partícula denominada alfa o núcleo de helio, con mucha menor masa que su antecesora. La diferencia de masa es expulsada como energía y se traslada a la superficie del Sol.
Este proceso se conoce con el nombre de convección. Cada segundo se convierten más de setecientos millones de toneladas de hidrógeno en cenizas de helio, liberando luego cinco millones de toneladas de energía pura; así que el Sol cada vez contiene menor masa. La corona es la parte exterior de su atmósfera. Esta región es donde aparecen las erupciones solares y se forman en la parte superior de la cromosfera. Las regiones externas de la corona se estiran hacia el espacio y consisten en partículas que viajan lentamente alejándose del sol. Pero en este preciso instante y de forma inexplicable para los científicos, el sol ha cobrado una rabia desmesurada, jamás contemplada con anterioridad. En la soledad del espacio, desde su «trono» y vigilado por diferentes observatorios, una vez más, ha vomitado; pero en esta ocasión sin previo aviso y con furia desmedida, realmente desproporcionada. Su corona se ha estirado doblando la circunferencia de su disco. Soho, Win, Geoatail y otros observatorios solares, en diferentes órbitas, han captado la tremenda erupción solar.
El observatorio solar y helilosférico Soho-V, situado a un millón quinientos mil kilómetros de la Tierra, modifica sus telescopios hacia la corona solar. El Soho-V está pilotado desde el Goddard Space Flight Center (GSFC), propiedad de la NASA, en Geennbelt, situado en el estado de Maryland. Los datos obtenidos por el observatorio son recibidos directamente por la Deep Space Network (DSN) y se transmiten a gran velocidad hacia el Centro de Operaciones de los Experimentadores (EOF), ya que éstos se encuentran situados en diferentes puntos del planeta. Con los datos obtenidos, el EOF crea un banco de datos que almacena, en un lugar de encuentro, el propio EOF y en diversos institutos de Estados Unidos y Europa.
El Soho-V fue lanzado al espacio hace tan solo un año, en un programa común de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, mucho más conocida por el acrónimo en inglés de NASA. El programa se denominó sol—Tierra o Solar Terrestrial Sciencie Program (STSP). Fue construido íntegramente por europeos, pero la NASA se reservó el derecho de un lanzamiento que se llevó a cabo a bordo de un cohete Atlas 10—AS el 5 de noviembre de 2011. En un principio, el observatorio debía dedicarse a la medición de los diferentes campos de densidad y velocidad, a través de su espectrómetro ultravioleta, así como al estudio de la estructura y dinámica de la magnetosfera solar. Los procesos físicos que forman ésta y calientan la corona del sol, la mantienen y dan lugar a los vientos solares y su estructura interior.
La nave Soho-V está estabilizada sobre tres ejes y apunta hacia el sol con una precisión de más menos diez segundos de arco cada quince minutos. Consta de un módulo de carga donde se acomodan los instrumentos y también de un módulo de servicio que alberga los subsistemas de la nave y los paneles solares. Soho-V ocupa una órbita en el punto Langrangiano L1 Tierra-Sol, desde donde puede observar ininterrumpidamente el Sol, y ésa es su enorme ventaja sobre el resto de observatorios. La vida de la nave se estima en cinco años, pero los consumibles de abordo son suficientes para un período superior. El módulo de carga consta de quince instrumentos, produciendo una corriente continua de cuarenta kbs, excepto cuando el observatorio de oscilaciones solares es operado en modo de alta densidad, lo que produce 200 kbs. El modo de alta resolución se emplea durante períodos de veinte horas.
En este preciso instante, Soho-V desviaba sus instrumentos de observación hacia la corona solar. Dicha desviación había sido ordenada, contra todo pronóstico, por mandato directo del doctor Novikow, director del GSFC, quien había transigido de mala gana y después de una larga conversación telefónica, en paralizar momentáneamente sus observaciones actuales sobre las manchas solares y desviar los instrumentos de Soho-V unos grados hacia la corona solar, presionado por su amigo y colega John Friedman, su subordinado, que se encontraba al mando del Centro de Operaciones de Experimentadores de París. Friedman creía haber observado algo anómalo; sin embargo, sólo contaba con la información recibida por un observatorio penoso, viejo y prácticamente en desuso, que no le merecía demasiadas garantías ni gozaba de credibilidad entre el nutrido grupo de astrofísicos que trabajaban a su mando.
2
Edificio Liberty
Centro de Operaciones de Experimentadores
París
Diciembre de 2012
59 h 55’ para el desenlace
En el edificio Liberty, un coloso de más de 300 metros de altura que forma un conjunto arquitectónico de más de cuatrocientos mil metros cuadrados, de los cuales ciento veinte mil corresponden a oficinas, propiedad de la ESA, tiene su oficinas el Centro de Operaciones de Experimentadores de París (EOF), inaugurado hacia apenas dos años y situado en la rue de Guynemer, esquina Vangirad, frente al jardín Du Luxenbourg, apenas a tres manzanas del Sena. Goza de la más alta tecnología y es obra de distintos arquitectos europeos. Fue construido con los materiales más sofisticados y dotado de un sistema inteligente de última generación.
Dicho sistema inteligente controla absolutamente todos los accesos. Cuenta con un circuito cerrado de televisión y monitoreo de los tanques de almacenamiento, alarmas y elevadores. Acciona y detiene equipos, enciende y apaga alumbrados y, además, modera el trabajo de la maquinaria en lo referente a su temperatura, así como los horarios e iluminación de áreas comunes. Cada uno de los espacios que se alquilan cuenta con las acometidas básicas de todas las instalaciones necesarias e imprescindibles, y pueden adaptarse a sistemas tan sofisticados como se requiera, puesto que el sistema central permite la integración de cualquier otro a los cerebros del edificio. Asimismo, el sistema goza de los más avanzados equipos en ahorro de energía, que se dispusieron en todas y cada una de la luminarias del edificio, tal como lámparas ahorradoras de vapor de sodio, focos tipo PL y lámparas dicroicas de bajo voltaje. En la fachada del edificio los arquitectos seleccionaron materiales que cumplieran con las normas internacionales de seguridad y riesgos y que, además, formaran parte de la modernidad de la arquitectura del mismo. La fachada del Liberty se copió del sistema antiseísmos del WTC, pues cada una de sus piezas se mueve por sí sola para absorber la oscilación provocada por cualquier movimiento telúrico.
El equipo de astrofísicos, que dirige John Friedman, estaba tremendamente preocupado. Había recibido informes contradictorios de diferentes observatorios solares, concretamente desde el Geotail, y otros como el Win y el Polar. El Geotail fue lanzado hacía ya una veintena de años y se encontraba a estas alturas dotado de una tecnología obsoleta, aunque la NASA se negaba a prescindir de sus servicios pese a los enormes problemas que ocasionaba, especialmente a John Friedman.
Hablamos ahora de un astrofísico brillante a quien apasionaba la Cosmología. Tenía cuarenta y pocos años y practicaba deporte con asiduidad, siempre que su trabajo se lo permitiera, últimamente casi nunca, de ahí su frecuente malhumor. John era una persona respetada, más que respetada, temida; sus broncas a sus subordinados eran cotidianas, constantes. Posiblemente la falta de tiempo libre y el suceso de su casi reciente separación, lo habían convertido en ese ser que todos unánimemente odiaban.
Hacía escasos minutos que se había puesto al habla con su amigo y colega el doctor Novikow, que estaba al mando del GSFC de la NASA, en Maryland, para que reajustaran los telescopios de Soho-V y los redirigieran unos grados hacia la corona solar. Naturalmente, Novikow no estaba por la labor; él tenía sus propios problemas, ya que llevaban horas estudiando las manchas solares. Éstas habían desaparecido casi repentinamente, y eso era objeto de preocupación para él y su grupo. Todos los estudios indicaban que la falta de manchas era el inicio de fuertes actividades solares, pero no perdería nada por escuchar, una vez más, a su amigo Friedman.
—John, ¿qué es eso tan importante que has descubierto? Aquí son las cinco de la mañana… ¡Maldita sea! —exclamó fastidiado—. He tenido que pedir un café doble europeo para poder levantarme de la cama. —Se quejaba con voz aún sonámbula Fiódor Novikow y con su marcado acento ruso—. Podías tener en cuenta la diferencia de horario… ¡Joder! Es que siempre me haces lo mismo… ¿Sabías que eres un capullo?
Friedman rió quedamente.
—Hola, Novi —saludó, jovial, desde el sillón anatómico de su enorme y espacioso despacho. Estaba en la quinta planta del complejo del Centro de Operaciones de los Experimentadores, en París. Se atusó su corta y rizada barba morena antes de continuar hablando— se trata otra vez de Geotail. Ha registrado unas lecturas de una enorme actividad solar. Si vieras las eyecciones solares tan terribles que estoy contemplando en la nueva pantalla de plasma de mi ordenador, te sorprenderías de veras.
—No será para tanto —gruñó Fiódor—. Además, tratándose de Geotail supongo que será una nueva falsa alarma ¿No me habrás despertado por unas lecturas de ese condenado observatorio? —preguntó con voz todavía adormilada, pero con manifiesto enfado.
John sacudió la cabeza con energía.
—La verdad es que sí, exclusivamente por eso —sonreía mordaz, sabiendo que eso molestaría a Novikow—. Las eyecciones van acompañadas por erupciones de protuberancias de grandes dimensiones y desearía que Soho lo comprobara. —Solicitó distraídamente—. Ya tengo confirmaciones de Win y estoy esperando la de Polar; pero ya conoces el aburrido protocolo… —musitó. Luego suspiró—. Son observatorios del milenio pasado —dijo con resabio—. Tengo que comunicártelo e insistirte en que modifiques los instrumentos. Es pura rutina, amigo —volvía a sonreír, sin dejar por ello de mirar su pantalla de plasma ni un solo instante.
—Ahora no es posible. Lo tengo atareado con las condenadas manchas… Sólo hacen que desaparecer y desaparecer. Ni ciclos, ni puñetas. Las manchas actúan como les da la gana —se quejó Novikow con aspereza—. Me tienen hasta la coronilla y sabes que esa afirmación es literal, así que no me vengas con tonterías de eyecciones —espetó furioso—. No hay ninguna prevista ni por asomo.
—¿Estás seguro de ello, amigo? —preguntó mordaz—. Porque yo, con tantos años de experiencia, dudo ya absolutamente de todo.
—Bueno… —Meditó un instante su respuesta antes de proseguir con lentitud—: Quizás la ausencia de las manchas pudieran ser el inicio de cualquier actividad. Sin embargo, todavía es pronto para que se produzcan. —Se tocó la frente—. Así que te las tendrás que apañar con el banco de datos y los observatorios que la NASA ha puesto a tu disposición. ¿Entendido…? Soho se queda donde está. —Su voz sonaba todavía más enérgica—. Y no vuelvas a llamarme nunca más a estas horas. Te lo digo en serio, John. No me tomes el pelo —concluyó, ceñudo.
El aludido lanzó una pequeña carcajada a través del hilo telefónico. Novikow podía presumir de tener muchas cosas, salvo precisamente de cabello en la cabeza.
—¿Es que en Maryland no habéis oído hablar del «mínimo de Maunder»? —Inquirió irónico— ¿Eh…? —Dijo interrogativamente, tras un largo silencio y al no obtener respuesta continuó—: De todas formas, no he de explicarte lo que significa la ausencia total de manchas. Tú ya lo has dicho. Esas manchas llevan apareciendo y desapareciendo cuatro mil quinientos millones de años, Novi; lo mío es diferente.
—¡Y un cuerno, maldita sea, John! —bramó indignado—. Nada es diferente.
—¿Estás seguro, Novi? Porque… si, posteriormente, se confirma por tu departamento del GSFC y por Soho lo que ha registrado Geotail, entonces empezaremos a sufrir las consecuencias y no quiero que nadie de ahí, desde Maryland, pida mi cabeza en una bandeja de plata por no haber dado tiempo la voz de alarma. —John Friedman se levantó del confortable sillón. Su metro ochenta y cinco de estatura proyectaba su sombra sobre el gran escritorio. Sus ojos marrones no dejaban de escrutar la pantalla del ordenador mientras paseaba nervioso alrededor de su mesa de trabajo, estirándose los pelos de su rizada barba. Era un claro síntoma de su incipiente malhumor.
Novikow bostezó dos veces antes de contestar.
—Sabes que no puedo hacer eso —le espetó con voz grave—. Tengo a treinta astrofísicos medio locos por la desaparición repentina de las manchas solares trabajando veinticuatro horas al día desde hace una semana… —Se interrumpió bruscamente—.No han visto a sus mujeres en todo este tiempo, ni a su familia, y están que trinan conmigo por…
—Que pena me dan… ¡Vamos, Novi! Son hombres, no niñatos de instituto —le interrumpió mordaz. Después añadió con rabia—: Que no nos toquen los cojones.
—Lo que tú digas, pero si ahora les digo que he de revisar los datos de Geotail por sus estúpidas lecturas, la cabeza que depositarán en un bandeja será la mía y no la tuya —empezaba a irritarse. Conocía perfectamente a John y sabía que no pararía hasta que le diera las instrucciones precisas para cambiar los telescopios de Soho. Su poder de persuasión era aplastante, igual que las artimañas que, en diversas ocasiones, utilizaba para conseguir sus propósitos.
Friedman pasó por alto la siniestra apreciación.
—Novi, tú mismo, amigo. Haz lo que puedas, hombre —calló un momento y luego añadió con tono un tanto desenfadado—. Siento tener que hacerte esto, pero he grabado la conversación para proteger mi valioso trasero. Podías imaginártelo.
—¿Qué dices? No entiendo… ¿Que has hecho qué? —preguntó distraído.
—Digo que si resultara que Geotail ofrece lecturas correctas y un viejo obstinado como tú no me deja comprobarlas, tal y como rige el protocolo, porque no tiene el carácter suficiente para enfrentarse a un par de astrofísicos imberbes a los que les pica el nabo y necesitan desahogarse con sus respectivas…
—Para, John…. Para y no te precipites en tus apreciaciones —argumentó el ruso—. Estás diciendo tonterías.
Friedman notó un tic nervioso en su mejilla izquierda.
—¿Tonterías dices? —le espetó, molesto—. Como tu digas, amigo, pero si a la postre resulta que tengo razón, les serviré tu coronilla en bandeja de argento —anunció, ahora con voz inexpresiva—. No me vengas luego con cuentos chinos, ni tampoco apeles a nuestra vieja amistad para que cubra tu apestoso culo lleno de pelos —dijo con marcada acritud—. Mira, Novi… Lo digo así porque el que ahora está a la vista de todos es el mío y esa postura me incomoda mucho.
—Buenoo… —El ruso arrastró las vocales con excesiva tolerancia—. Eres un cabrón —contestó, malhumorado—. Ya sabía yo que me guardabas alguna ¿Qué va a suceder, John? Ese observatorio es pura chatarra —confesó abiertamente—. Su tecnología, pese a que lleva veinte años en el espacio, data de cuando la NASA envió a Lance Armstrong a la Luna… ¡Joder! —exclamó, molesto.
—No me jodas, Novi, porque resulta que es lo único con lo que me permitís trabajar, chatarra espacial —se quejó, hastiado—. Me tenéis vetado a Soho y no imaginas lo complicada que es mi labor aquí.
—Pues no comprendo por qué nadie hace caso a los datos que sigue enviando esa mierda de observatorio. —Novikow elevaba el tono de voz, pues pese a su enorme amistad, empezaba a irritarse. Sabía que tan solo cerrar la comunicación abierta entre ellos, a hora tan intempestiva, Friedman hablaría con el director de la NASA y le enchufaría en el ano la grabación que estaban manteniendo.
—De acuerdo, entonces, Novi, si tú consideras eso… —convino su amigo, tras lanzar un prolongado suspiro— y no sopesas la posibilidad de que Geotail esté diciendo la verdad porque tus físicos van perdidos con las manchitas solares y hace una semana que no duermen con sus mujeres, es cosa tuya.
—Te estás pasando, amigo —le advirtió, crispado, su interlocutor.
—Pasando, claro, pues despierta, Novi, y atiende de una jodida vez porque cuando esas eyecciones solares, de enormes proporciones, que estoy contemplando —Una sonrisa orgullosa cruzó su rostro—, y que van acompañadas por erupciones de protuberancias, empiecen su trabajo y desorganicen los cascos coronales…
—Corta el rollo y no intentes darme lecciones a estas alturas —le interrumpió—. ¿Dónde diablos quieres ir a parar? —estalló, nervioso.
—Sólo te informo —indicó con voz serena—. No he de decirte que las erupciones pronto influirán en la actividad geomagnética del planeta… Perdona un instante… —Sorbió su humeante taza de café colombiano—. Decía que bien pudieran afectar, o incluso interrumpir las comunicaciones con los satélites, y eso es una jodienda de las malas. ¿Sabes…?
—Eso resulta bastante improbable —refunfuñó el otro a través de la línea.
—Pues estoy convencido que incluso pueden destruir la electrónica de los mismos —afirmó con absoluta convicción—. Novi, son enormes y esto va en serio. Pronto se empezarán a crear grandes tormentas geomagnéticas, auroras y posibles apagones, y entonces —elevó intencionadamente su tono de su voz—, yo iré hasta Maryland para ligarme a tu preciosa mujer rusa porque tú estarás acabado y en la puñetera calle.
El doctor Novikow resopló con desdén.
—¿Para qué leches has dicho que has grabado la conversación? —preguntó con voz ahora despierta y nerviosa. Su acento ruso se incrementaba por instantes. Llegó incluso a maldecir algo en su idioma natal que, obviamente, John no entendió, pero sabía que el tic nervioso de su ojo izquierdo le estaba empezando a hacer estragos. Cuando este eslavo blasfemaba en ruso, ello significaba que se consideraba atrapado.
—Te lo he dicho casi desde el instante que has descolgado tu teléfono —repuso Friedman. Su tono sonaba triunfante, con rezumado sarcasmo. Sabía que estaba a punto de ganar aquella partida verbal.
Fiódor torció el gesto.
—Maldito seas… Tenía ganas de decirte esto hace tiempo, John —afirmó cortante—. Desde lo de tu mujer, te has convertido en un enorme grano en el culo de cualquiera. Supéralo ya de una maldita vez y vuélvete más humano, o algún día tendrás serios problemas, amigo… Créeme —apostilló con firmeza.
El aludido volvió a tomar asiento en su confortabilísimo sillón y con sus pies tomó impulso para voltearlo con él encima, a modo de tiovivo. Era su forma de expresar, en silencio, el triunfo que estaba a punto de alcanzar. Sabía que se había comportado como un maldito hijo de puta, pero no le importaba en absoluto si conseguía su propósito. Novikow, su amigo, seguía todavía en silencio, sopesando sus palabras.
—¿Novi…? —Inquirió, frunciendo el entrecejo—. ¿Sigues al aparato, amigo?
—No me llames «amigo», que me estás poniendo en un serio aprieto. Me estás chantajeando. —El acento ruso era más que evidente, sobre todo porque, nervioso, mezclaba el inglés con series de improperios en su lengua natal.
—Diez minutos, sólo te pido diez minutos. Tú tienes visión veinticuatro horas al día. Los observatorios con los que yo cuento me dan apenas seis, joder. No tendrás que enviar a tus ayudantes a casa; diles que se tomen un café… —insistió con terquedad—. Será suficiente. —John, expectante, tenía el brazo en alto con su puño apretado. Era cuestión de segundos que su interlocutor del Este de Europa le diera el sí definitivo al fin y claudicara a sus exigencias. «Cinco, cuatro, tres, dos…», contaba para sus adentros el tiempo de respuesta de Fiódor, y finalmente ésta llegó tal como ansiosamente aguardaba.
—De acuerdo… Diez minutos, ni un segundo más te doy —concedió Novikow, ensimismado—. Pero que conste que únicamente lo hago porque eres capaz de venir a ligarte a mi mujer. —Se secaba ya unas gotas de sudor de su frente y despejada coronilla con un pañuelo que había encontrado a mano.
—¡Bien! —Un estentóreo grito de entusiasmo inundó el despacho de John y fue a incrustarse en los oídos, aún adormilados, de su resignado amigo y colega ruso.
Éste cerró un segundo los ojos. Después se quejó al otro lado de la línea telefónica.
—¡Joder! No es necesario que grites tan fuerte, y no se te ocurra mofarte —lo recriminó con aspereza—. Y quiero esa grabación en el cubo de la basura ya —le susurró, incómodo. Luego elevó el tono mientras esbozaba una maliciosa sonrisa—. Me debes una botella de champagne para el próximo día que nos reunamos en tu casa, y que, por cierto, creo que será pronto. Así que ya sabes, pon a enfriar un par de botellas del Moet & Chandon. —Esbozó una sonrisa radiante.
—¿Celebramos algo que no recuerde? —inquirió pensativo.
—Tú apunta en tu agenda, tenemos una convocatoria para dentro de una semana, en París, con todos los directores de los Centros de Operaciones de los Experimentadores.
John Friedman soltó un suave silbido.
—Sí, lo sé, pero dudo que pueda asistir… —murmuró con cautela, en un intento por disculparse.
—Y una leche, ya te saltaste la del trimestre pasado —expuso Novikow, sorprendido—. Mira que tienes cara, amigo… Si se te ocurre inventar una excusa tan poco convincente como que tu perro tenía el moquillo, te despido —le amenazó—. Y te juro que hablo en serio. Mando a freír espárragos nuestra amistad y luego te buscas trabajo por las alcantarillas de París.
—Era cierto Novi, mi terrier estaba delicado de las caderas y el veterinario le recomendó reposo absoluto. —Hablaba ahora con tono relajado y sarcástico mientras, aún nervioso, daba vueltas en su confortable sillón.
Fiódor no pudo menos que echarse a reír al recordar tan peregrina disculpa.
—Y un cuerno. Si te conoceré. Si el Sol tuviera dos tetas, no serían necesarios observatorios; estarías pegado a él las veinticuatro horas del día.
—Está bien. Me lo pensaré —repuso John con franqueza—. Descuida.
—Olvidas que estas grabando esta conversación. La utilizaré para despedirte si no asistes a la reunión.
—Novi, en serio, todavía no tengo lecturas de Soho… —Encogió brevemente los hombros—. ¿Has dado ya las órdenes o qué? —preguntó, desoyendo las amenazas de su amigo.
—Claro que sí —repuso el otro en tono de disgusto—. Tienes que tenerlas en tu pantalla… ¡Joder! —bramó, hastiado—. Pero todavía no me has confirmado tu asistencia —insistió impulsivamente—. Mira que los asuntos a tratar son de suma importancia. ¿Vendrás…? ¿O tendré que utilizar la grabación para enviarte a la calle? Tú eliges.
—Novi… —musitó John.
—¿Qué…? —contestó el ruso agriamente.
—Las grabaciones están prohibidas, ya deberías saberlo, necesitan un permiso especial —soltó un perspicaz gruñido—. Y sí, tengo las lecturas. Gracias, Novi. ¡Qué grande eres!
El doctor Novikow hizo una mueca burlona.
—¡Jódete! —espetó furioso—. No te creas que no me las pagarás… ¡Prepara las dos botellas de champagne!