EL PERDON
El Perdón es, en el cristiano  un acto de amor, considerado muy importante, en el cual una persona olvida alguna ofensa o afrenta de otra, en cualquier ámbito, con el propósito de evitar discordias y desuniones. Los cristianos creemos que el perdonar es de suma importancia para alcanzar la vida eterna. Jesús de Nazaret en el Padre Nuestro menciona: Perdona nuestras ofensas, asà como nosotros perdonamos a los que nos ofenden
Desde el catolicismo se considera a Francisco de AsÃs como el mÃstico de mayor profundización humana en el ámbito del perdón.Francisco de AsÃs define tres niveles de perdón:
- Primer nivel Perdonar a Dios:
Dios es perfecto y actúa siempre bien y con amor, hay que perdonarlo no porque Dios haya hecho el mal, sino por todas las cosas por las que lo hacemos culpable por ejemplo cuando decimos palabras como: “¿Por qué permites esto?”, “¿Por qué a mi?”, “¿Por qué te lo llevaste?”. Este perdón es para nuestro propio bien, no hacemos a Dios un favor, sino que nos lo hacemos a nosotros mismos.
- Segundo nivel Perdonar a quién nos ha hecho daño:
Perdonar a todo aquel o aquella quien en algún momento me ha lastimado, dañado, mentido o dado la espalda, traicionado, robado, ofendido, etcétera. Recordando aquello que nos dolió sin que ello nos duela, sin que abra de nuevo la herida. Que el recuerdo sea recuerdo y no dolor ni rencor.Erróneamente se confunde el perdonar con el “olvidar”, lo cual es un error pues un evento cuyo dolor es muy grande no se olvida, pero si se puede perdonar. Si se espera a olvidar algo para perdonar, se corre el riesgo de morir sin haber perdonado, porque borrar la memoria no es un acto deliberado e intencional y puede que nunca ocurra.Perdonar es recordar sin que esa espada lastime nuevamente, y no sentir deseos de venganza, ira, o resentimiento con esa persona.
- Tercer nivel Perdonarse a sà mismo:
Es muy común que con quienes somos menos condescendientes y mostramos menos misericordia es con nosotros mismos, muchas veces pedimos disculpas y somos perdonados, pero nos seguimos sintiendo culpables, es decir, seguimos sin autoperdonarnos y el perdón no se completa.Este nivel del perdón es el más difÃcil de todos los niveles, porque conlleva a aceptar que como seres humanos    somos perfectibles pero no perfectos, tendemos a la perfección y somos llamados a la perfección, Jesucristo nos exhorta “Sed Perfectos” y nos otorga el EspÃritu Santo para poderlo lograr sin embargo la conversión es un proceso, un caminar constante hacia la santidad y solo perdonándonos nos damos la oportunidad de recomensar nuevamente el proceso de perfeccionarnos dÃa a dÃa hasta llegar a la altura del varón perfecto.
El artÃculo 10 de la “Profesión  de fe” dice: Creo en el perdón de los pecados donde se simboliza a los Apóstoles que vinculan la fe y el perdón de los pecados a la fe en el EspÃritu Santo, pero también a la fe en la Iglesia y en la comunión de los santos. Al dar el EspÃritu Santo a su apóstoles, Cristo resucitado les confirió también su propio poder divino de perdonar los pecados: “Recibid el EspÃritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20, 22-23).Aunque en la iglesia se consideran todos los sacramentos como medios para perdonar los pecados, es el Bautismo el primero y principal sacramento para el perdón de los pecados: une a Cristo muerto y resucitado y da el EspÃritu Santo . Mientras que la comunión precedida por la reconciliación une a Cristo de manera definitiva. Jesús vinculó el perdón de los pecados a la fe y al Bautismo: “vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará” (Mc 16, 15-16). El Bautismo es el primero y principal sacramento del perdón de los pecados porque une a Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación (cf. Rm 4, 25), a fin de que “vivamos también una vida nueva” (Rm 6, 4).EJERCICIO DEL PERDON.-Â
El tema del dÃa era resentimiento y el maestro nos habÃa pedido que lleváramos patatas y una bolsa de plástico.
Ya en clase elegimos una patata por cada persona que guardábamos resentimiento.
Escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas.
El ejercicio consistÃa en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de patatas.
Naturalmente la condición de las patatas se iba deteriorando con el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponÃa mi atención en ella para no olvidarla en ningún lado desatendÃa cosas que eran más importantes para mÃ.
Todos tenemos patatas pudriéndose en nuestra “mochila” sentimental.
Este ejercicio fue una gran metáfora del precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento por algo que ya habÃa pasado y no podÃa cambiarse.
Me di cuenta que cuando hacÃa importantes los temas incompletos o las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi stress, no dormÃa bien y mi atención se dispersaba.
Perdonar y dejarlas ir me llenó de paz y calma, alimentando mi espÃritu.
La falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando.
Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.
El perdón es una expresión de amor.
El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.
No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes.
Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.
El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó.
La falta de perdón te ata a las personas desde el resentimiento. Te tiene encadenado.
La falta de perdón es el veneno más destructivo para el espÃritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes.
El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario.
Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.
“La declaración del Perdón es la clave para liberarte”.
¿Con qué personas estás resentido?
¿A quiénes no puedes perdonar?
¿Tú eres infalible y por eso no puedes perdonar los errores ajenos?
“Perdona para que puedas ser perdonado”
“Recuerda que con la vara que mides, serás medido…”
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